-¿Sigues poniéndote nerviosa? -Dice con una sonrisa de tonto en sus labios.
-Como el primer día.
-¿Tan mal lo pasaste? -La carcajada me dice que se está acordando del desastre que fue.
-Contigo siempre, bicho.-Enarca la ceja y me mira travieso. Sus manos me quitan la camiseta y suspira observando mi cuerpo casi desnudo.
-Yo siempre te trato bien... Demasiado bien diría yo...
-Novecientos sesenta y dos días.
-Mientes. -Dice poniendo cara de horror y le miro confusa.
-Ah, ¿si?
-Si. Novecientos ochenta y seis días desde que me diste mi primer beso. -Una carcajada se me escapa al oír esas palabras y me mira con aires de superioridad.
-¡No era tu primer beso! -Esta vez ríe él y niego levemente con la cabeza.- ¿Llevas la cuenta?
-Sólo me acuerdo de las cosas que me importan y eso, me importa y mucho. -Beso sus labios y ríe entre ellos.- Y si, fue mi primer beso. Porque los demás no significaron tanto.
-¿Sabes que eres demasiado odioso?
-¿Sabes que eres demasiado bonita?
Su aliento golpea suavemente mi cara y cierro los ojos por inercia. Relajo los hombros y le miro directamente a los ojos. Sus labios vuelven a chocar contra los míos y mi corazón amenaza con salir disparado. Estaba segura de que podría Ulises sentirlo como si estuviese latiendo en él. Me incorporo y le empujo con una mano haciéndole caer de espaldas a la cama. Enarca la ceja proporcionándome una de sus sonrisas torcidas mientras ríe entre dientes. Gateo despacio en su dirección y se revuelve el pelo. Sus ojos se encuentran con los míos activando en mí una pequeña corriente de descargas eléctricas capaces de hacer que olvide todo lo que me rodea. Sus manos agarran mi cintura y se muerde el labio. Me lleva hasta su cuerpo haciéndome rodar en la cama situándole encima mío otra vez. Sus labios trazan un camino por mi cuello y suelto un suspiro. Me muerde la oreja y una risita ahogada sale de se garganta retumbando en mi corazón. Esto somos él y yo. Un tira y afloja. Una cuerda que siempre está tensa por lo diferentes que somos. Siempre queriendo llevar el control hasta que lo perdemos por el camino. Beso su clavícula y me dejo hacer. Porque, en sus brazos, estaba mi casa. Había conseguido clavarse en mi alma haciéndome sentir segura sólo cuando le tenía cerca. Necesitaba la necesidad de que Ulises me necesitara. Mi respiración se entre corta y le beso los labios. Sus manos me dibujan pequeños círculos por debajo de mi ombligo. Mis manos se deslizan a lo largo de su espalda sintiendo su piel erizarse.
-Ulises, hagámoslo.
-¿No lo íbamos a hacer? -Pregunta divertido y golpeo su pecho desnudo.
-¿Siempre tienes que ser tan mal pensado?
-Es el efecto que tiene tu cuerpo pegado al mío. -Dijo indiferente mientras ruedo los ojos. -¿Qué quieres hacer?
-Ser tuya.
-Ya lo eres. -Dijo serio mirándome a los ojos.
-Quiero ser completamente tuya. Sin peros, ni medias palabras, ni pasos en falso, ni lágrimas, ni malos ratos. Quiero que cada vez que me despierte estés tú abrazándome. Quiero hacer que cada día te vuelvas a enamorar de mí por un motivo diferente. Simplemente quiero hacerlo.
-No te entiendo, Nicky... -Se revuelve el pelo y me mira perdido.- ¿Qué quieres que hagamos?
-Ulises Fernández, ¿quieres darme el honor de ser la única chica para la que tengas ojos?
-Eso no te lo puedo prometer, Nicky... -Sus ojos desviaron la mirada y mi corazón se acababa de romper en un millón de pedazos.- No puedo prometer que siempre serás la única chica para la que tendré ojos.
-Creía que esto iba en serio... -No era capaz de encajar su contestación. Sus labios estaban mostrando una sonrisa traviesa que me duele mucho.
-Y todo esto es real. -Sus labios rozan mi mejilla y un vacío inunda mi corazón.- Pero para prometer eso necesitaría una bola de cristal para mirar el futuro y saber...
-¿Saber el qué? -Digo en un susurro intentando preparar a mi corazón para la respuesta.
-Si algún día una pequeña niña con tu sonrisa nos dará la mano a los dos. Porque, Nicky, si eso pasase ten por supuesto que la miraría con los mismos ojos que te miro a ti.
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