ULISES:
-¡SAAAAAAAAAAAAAAAAMUEL! -Corro detrás de él y suspiro cansado. Oigo como se ríe.
-¡No me mates! -Ríe y se esconde detrás de papá como cuando éramos pequeños.
-¿No vais a crecer nunca? -Dice papá negando con la cabeza.
-¡Pero si yo sólo quiero hablar civilizadamente! ¡Es él! -Empiezo a soltar carcajadas y Sam se inclina un poco para verme.
-¿Seguro? -Dice curioso y asiento levemente.
-Que sí, pesado. ¿Podemos hablar o no? -Digo negando. Cambio el peso de un pie a otro y cruzo los brazos.
-Vale. Pero como me pegues a papá que vas... -Dice en tono burlón y niego levemente.
Caminamos hasta mi cuarto y Sam se tira en la cama. Me siento en la silla del escritorio negando con la cabeza mientras él me mira curioso. Suelto una carcajada. Ya sabe por qué quiero hablar con él y eso es lo peor. ¡Cómo si hubiese sido alguna vez un cabrón con él! Su risa nerviosa me hace gracia y eleva una ceja haciéndose el interesante.
-¿Qué? -Dice gruñendo mientras me sigo riendo.
-Mec.
-Ja, ja, ja. Espera, repíteme el chiste que creo que todavía no le he encontrado la gracia. -Bufa.
-Si ya sabes que te voy a decir... -Me revuelvo el pelo nervioso y su sonrisa traviesa ilumina su cara.
-¿Dónde está mi hermano? -Dice burlón mientras se revuelve el pelo. - Tú antes no eras tan moñas.
-Es verdad... Yo como soy el guapo ligaba más. -Me lanza un cojín y lo cojo al vuelo.
-¡El guapo soy yo! ¡Más te gustaría serlo! -Se ríe y me mira curioso.- Aunque Nicky... Menudo cuerpo tiene. ¡Para! ¡Para! -Le lanzo el cojín y le da en la cara. -Le señalo enfadado con el dedo y pone cara de no haber roto un plato en toda su vida.
-Que sea la última vez que dices eso de ella. -Digo gritando.- Ella no es como las demás.
-Muy buena tiene que ser para que te hayas vuelto medio imbécil por ella. ¿Cuánto llevas babeando por ella? -Siento como mis puños se tensan y él se ríe.
-Bastante.
-¿Cómo aguantas? -Su tono de voz es serio pero aún así me da la sensación de que va a querer hablar seriamente de algo. Se sienta en el borde de la cama y me mira expectante esperando una respuesta. ¿Qué le pasa?
-No aguanto nada... -Elevo una ceja curioso.- Simplemente es diferente.
-Y, ¿Qué hay de todas las tías que te tirabas cuando lo dejasteis la primera vez? ¿Ellas no eran diferentes?-Suelto una carcajada y niego levemente.
-Sí, ¿no te acuerdas que no repetía?
-Ejem...Xanandra...ejem. -Suelta una carcajada y le miro con odio.- Lo siento. Pero, ¡no lo entiendo! ¿Qué te pasa con ella? Pareces otro... Tú no eras así. -Eleva los hombros a la vez que yo mientras soltamos también una carcajada a la vez.
-Es diferente. No es una tía cualquiera. Ya sabes... -Espero que Sam lo sepa por qué yo no entiendo nada.Suelto una bocanada de aire y saco un cigarro. Le ofrezco uno y me mira asombrado.
-¿Cómo lo sabes? ¿Cómo sabes que fumo?
-No soy imbécil. Eres igual de tonto que yo y cometes los mismos errores. No puedes quitarme un paquete entero y pretender que piense que es la enana la que fuma.
-Vaaaaaaale, fallo mío. -Suelta una carcajada y coge uno. Abro la ventana mientras se lo enciende y nos apoyamos los dos con los brazos fuera. Lo enciendo y él suspira.
-¿Sabes, hermanito? Estás...
El teléfono suena y veo el nombre de Nicky en la pantalla. Descuelgo y la oigo llorar. No dice nada, sólo llora. Por más que hablo ella no dice nada, sólo llora. Sam me mira curioso y me encojo de hombros. ¿Está en el metro? Oigo la músiquita que suena al llegar a la siguiente parada y no dice nada. ¿Qué pasa? De repente, se hace un silencio enorme y empiezo a gritar.
-Ulises, te quiero. -Susurra ella y la llamada se corta.
-¿Qué pasa?-Dice Sam poniéndose tenso.
-No tengo ni idea. -Vuelvo a llamar y salta el buzón. Repito dos veces lo mismo y nada.
Llamo a Andrea y ella no sabe nada. Dice que todavía no había llegado a casa y que seguramente no sea nada. Siento como me pongo nervioso y cuelgo. Saco otro cigarro y fumo histérico. Sam está a mi lado, en silencio, observándome. Me muevo en el sitio esperando que el móvil vuelva a sonar pero nada.
-¿Si la voy a buscar?
-¡Hay muchas paradas de metro! ¿Estás loco? -Dice Sam sonriendo levemente.- Espera a que ella te llame, no puedes hacer más. Quizás no sea nada... -Suspiro y asiento levemente.
-Espero que no la haya pasado nada...
-¿Lo ves? Estás perdido.
-¿Qué? -Digo serio mientras lo escruto con la mirada. Está realmente serio.
Lleva tiempo distante de todos y de todo y me he preocupado demasiado. Incluso cuando el accidente de papá ni fue al hospital... Me dijo que no quería saber nada y luego Neit me contó que le había visto borracho perdido en un bar. Vale, no es el chico más sentimental del mundo pero este último año había hecho demasiadas bobadas como esa y no sé, parecía que no existía en la familia... Nos habíamos distanciado, más bien se había distanciado él, y nunca me ha contado realmente que le ha pasado. Tampoco le he presionado nunca para que lo haga, pero es mi hermano ¿cómo no me voy a preocupar por él?
-Estás perdido. ¿Qué te pasa, tío? -Dice agachando la cabeza.- Tú nunca te habías preocupado tanto por ningún rollo.
-Es mi novia, Sam... -Digo en un susurro.
-Aún así. Antes también lo era y no hacías todo lo que haces ahora... -Dice mirándome en silencio.
-No te has enamorado nunca, ¿verdad?
Genial. Encima de estar preocupado por Nicky y no poder saber qué cojones pasa con ella ahora Sam me necesita. ¿Estos dos se ponen de acuerdo telepáticamente?
-Sí, o...-suspira- eso creía.
-¿Creías?¿Has tenido novia? -Le miro confuso y asiente. Creo que todo me va cuadrando.
-¿Entonces? ¿No lo sabes? Y, ¿todas las chicas?
-De una noche. ¿Qué te pasa a ti con Nicky? ¿Por qué te ha cambiado? -Dice en silencio y saca otro cigarro.
-Ella no me ha cambiado Sam... Es eso lo que tienes que entender...
-Pero... Si ella hubiese sido otra chica... Mira el día de la boda... Siempre hablas de ella... Papá y mamá hablan de ella... No sé... ¿Estás enamorado de ella? -Dice confuso mientras sigue fumando en silencio.
-Es obvio que sí, ¿no crees?
-Pero... Nicky es una chica normal... A ver, normal no es la palabra adecuada... Pero hay más como ella.
-Te aseguro que no. ¿Te has preguntado por qué mamá y papá llevan casados más de veinte años? ¿Te has fijado en lo que adora papá a mamá o como ella le mira?
-¿Qué tiene que ver? ¡Son padres!
-Ya... Pero antes de ser padres, fueron pareja a secas.
-No entiendo... ¿Qué satisfacción le encuentras? Llevas meses y meses con ella. Una novia es siempre la misma, el mismo cuerpo, la misma voz, los mismos besos, las mismas cosas... ¿No te aburre?-Suelto una carcajada y me acerco a él. Le paso el hombro por encima y me mira triste.
-No es aburrido si te hace feliz, si te llena, si hace que tu corazón se acelere con sólo pensar en ella.
-Entonces... -Me mira curioso y tira la colilla por la ventana.- ¿Qué es estar enamorado para ti? -Me siento otra vez y miro por la ventana como pasan los coches. Sé que me está mirando en silencio esperando la respuesta... Pero no sé como decirla.
-Bueno... -Suspiro.- Lo de las malditas mariposas en el estómago ya lo habrás oído cien mil veces, así que tendré que decirte que me pasa a mí para que no te diga lo típico. Yo no soy muy listo en estos temas pero cuando lo dejamos me di cuenta de que era diferente. Al principio era atracción física, ya sabes... besos, caricias, y... bueno. Yo lo interpretaba de otra manera porque estaba convencido que no me iba a enamorar de ella. Pero se fue. La cagué y me dejó. Está parte la conoces bien así que no hace falta que te recuerde todo lo que hice cuando salía de casa.
-Llorabas de vez en cuando. -Dice sin dejarme terminar y le miro directamente. -Te oía.
-Si, lloré. ¿Cómo nunca me dijiste nada?
-Porque pensaba que te ibas a enfadar conmigo o que pensarías que te espiaba o algo así... Supongo.
-La verdad es que si lo hubiese pensado. -Sonrío y me guiña un ojo.
-Sigue.
-Pues sigo... -Suelto una pequeña carcajada y pone los ojos en blanco.- Me sentía vacío, imbécil y un día, no sé cómo ni por qué, me la encontré. Ahora entiendo lo que dicen las canciones de amor, las novelas que ve mamá y lo que dicen los Twistars. Me he dado cuenta de que necesito más de ella que cuatro besos. Supe que era diferente en el momento que me di cuenta de todas las cosas que me pasan cuando hablo, pienso o la veo a ella.
-¿Qué pasa?
-El cuerpo te manda indirectas. No estás así de bobo porque al cuerpo le apetezca. La primera vez que estuve con ella me sudaban las manos, me temblaba todo el cuerpo y no dejaba de sonreír como un tonto sólo cuando la veía cada vez más cerca de mí. Estaba acojonado. Nunca me había pasado esto y dudo que me vuelva a pasar. Soy incapaz de entender como una persona tan diferente a mí es capaz de causarme esa sensación. ¡Me gusta de ella hasta las cosas que no soporto de los demás! No sé, la comparo con las demás y sólo te puedo decir que es diferente. Me gusta hasta enfadada cuando le salen dos marcas encima de la frente porque abre mucho los ojos o la voz de pito que pone cuando está realmente molesta. Hace que me ponga nervioso sin tocarme. Pero no son nervios de me está sacando de quicio. Simplemente es como reacciona mi cuerpo ante ella. Además, nunca he tenido celos ni miedo de perder a nadie. Todas las chicas pasaban por mi vida durante unas horas y luego, si te veo no me acuerdo. ¿Sabes? Pero llega una que no te deja pasar a las siguientes porque se adueña de tu alma hasta el punto en el que te sientes demasiado poco para ella. No entiendo por qué tiemblo cuando la tengo cerca y por qué la echo de menos después de verla. No me acostumbro a las sensaciones que tengo cuando me besa o cuando me despierto con ella abrazada a mí. Sam, estoy perdidísimo.
-Das miedo diciendo todo esto, hermano. -Me pasa el brazo por el hombro y suspiro.
-Imagínate sentirlo y no saber como interpretarlo.
-¿La quieres?
-Más que a nada... Consigue que sienta cosas que nadie me ha hecho sentir nunca... Y eso me sigue asustando.
-Pero, ¿ella siente lo mismo?
Al mismo tiempo, en otro lugar de la ciudad...
NICKY:
Soledad. Un metro. Nervios. Muchos nervios. Sudor en las manos. Suspiros. Frío. Una mirada. Ganas de gritar. Un nudo en la garganta. Empiezo a sentir el pánico. No puedo escapar. Miles de pensamientos golpean la mente a la vez. La música cada vez se oye más lejos. Corro. ¿Nicky? Un susurro. Ulises, te quiero. La llamada se corta.
Hace media hora estaba saliendo de casa como cualquier otro día. No debí coger el metro y no debí subirme a este vagón. ¿Por qué la casa de Ulises tenía que estar en las afueras? El pánico recorre cada parte de mi cuerpo y me siento pequeña, frágil, desprotegida. El trayecto de una parada a otra se me está haciendo eterno. Los segundos pasan más despacio y no hay nadie más en el maldito vagón. Bajo el volumen de la música para poder oír lo que pasa. Silencio. Me fijo en la ventana del metro y veo su reflejo. Una lágrima cae por mi mejilla al darme cuenta de que está más cerca de mí. ¿Qué quiere? ¿Dinero?¿Mi móvil? Su mirada sigue clavada en mí. ¿Debería bajarme en la siguiente estación? Me levanto despacio para caminar al siguiente vagón. El metro se detiene poco a poco obligándome a mirar por la ventana. La estación está vacía. ¿Dónde está todo el mundo cuando se les necesita? Acelero el paso hasta cruzar el siguiente vagón y nada. Me giro despacio, sintiendo el mayor agobio del mundo, y le veo de pies caminando en mi dirección. No volveré a subirme en la última maldita parada del metro. No volveré a sentarme en el último vagón. ¿Qué pasa conmigo? Me muerdo las uñas y siento un escalofrío recorrer mi espalda. Sigo caminando y veo un vagón por delante. Corro literalmente mientras mis lágrimas no dejan de caer nublándome la vista. Caigo al suelo soltando un grito. Vuelvo a mirar atrás, con la esperanza de que no esté pero sigue ahí, caminando en mi dirección causándome el mayor miedo que he tenido nunca. En su cara veo una sonrisa y sigo llorando sin poder reprimir mi angustia. Está a menos de diez metros de mí y yo sólo quiero salir de ahí. ¿Por qué a mí? Me aferro llorando a la parte de abajo de un asiento nerviosa y cerrando los ojos sollozando. Necesito ayuda. Desde que subimos al metro no dejaba de mirarme y su mirada me trasmitía odio.
-¡Déjame, por favor! -Grito con los ojos cerrados haciéndome cada vez más pequeña.- ¡Déjame ya!
Silencio. Abro los ojos y está a menos de dos metros sonriendo como un psicópata. Flexiono mis rodillas hasta mi pecho y escondo la cabeza en ellas. Más lágrimas. Quiero salir de aquí. La puerta del metro se abre en la siguiente parada y abro los ojos despacio. Los siento hinchados, doloridos, mientras me cuesta respirar. Suelto un sollozo intentando enfocar con claridad.
-¿Nicky?-Una voz conocida hace que mi cuerpo tiemble.
Le abrazo fuerte sin dejar de llorar, sin dejar de temblar, sin pensar. Está agachado en frente de mí abrazándome con cuidado mientras me desahogo. Su cuerpo es fuerte, de complexión grande, y a pesar de estar agachado me saca una cabeza. Su olor me envuelve haciendo que mi piel se erice. Huele extremadamente bien. No huele a una colonia, ni a un gel, ni es el champú... Es una mezcla que crea una armonía capaz de hacerme dejar de pensar. Me aparto un poco avergonzada, en silencio, y me quedo atrapada en sus ojos. Creía que sus ojos eran negros... Sin darme cuenta, ni saber cómo, estabamos sonriendo los dos. Con sus pulgares retira las lágrimas que había dejado caer suavemente y vuelvo a abrazarle. Por encima de su hombro busco al señor tartamudo que venía detrás mío y no le encuentro.
-Me has salvado la vida...-Susurro con un hilo de voz.
-
¿Qué ha pasado?-Dice acariciando levemente mi mejilla.
-No te vayas, por favor... -Susurro agarrando su mano.
-Shhhh... tranquila. No me voy a ir a ningún sitio... -Me rodea con sus brazos y vuelvo a llorar.- Vamos a salir de aquí, anda...
Y me doy cuenta de toda la gente que nos rodea mirando curiosa. Él está de pie, a mi lado, teniéndome la mano sin apartar la vista. Le agarro débilmente las manos y me tiemblan las piernas. El metro se detiene y bajamos. ¿Dónde estamos? La luz comienza a cegarme, mi respiración sigue agitada y me siento mareada. Me detengo cerrando los ojos y veo a Ulises, sonriendo, feliz. Pero al abrir los ojos veo un rostro diferente, más serio y más frio, extraño. Por una vez puedo descifrar algún sentimiento en su rostro. Preocupación. Sus ojos trasmiten preocupación y no me gusta mucho ser la causa. Agarra mi mano con fuerza y me lleva hasta la salida. Pasa dos veces la tarjeta mientras le miro curiosa y me sonríe.
No sé cuanto tiempo ha pasado desde que salimos del metro pero no parábamos de andar. No conocía esta zona de la ciudad pero me parece preciosa. Entramos en una pequeña cafetería y nos sentamos al lado de la ventana. El silencio que habíamos mantenido hasta el momento era incómodo. Nunca había tenido tanta "confianza", por decir algo, con una persona tan desconfiada. Le estoy observando en silencio mientras camina hacia la barra y no puedo evitar fijarme en su ancha espalda. Bien, sonará raro, pero desde que era pequeña lo que más me llama la atención de los chicos es su espalda. No hay una receta mágica para tenerla... o la tienes o no. La suya es ancha, marcada y, por lo que había comprobado, fuerte. La camisa de manga corta azul le marcaba los músculos y... Nicky deja de pensar así. Suspiro avergonzada y zarandeo la cabeza. ¿Por qué he pensado eso? Suelto una pequeña risita nerviosa y se gira con el ceño fruncido. Una pequeña sonrisa aparece por una milésima de segundo en su rostro iluminando sus ojos. Me fijo en ellos... es posible que sean grises oscuros pero negros no pueden ser, son demasiado claros. Sus mejillas, llenas de pequeñas pecas, esconden una línea diagonal blanca. ¿Qué le pasó para tener una cicatriz?
-¿Nicky? -Su ceja se eleva haciendo una curva pequeña que encuentro adorable. ¿Cómo ha vuelto tan rápido?
-Ehhhh...-consigo decir nerviosa y mueve la cabeza.
-¿Qué te pasaba en el metro? -Su voz era dulce. -¿Por qué llorabas?
-Me seguía... -Cierro los ojos y veo su cara de psicópata. Mi cuerpo se tensa y las manos me tiemblan. Me muerdo el labio y un ruido sale por mi garganta.- Al principio sólo me miraba... Y luego... -Las lágrimas volvían a caer por mi cara. - No sé...
-¿Le conocías?
-No... No sé... Creo que no...
-Deberías ir a la pol...
-No. -No le dejo termirar la frase y me mira en silencio. Doy un trago a lo que me ha comprado y gesticulo exageradamente. Sabe raro.
-Es valeriana.
-Lo sé, tengo ataques de ansiedad. -Sonrío falsamente y susurra algo que no entiendo.-Voy a por azúcar.
-Toma. -Me da tres azucarillos y noto como mis ojos se abren más de lo que deberían. -Te vi tomarlo en el trabajo un día de partido.
-Gracias...
El silencio vuelve. Noto que me está mirando y suspiro. Cuando he terminado de echar los azucarillos revuelvo y me lo bebo de un trago. Estamos sentados en frente el uno del otro. A través del pelo puedo observar como deja un paquete de clinex sobre la mesa y como la mano lo empuja en mi dirección. Otra vez ese tatuaje.... Le miro a los ojos y suelto un 'gracias' casi inaudible y sonríe. Definitivamente sus ojos son grises pero el borde es de color negro. Da un sorbo a su café y suspira.
-¿Cómo te puedo agradecer lo del metro? -Suelto de repente sin saber muy bien qué ofrecerle.
-Con un gracias basta. -Dice sonriente.- En realidad, no he hecho nada... Sólo entraba al metro por casualidad...
-Pero a algún sitio irías y por mí culpa... Estás aquí.
-Da igual, no tengo prisa. ¿Quieres que te acompañe hasta casa? -Dice curioso y asiento rápidamente.
-Me da miedo ir sola en el metro ahora... -Suspiro y me limpio la cara con el clinex.
-Tranquila... ¿Vives lejos?
-A una parada de aquí.
-¿Prefieres que vayamos andando?
Al cabo de un rato llegamos al portal y le sonrío débilmente. Le invito a subir a comer pero le veo algo incómodo. Veo como camina por la calle y suspiro. Mi móvil no tiene batería pero... por un momento le grito. Alex se gira curioso y camino hacia él. Sé que no es muy lógico, pero me gustaría poder hablar más con él. Al fin y al cabo, él quería ser mi amigo...
-¿Quieres tomar un café después de comer? Podemos quedar en el bar de aquí a las tres... -Digo nerviosa y asiente.
-Pero sólo el café. Luego tengo que hacer cosas y no puedo quedarme...
-Vale. A las tres como un reloj estoy en el bar... -Sonríe y se gira sin decir nada.
Tendré que dar muchas explicaciones a Ulises en cuanto suba... Al tocar el timbre, entro y al llegar al piso Héctor me mira serio. Suelta un "La que te espera con Andrea..." y luego se ríe apartándose de la puerta. ¿Andrea? Ella no sabía nada. Cuando entro, me doy cuenta de que Héctor estaba sin camiseta y que igual he interrumpido algo pero en seguida anulo ese pensamiento al ver la cara de Andrea.
-¿Estás bien? ¡Nos tenías histéricos! -Dice mientras me da un abrazo fuerte.- Ha llamado Ulises hace media hora nervioso porque estabas llorando y sabía que estabas en el metro. Viene en breve, ¿se puede saber que narices pasa y por qué no coges el móvil?
Me siento en la mesa de la cocina y empiezo a llorar. Héctor me rodea con su brazo y Andrea me aprieta la mano mientras le cuento todo lo que ha pasado. Cuando digo el nombre de Alex, ella suelta una carcajada y Héctor nos mira confusas. Me limpio las lágrimas con los puños y me empiezan a temblar las piernas. Siento el costado del cuerpo de Héctor apretándome fuerte contra él y veo a Andrea soltar algunas lágrimas también. No se pueden imaginar siquiera que miedo he tenido que pasar... El timbre suena. Supongo que es Ulises y bueno... No quiero que se preocupe más de lo que ya estará. Cierro los ojos y la mano de Andrea me suelta.
-Nicky... -La voz de Ulises me tranquiliza pero permanezco con los ojos cerrados.
-La han seguido en el metro y si no llega a ser porque Alex entra en una parada no quiero imaginar que la hubiese pasado... -Dice Héctor tranquilo como si estuviese hablando del metro y abro los ojos. Los dedos de Ulises se enlazan con los míos y veo su rostro desencajado.
-A partir de ahora voy a ser tu chofer. -Dice con tono burlón y suelto una carcajada.
-Gracias... -Me da un beso en la frente y me seca las lágrimas.
-¿Estás bien? ¿Te ha quitado algo? ¿Lo has denunciado?
-Si. No y no pienso denunciar nada. Por favor, os lo pido a los tres. No digáis nada a nadie no quiero preocupar a nadie por algo que no ha pasado.
-Pero Nicky... -Dice Andrea mientras Héctor la abraza.
-No hay pero que valga. A partir de ahora, la mañana de hoy no ha pasado. No quiero volver a tener que pensar en ello nunca.