-Buenos días, pequeña. -Se empieza a reír y le miro extrañada.
-¿Buenos días? ¿Cuánto he dormido?-Me sonrojo y me incorporo un poco. Mi cabeza me da vueltas y me duele mucho. Maldita resaca.
-Menos de una hora... Pero estabas tan tranquila que no he querido despertarte. -Se pone de costado y apoya su cabeza en la palma de la mano.
-Lo siento. -Me río y niego con la cabeza.
-Nunca cambiarás... -Sonríe y me fijo en sus ojos. Esos preciosos y grandes ojos marrones con pequeñas manchitas verdes...Su pelo castaño está revuelto y ahora está más sexy que nunca.- ¡Mira qué eres una dormilona!
Me sonrojo y me peino un poco con la mano. Suelto una leve carcajada y por un momento me da igual todo lo demás. Me gustaría parar el tiempo y quedarme aquí, para siempre, viéndole como me dedica todas y cada una de sus sonrisas. Hace dos días ni me acordaba de él y mira, aquí estamos. Un móvil suena y le miro algo extrañada.
-¿Qué hora es? -Bostezando busco con la mirada el teléfono.
-Las ocho y media. -Me mira confuso y mis ojos se abren como platos.
-¿Qué? Mierda. ¡No llego! -Me levanto de un brinco y camino hacia el sofá donde estaba tirado mi bolso. El teléfono no deja de sonar y yo me estoy volviendo loca. Mierda, mierda, mierda. Por fin, lo encuentro.
-¿Sí?
-...
-¿Mamá? -Digo nerviosa mientras recojo mi ropa del suelo. Ulises se ríe silenciosamente y se pone el cojín en la cara para evitar soltar una carcajada.
-Ay, hija... Ya lo siento, ¿te he despertado? Es que ayer no me llamaste y estaba preocupada... ¿todo bien, cariño? -Notaba la preocupación en su tono de voz y el cansancio.
-Si, mamá. Todo bien y, ¿tú? ¿A qué hora tenía que ir a recoger eso? -La pregunto de manera tranquila. Tengo suerte de ser un desastre y que estás cosas sean habituales en mi.
-A las nueve y cuarto tienes que estar allí. ¿Te dará tiempo? -Miro el reloj y resoplo mirando a Ulises. Él no tenía la culpa, pero iba a necesitar que me llevase en moto.
-Si, cuando lo tenga te llamo. Te quiero. -Contesto apresurada y mamá cuelga.
-¿Todo bien? -Me abraza por la cintura y me retira un mechón de pelo que cae por mi cara.-¿Tengo que salir por el balcón? -Ríe y me da un beso en la punta de la nariz.
-Sí, es que había olvidado que a las nueve y cuarto tengo que ir a recoger una cosa. ¿Me puedes acercar en moto, por favor? No me da tiempo a ir. -Le miro y me asiente con la cabeza. Me pongo de puntillas para darle un beso cortito en los labios y camino apresurada a mi cuarto. Abro el armario y los primeros pantalones que encuentro me los pongo. Examino rápidamente la pila de camisetas mientras me pongo el sujetador. Cuando voy a atármelo unas manos grandes se encarga de ajustarlo a la perfección. Esto es muy extraño.
-Gracias. -Le miro por encima del hombro y le sonrío.
Camiseta blanca y la cazadora azul marino. Un poco de colonia y una trenza improvisada mientras veo como se pone la camiseta Ulises. Me observo en sus músculos marcados y me sonrío. Hace un tiempo sólo era un chico delgaducho con brackets y ahora se está convirtiendo en un hombre. Observo las mangas de su camiseta, ceñidas a sus brazos fuertes y... ¡Deja de pensar ya en eso!
-¿Quieres desayunar algo? -Le pregunto mientras camino apresurada a la cocina y abro un armario. Cojo un par de barritas de cereales y las guardo en el bolsillo.
-No, gracias. Ya desayuno más tarde. -Dice mientras caminamos al baño. Me empiezo a cepillar los dientes y él a humedecerse el pelo para conseguir peinarse un poco. Me enjuago la boca y después de escupir el agua, me miro al espejo y le pillo mirándome a través de él. -¿A dónde tenemos que ir?
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ULISES:
Esto no es real. Me niego a creer que la chica que se había clavado en mi corazón y a la que había hecho sufrir tanto estaba dentro de la tienda y yo, como un bobo, estaba esperándola fuera. ¿Por qué fui tan imbécil? Se me escapa un suspiro y me abrocho la chaqueta. Vuelve a ser noviembre. Una mochila grande a punto de estallar cuelga de la espalda de ella y la miro curiosa. Está preciosa y en estos meses ha cambiado. Su cuerpo ya no es el de una niña y se ha convertido en una pequeña chica muy atractiva. Tengo suerte de que me conceda una segunda oportunidad... Consigue que sea todo un romántico cuando estoy con ella.
Me sonríe y yo no paro de pensar en que tengo que irme, que no puedo quedarme con ella. Me da rabia no poder estar con ella todo lo que me gustaría pero no puedo faltar al partido.
-¿Tienes que ir a algún otro lado?-La miro mientras enarco una ceja y le concedo una leve sonrisa.
-No, no. Muchísimas gracias. -Me besa en los labios y me da un abrazo. Cierro los ojos e intento retener su aroma en mi memoria el máximo tiempo posible.- ¿Tienes que hacer algo?
-Si, ir a casa a cambiarme. Tengo dentro de dos horas un partido... -Suspiro y la observo detenidamente. Esa cazadora marca a la perfección sus curvas.- ¿Quieres que te lleve a casa?
-No, tranquilo. Voy andando... ¿me llamas luego? -Me sonríe y se acerca un poco más a mi.
-No lo dudes, nena. -Monto en la moto y la observo un momento.-¿Sabes qué?-Niega con la cabeza y empieza a mover el pie nerviosa. - Te voy a raptar. No quiero irme, ni tener que separarme de ti, ni pensar que te vuelvo a perder.
-Atrévete. -Me mira desafiante.
-¿A raptarte? -Sonrío de manera traviesa y la acerco tirando de su mano hacia mi.
-No, a eso no. -Ríe y su risa es música para mis oídos. Grabaría su risa y la escucharía mil veces, hasta saber cuando coge aire.- A eso sé de sobra que eres capaz.
-¿Entonces?-Le miro confuso y algo en mi se altera.
-Atrévete
a quererme. A perder la cabeza por mí, a desear mis besos, a
que te enamores de mí. Atrévete a perderte en mi sonrisa y romper cabezas si
lloro. Atrévete a quererme, pero si lo haces, con los pies en la tierra, sin
vuelta atrás.
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