Por muy corta que sea la vida quien pisa fuerte, deja huella.

domingo, 29 de diciembre de 2013

"Atrévete a quererme" Capítulo 4.

Llevo todo el día con unos tacones de quince centímetros. Llevo más de cuatro horas bailando. Llevo todo el día conociendo a gente. Llevo todo el día con una sonrisa en mi rostro. Me recuesto en el coche y me envuelvo en la chaqueta de Ulises. Aparca el coche en su calle y suspiro cansada. Se suelta el cinturón de seguridad y me mira sonriendo. Maldición. Sonrío yo también y le miro confusa. Se revuelve el pelo y me mira extrañado.
-¿Te quieres quedar a dormir aquí o simplemente subimos?-Dice mientras abre su puerta y sale.

No sería mala idea. No tengo ganas de moverme, me siento demasiado agotada. Agarro el ramo de flores y le miro como camina al rededor del coche. Suspiro cansada y abro la puerta a desgana. Son las tres de la mañana, no hace especial frío pero me siento congelada. Poso los pies en el suelo impulsándome para salir. Venga, Nicky. Que no tienes ni que subir andando... Le doy la mano que tengo libre y cierra la puerta del coche. En menos de cinco minutos ya estábamos en el piso. Dejo las flores en el salón para poder quitarme los malditos zapatos y gemir de placer.

-¿Quieres algo? -Pregunta desde la puerta quitándose la corbata y desabrochando un par de botones de su camisa.
-¿Tú vas a tomar algo? -Pregunto extrañada y asiente levemente.- Pues... lo mismo.

Sonrío dulcemente quitándome su chaqueta y llevándola a su cuarto. Al posarla en la silla que había, me fijo en el marco que está al lado de su cama. Me siento observándola despacio y paso los dedos por encima del cristal. La vuelvo a dejar en la mesilla para volver al salón. ¿Neit? Le veo sentado con una botella enfrente y dos vasos. ¿Más alcohol? Me abalanzo sobre él y le beso ferozmente los labios. Sus manos se colocan en mis muslos y suelta una carcajada. Le beso la punta de la nariz y le abrazo fuertemente.

-¿Y esto?-Pregunta divertido.
-Te quiero mucho, Ulises Férnandez. No lo olvides. -Susurro cerrando los ojos sobre su pecho.
-Yo también te quiero, preciosa.

Se incorpora dejándome sentada en su regazo y cojo los vasos. Le doy uno de los dos para poder dar un trago al mío. Genial, Nicky. Empieza a controlarte desde ahora o volverás a sentir el alcohol corriendo por tus venas. Miro curiosa a Ulises y los dos sonreímos a la vez.

-¿Neit? -Pregunto observando el salón. Normalmente había cosas por ahí tiradas suyas pero ahora parecía que no estuviese viviendo siquiera allí.
-¿Te acuerdas que siempre bromeaba con que iba a quedar con una morena de impresión?-Dice con una leve sonrisa en la cara y asiento.- Pues parece que van en serio... Hasta se ha quedado un par de noches aquí. -Mueve la cabeza pensando algo y suelta una carcajada.- Puse una norma nueva después de esas dos noches.
-Me la imagino. -Carcajeo levemente y entierra sus labios en mi cuello.- ¿También me afecta a mí?
-A ti en exclusiva. Siempre bromea diciendo que te ve más a ti aquí que a mí. -Inclino mi cabeza a un lado y le miro haciéndome la enfadada.- Es broma, nena.
-¿Qué os ha dado hoy a tu hermano y a mí llamándome con un mote? Mis padres me pusieron el nombre por algo... -Suelto una carcajada y bebo todo de un trago para poder dejar el vaso en la mesa.
-Sólo decimos verdades... -Repite lo que acabo de hacer y me indica que rellene los vasos.
-¿Te pasa algo? -Digo en un susurro y muestra su maldita y sexy sonrisa torcida.
-¡Deja de preguntar cosas hoy, Nicky! -Carcajeo y suspiro. -¿Qué quieres saber más de mí, si ya lo sabes todo?
-¡Todo no! No sabía que tenías carné, ni que las liabas tanto de pequeño... -Suspiro molesta.- ¿Hay algo más que deba saber de ti?
-Si.
-¿El qué? -Gruño y eleva la ceja. Se bebe el vaso de golpe y cierra los ojos. Rellena el vaso y se lo vuelve a beber de un trago.
- Me da miedo perderte. -Me mira pidiendo auxilio y entonces soy yo la que se bebe el vaso de golpe. No iba a beber más porque ya estaba sintiéndome algo mareada.
-¿Por qué dices eso? -Le miro a los ojos y puedo ver algo triste en su mirada.
-Porque presiento que va a pasar y... -Le pongo el dedo en los labios y automáticamente se calla.
-Olvídate de eso. No va a pasar.

Sus labios besan lentamente mis labios y sonríe feliz. Miro las flores y sonrío de oreja a oreja. Arquea una ceja satisfecho y me coge en brazos. Camina hasta su cuarto y nos tumba en la cama. Miro el vestido y suspiro. ¿Con qué duermo?

-¿Me puedes dejar algo para dormir? -Le pregunto mientras me incorporo.
-¿No ibas a dormir desnuda?- Su mirada es traviesa y puedo adivinar que está pensando.
-Lo había pensado... Pero, con un chico al que no conozco no lo veo conveniente y ya que me dejas dormir en tu cama... -Sonrío y se desabrocha la camisa. Se la quita y me la lanza.
-Ponte esto boba.

Camino hasta el baño y cuando voy a cerrar la puerta pone el pie mirándome.
-¿Desde cuándo te escondes para cambiarte? Creo que ya he visto todo lo que tenía que ver... -Hace un puchero y suelto una carcajada.
-Quería desmaquillarme, pero bueno. -Sonrío.- También puedes mirar.

Y así lo hace. Se apoya en la puerta mientras observa como me desmaquillo con una de mis toallitas desmaquillantes. En realidad, no me extraña que Neit y Ulises hablasen de poner ciertas normas. Tenía cosas mías por todo su piso, igual que Ulises en el mío, y tenía que ser incómodo. Andrea y yo no parábamos de reír cada vez que yo me encontraba algo de Héctor y ella, de Ulises. Un día me encontré unos pantalones en la puerta de mi cuarto cuando volvía de trabajar y no pude reprimir una carcajada. Al final, Héctor había alquilado el piso con nosotras, lo cual era muy violento para mí porque aunque sea mi mejor amigo... No sé. Es extraño. Ulises empieza a silbar y le miro soltando una risita nerviosa. Me abrocho los primeros botones de su camisa y recojo todo.

-¿Podemos hacer una cosa? -Le pregunto mientras salgo detrás de él del baño.
-¿El qué?
-¿Dormir? ¡Estoy muerta! -Suelta una carcajada y pone una cara exageradamente extraña.
-Si, por favor. Llevaba toda la vida soñando con este momento. Te quiero. -Me empieza a dar vueltas en brazos mientras río como loca.- Te quiero. Te quiero. Te quiero. -Me tumba en la cama y se quita los pantalones. Suspiro y siento como todo el cansancio se me acumula de golpe.- ¿Podré mantenerte despierta un rato? -Pregunta sonriendo.
-No lo creo... -Se tumba a mi lado y apoyo mi cabeza en su pecho.- Ha sido un día muy largo sobre unos tacones demasiado altos. -Suelta una carcajada y pasa un brazo por mi espalda obsequiándome con caricias leves. Definitivamente, me quedaban tres minutos despierta.
-Yo hubiese preferido que fueses desnuda... -Dice en tono burlón.
-¿Con tu hermano llamándome bombón?-Se queda en silencio un minuto y, aunque no le vea, sé que a tensado la mandíbula.
-Mejor lo reservo para mí en exclusiva. -Sonrío satisfecha y le beso el abdomen desnudo.
-Buenas noches, Ulises. Te quiero.
-Te quiero.

Su pecho se movía lentamente de arriba a abajo. Su brazo seguía haciendo caricias en mi espalda y, con la otra mano, me tapaba con cuidado. Siempre se preocupaba por mí, aunque no fuese necesario, hasta el punto de hacer pequeñas cosas como taparme. Siento como me besa la frente y susurra un "Descansa, pequeña." mientras su mano seguía dibujando sobre mi espalda. Su respiración en mi oído antes de dormir era mejor que cualquier nana jamás cantada. No necesitaba más para dormir tranquila, porque sabía que al despertar todavía seguiría ahí.

"Atrévete a quererme" Capítulo 3.

NICKY;

Caminaba nerviosa de la mano de Ulises al bajar del coche de sus padres. Todavía no entendía porqué me habían invitado a la boda de su prima. Un escalofrío recorre mi espalda, e instintivamente aprieto ligeramente su mano.Un hermano de Ulises estaría también pero yo no le conocía debido a que no pasaba mucho tiempo en casa y sólo la había visto una vez en toda mi vida. Aunque me había hablado mil veces de él, sabía que tenían una estrecha relación. Sam era de mi edad y, para Ulises era complicado a veces la relación que tenían puesto que sólo le sacaba un año.

-Preciosa, espera un minuto. -Su brazo me hace frenar y le miro extrañada. Una pequeña sonrisa se muestra en la comisura de sus labios y me tranquilizo al instante. Busco sus ojos y se revuelve el pelo levemente esperando que sus padres y su hermana estén demasiado lejos.- ¿Podemos hablar un minuto?

Asiento levemente mientras enarco una ceja. Aunque estaba sonriendo yo no entiendo porque está tan nervioso. Casi nunca se muestra así, siempre suele estar seguro de sí mismo. Su pulgar está acariciando el dorso de mi mano y lo miro nerviosa. Intento armarme de valor para mirarle a los ojos pero, desgraciadamente, vuelvo a observar el traje que lleva y lo bien que le sienta. Nunca antes le había visto vestido así y era una pena, porque favorecía su cuerpo.

-Nena, tienes que dejar de mirarme así. -Dice espetando y sonrío maliciosa. Coloco bien su corbata rompiendo la distancia que separaba nuestros cuerpos y me devora con la mirada.- ¿Te he dicho lo difícil que se me está haciendo hablar coherentemente contigo mientras llevas ese vestido pequeño? -Su mirada era burlona pero su voz ronca me había hecho erizar la piel.
-Creí que te gustaba... O eso me habías dicho cuando me fuiste a buscar a casa...-Susurre con un hilo de voz.- Pero... Si lo prefieres... -Seguía jugando con su corbata sin mirarle a los ojos.- Me lo puedo quitar.

Oigo como traga saliva y no puedo evitar soltar una carcajada. Niega levemente y me agarra con su mano la mejilla. Le miro a los ojos y puedo imaginar lo que está pensando sólo con ver su sonrisa de suficiencia. Este iba a ser un día entretenido.

-Mmmm... -Ronronea.- Eso suena demasiado bien... pero, creo que tendré que esperar hasta que acabe la boda. - Su mano se coloca en lo más bajo de mi espalda y me estrecha hacia él. La mano que tiene libre la introduce en el bolsillo de su pantalón y le miro curiosa.- Creo que te debo algo... ¿no? Al fin y al cabo,  el trato era que para recibir tu regalo por nuestro mes juntos tenías que venir hoy... -Su voz era demasiado ronca y me estaba produciendo miles de escalofríos.

-¿Lo has traído? -Pregunto curiosa mientas afirma levemente.

Nerviosa empiezo a jugar con el vuelo de mi vestido. La verdad, era un vestido sencillo pero cuando lo vi en la tienda me enamoré de él. La parte superior era de lentejuelas plateada hasta el ombligo, después había un cinturón apretando mi cintura a juego de la falda con tres volantes blanca. Había elegido con Andrea unos tacones bastante altos de brillantes plateada a juego del vestido y sinceramente, me veía guapa así vestida.
Ulises está buscando en su bolsillo algo con una ligera sonrisa en su cara y saca una pequeña cajita negra de terciopelo.

-Ábrela. -Me ordena a la vez que la posaba sobre mi mano. Con cuidado, levanto la tapa y abro los ojos como platos.
-¿Estás loco? ¡Esto te ha tenido que costar muchísimo! -Me mira serio y niega levemente. Sabe de sobra que me ha encantado. Paso las manos por encima de la clave de sol plateada y me fijo en el diamante pequeño que la decora.- ¡Es precioso! ¡Pónmelo, por favor!

Sus manos cogen con cuidado el colgante y suspira feliz. Me aparto el pelo, liso, a un lado y me lo pone. Cuando acaba, pasa sus labios por mi cuello haciéndome estremecer. Contengo la respiración a medida que sus labios van acercándose a mi clavícula y suelto una risa nerviosa para terminar mordiendo mi labio inferior. ¿Qué nos pasa hoy? Agarra mi cintura con seguridad y me hace girar dejándome a escasos centímetros de sus labios.

-¿Qué tal me queda...? -Pregunto con una sonrisa sincera y desplaza su mirada por todo mi cuerpo para acabar mirándome a los ojos.
-Estás preciosa. - Su cara sin embargo me trasmite tristeza y el sonrojo que coloreaba mis mejillas desaparece.-Debemos entrar antes que la novia... ¿Preparada? -Susurra posando su frente en la mía.
-¿Seguro que quieren que vaya?- Pregunto con voz temblorosa y cierro los ojos.
-Creo que la novia, cuando te vea, te va a echar. -Abro los ojos como platos y se ríe al ver mi cara de horror.- Le haces la competencia.
-Imbécil.
-Preciosa.
-Bobo.
-Preciosa.
-¡Deja de decir eso!-Le golpeo levemente en el pecho.
-¿Volvemos a los viejos tiempos?

Abro la boca para contestar pero sus labios están contra los míos haciéndome callar. Un gemido sale del fondo de mi garganta y siento como sonríe sobre mis labios. Su cintura me hace estrecharme completamente en su cuerpo y abro levemente la boca dándole paso a su lengua. Una sensación conocida aparece en mi estómago y guío mis brazos hasta sus hombros. Cuando estoy a punto de marearme por la falta de oxígeno se aparta sonriendo. Me coge de la mano y caminamos hasta el fondo de la iglesia.

Al entrar todo el mundo decía cosas como "¡Cuánto tiempo!", "Que bien se te ve","Hola, Ulises" y luego se daban cuenta de nuestra mano entrelazada y me miraban curiosos.

La madre de Ulises nos estaba haciendo señas para que viésemos los dos huecos libres que había guardado junto a ellos. Al llegar, me sentí mareada de los nervios. Vi a una señora mayor con un gran parecido a el padre de Ulises y a un señor que podría parecer casi su gemelo. Di por hecho que eran su tío y su abuela y que las personas que estaban sentadas junto a ellas eran sus respectivas familias. Ulises les saluda animadamente y siento como mis mejillas arden. Cuando nos sentamos en el banco, un chico castaño con ojos verdes se sienta a mi lado y me sonríe ampliamente. Minutos después la música empieza y todos nos levantamos a la vez. Todo el mundo se gira a ver a la novia, todo el mundo menos yo que me fijo en la sonrisa amplía y sincera del novio. Por un momento, siento celos. Me gustaría que un día sea Ulises el que me mira así mientras camino hacia él nerviosa por no caerme con el vestido. La mirada que transmite el novio es de felicidad, amor y de asombro. ¿Acabaríamos así Ulises y yo algún día?


Después de la misa, un fotógrafo no dejaba de sacar fotos a todo el mundo. Cuando era el turno de la familia de Ulises le pedí que fuese él sólo porque yo no pintaba mucho en la estampa familiar. Pero, para mi desgracia, aquí estoy yo posando con Ulises para otra foto más juntos. Flash. Era la hora de ir al hotel donde vamos a comer y Ulises me guía hasta un coche plateado aparcado a la derecha de la iglesia. Frunzo el ceño y suelta una carcajada.
-¿No vamos con tus padres?-Pregunto extrañada y curiosa.
-No. Sólo hemos venido con ellos porque mamá estaba empeñada que era lo lógico. -Saca la llave del bolsillo y le miro extrañada.
-¿Desde cuando conduces? -Enarco una ceja y niega levemente.
-Que no tenga coche no quiere decir que no tenga el carné. -Sonríe travieso y le miro algo confundida.
-¿Te has sacado el carné de coche y no lo sabía? -Levanto una ceja algo sorprendida y asiente. - Capullo. -Sonrío y me guiña un ojo. Me da un beso en la mejilla como si fuese la persona más traviesa del mundo por haberlo hecho y suspiro molesta.-¿Desde hace cuanto?
-Poco antes de que volviésemos. -Me mira confuso al ver mi cara de horror.- Tengo el carné de moto, por lo tanto, sólo tengo que sacarme el práctico. -Explica.- Tardé poco en ello. Tengo un año más que tú, ¿recuerdas?

Abre la puerta del copiloto y la cierra cuando entro. Veo como rodea el coche y cuando entra me ato el cinturón. ¿Sabe conducir un coche? ¿Me lleva en su maldita moto sabiendo conducir en coche? ¿Es consciente que a cinco grados cuando me llevaba en moto me congelaba del frío? Suspiro y observo como arranca.

-Si hemos venido con tus padres... ¿De dónde ha salido el coche? -Pregunto confusa mientras tuerzo levemente la cabeza y aliso mi vestido.
-¿Sabías que eres una preguntona? -Me mira de reojo y enciende la radio.
-Mmm... ¿Cuántos secretos más desconozco de ti Ulises Fernández? -Digo burlona y me giro para verle.
-Tiempo al tiempo. ¿No querrás fastidiar a mis queridos parientes la comida? -Suelta una carcajada y observo lo increíblemente bien que conduce el coche.

El trayecto no es largo y no tardamos demasiado en llegar. Al estacionar el coche en el aparcamiento vi como sus padres llegaban a la vez y les esperamos. Ulises y su padre bromeaban con las suposiciones de con quién les tocaría sentarse en la mesa y la madre, caminaba a mi lado preocupada porque no había visto a Sam en la Iglesia. Sam, bueno Samuel, era el hermano de mi edad de Ulises. Por lo que siempre hablaba Ulises de él le debía de adorar aunque a sus padres les volvía locos.

La comida fue agradable. Nos tocó con los tíos de Ulises y eran personas encantadoras. Su tía no paraba de contar historias de Ulises y todas sus gamberradas. Lo que me pareció curioso mientras las contaba era el brillo que trasmitían sus ojos mientras que su voz era cercana, cariñosa hasta incluso parecía que debía adorarle mucho. No fui capaz a comer decentemente por los nervios pero cuando anunció la pequeña orquesta de que era la hora del baile me relajé. Incluso me enteré que  Ulises trabajaba ayudando a su padre de vez en cuando en el negocio familiar. Su mano agarra la mía con fuerza y le miro extrañada.

-Toca bailar, preciosa. -Dice en un susurro en mi oído y le miro confusa.
-Los novios tienen que bailar todavía. -Digo elevando una ceja y empieza a correr tirando de mi mano a una esquina de la sala. - ¿A dónde vamos? -Digo riendo y el me sonríe por encima del hombro.

Su brazo me empuja bruscamente contra una pared y arqueo una ceja. ¿Qué me estoy perdiendo? Apoya su mano en la pared  y me mira a los ojos de una manera extraña. Puedo ver el deseo en ellos. Se inclina despacio y besa la punta de mi nariz y cierro los ojos suspirando. ¡Cuánto tiempo hacía que no hacíamos cosas así! Agarro su camisa y tiro levemente de él hacia mí. La música lenta, del baile de los novios, cada vez suena más lejos y siento sus labios en mi cuello. Mi corazón empieza a latir el doble y cierro los ojos suspirando de nuevo. Nicky estás en la boda de su prima. Nicky contrólate. Sus labios empiezan a subir por mi cuello y besa la parte más próxima de mi oreja haciéndome gruñir. Mordisquea el lóbulo de mi oreja y empieza a dibujar una línea invisible de besos por mi mejilla hasta la comisura de mis labios. Mi piel se eriza y agarro el cuello de su camisa nerviosa. Cierro los ojos esperando notar sus labios en los míos...

-¿Os recuerdo que hay niños? -La voz de una chica rubia de unos veinticinco años me hace ponerme tensa.
-¿Por eso estamos aquí? -Dice Ulises sonriente y ojalá se abriese una grieta en el suelo y me precipite hacia ella. - Tranquila, sólo iba a besar a mi novia. -Dice con aires de indiferencia y nos mira sonriente antes de irse.-Era una de mis tantas primas. Tranquila, que lo decía en bromas.

En bromas y en no tan en bromas. Pero mis pensamientos son cortados cuando Ulises estrella sus labios contra los míos y me agarra de la cintura. El beso es dulce y delicado aunque me hace temblar. Le miro todavía sonrojada y sonríe para regalarme un beso en la frente.

-¿Bailamos? -Dice volviendo a tirar de mi mano.

Ulises estaba cogiendo algo para beber y alguien golpea mi espalda mientras admiraba la guitarra que tenía el chico de la orquesta. Sin duda quería hablar con él en el descanso sobre ella. Me giro curiosa y veo un chico un poco más alto que yo sonriente. Enarco una ceja y le sonrío tímidamente mientras me observa de arriba abajo.

-Menudo bombón tenemos aquí. -Dice con voz ronca. Me giro a ver si hay alguien y le saco la lengua. - ¿Quién eres y por qué no te he visto antes? -Dice riendo.
-Soy Nicky. ¿Tú? -Sonrío y abre los ojos más de lo normal y sonríe malicioso.
-Tu cuñado. -Escupe la respuesta y suelta una carcajada. - ¿Bailas?
-Emmm... Si... ¿Por qué no?- Digo sonrojándome.

Coge mi mano mientras que con la que le queda libre la apoya en mi espalda. Empezamos a bailar y me mira sorprendido haciéndome sentir nerviosa. Sus ojos son azules mezclados con pequeñas manchas marrones y me miran directamente. Sus labios son carnosos, es alto, bastante alto pero no tanto como Ulises, sus brazos son fuertes y tiene la espalda ancha. Me sorprende saber que tiene la misma sonrisa que su hermano. A simple vista, no hubiese imaginado que lo fuesen.

-Sabes, bombón. Creo que te has confundido de hermano... ¿Qué haces con el aburrido Ulises?-Dice en tono de burla y niego levemente.
-¿Qué hace un chico ligón como tú solo en una boda llena de chicas guapas? -Guiño un ojo mientras bailamos y sonríe.
-Observando el terreno. Tendré qué elegir a mi presa adecuadamente, ¿no? -Mira por encima de mi hombro y sonríe malicioso mientras baja su mano hasta la parte más baja de mi cintura.
-¡Samuel Fernández! Haz el favor de dejar de manosear a mi novia.- Suelta una carcajada y me giro nerviosa hacia Ulises. Sus ojos desprenden ira y me da un vaso sin mirarme. Le golpea el hombro y suelta una carcajada.
-Tranquilo hermanito. -Dice con voz de niño bueno.- Sólo me comentaba este bombón que se había confundido de hermano a la hora de elegir novio. -Miro con cara de horror a Ulises y este tensa su espalda.
-Maldito niño, siempre igual. -Suelta una carcajada. - Nicky, no te asustes. Sólo es un cabrón con las chicas pero en el fondo es muy ñoño. -Eleva una ceja relajando los hombros mientras me acerca hacia él. - ¿Qué te parece Nicky, Sam? -Pregunta divertido.
-Mmm... Creo que lo he dicho ya. Es un bombón. -Dice riendo y le miro enarcando una ceja.
-¿Podrías dejar de usa ese adjetivo conmigo?-Río y doy un trago demasiado largo a lo que fuese que llevaba el vaso.
-No, bombón. Te has quedado ya con ese mote, lo siento. Pero veo que eres una chica dura, ¿eh? -Dice sonriente y de repente presiento que nos vamos a llevar muy bien. Es un chico muy divertido y parece un buen chaval... Ahora entiendo porque su hermano lo adora tanto. Siento como me arde la garganta y suelto una carcajada.
-Anda, hermanito. Mira a ver si te interesa alguna amiga de la prima y piérdete. -Ulises le revuelve el pelo a Sam y sonríe. Se bebe su vaso de un trago y se lo da.- Lo dejar por ahí, ¿por favor? -Asiente y desaparece.
-¿Está toda tu familia aquí? -Pregunto curiosa.
-Sí.
-¿Y bebes alcohol?-Suelta una carcajada y desliza sus manos hasta mi cintura.
-Tengo diecinueve años, creo que sí. -Sonríe y agarro su cuello mientras empezamos a bailar al  ritmo de la música.
-¿Te da igual? -Enarca una ceja y suelta una carcajada.
-Eres muy preguntona.
-¿Y? -Suelta una carcajada y me da un beso mientras seguimos girando despacio.
-Me encantas.

En dos horas todo el mundo estaba demasiado alegre gracias a los grados de alcohol y yo ya había hablado, bailado o simplemente conocido a todo el mundo. Ulises sólo se había separado de mi cuando su hermanita le había pedido bailar con él. Mientras tanto, su madre, me había obligado a bailar con ella animadamente. Los novios se estaban despidiendo ahora mismo de todos mientras la música seguía sonando fuerte. De repente, veo a Ulises acercarse al cantante de la orquesta y estaban hablando. Cuando le veo coger el micrófono siento como mis mejillas arden y sólo pido que no diga ninguna bobada. El verdadero cantante coge otro micrófono y me tapo la cara avergonzada. ¿Qué estaba haciendo? El guitarrista empieza a tocar algún acorde  y suelto una carcajada nerviosa.

-Prepárate. -La voz de Sam me hace dar un brinco y le miro curiosa.
-¿Por qué? -Sonríe observando a su hermano.
-Tú sólo observa lo que va a hacer. -Ríe malicioso y me da otro vaso.
-Entre tú y tu hermano me vais acabar emborrachando. -Río sorprendida y asiente.
-Es nuestro plan, pero chstt, es un secreto.

Vuelvo a mirar a Ulises y me quedo paralizada en el sitio. La música la reconozco en seguida y su hermano empieza a silbar escandalosamente. Todo el mundo ríe y yo siento como mis mejillas arden mientras empieza a cantar.

Bajando por donde los garitos, 
dejándome caer por la cuesta abajo. 
He estado tan solito 
hasta que te he encontrado.

Sonrío negando levemente. Por favor, no sigas. Bájate. Deja de cantar, Ulises.

Tocando en tu telefonillo, 
me dices que aun te queda para un rato. 
Tómate tu tiempo, aún no ha anochecido, 
yo te espero en Casa Paco. 
Y qué gusto da estar enamorado 
y pasear contigo del brazo. 

Dejan de cantar los dos y Ulises coge el micrófono y camina detrás de un buffer a por algo. Coge un ramo de rosas rojas y camina hacia mí. Todo el mundo hace un pasillo y yo tengo ganas de matarle.

Traigo rosas rojas para ti, 
eres mi rincón favorito de Madrid. 

Deja de cantar y me da el ramo mientras noto como una lágrima cae por mi mejilla. No puedo dejar de sonreír y todo el mundo nos mira atentos. Le abrazo fuerte y me seca las lágrimas cuando se aparta. Vuelve a acercarse el micrófono mirándome directamente a los ojos y sigue al cantante:

Mi piel necesita tu piel, mi boca necesita tu boca, dame de beber. Y desnuditos y ya en tu cama, luz de farolas tras las persianas, vuelvo a la vida cuando me tocas, nace una estrella nueva en Atocha. Estoy loco por ti...
Las lágrimas no dejan de caer  y le miro directamente a los ojos. Por estas cosas estoy enamorada de él. Porque es capaz de hacerme sentir segura de cualquier manera o simplemente sorprendiéndome. Le da el micrófono a un chico y me mira sonriente.

-Felices setecientos treinta y tres días siendo la dueña de mi corazón. -Susurra y le abrazo fuerte.
-Deja de hacer estas cosas... -Susurro todavía llorando un poco pero sin soltarle.- Corres el riesgo de que pierda totalmente el juicio de lo enamorada que estoy de ti.

Agarro su cuello y me separo un poco. Le obligo a mirarme a los ojos y haciéndole encorvar le doy un beso dulce en los labios. Sus manos agarran mi cara y noto como alguien saca una foto pero no le presto atención. Me devuelve el beso con pasión, me agarra la cintura terminando de estrecharme junto a él y nos separamos. Apoyo mi cabeza en un lado de su cara y él besa suavemente mi cabeza. Mi corazón late deprisa, acelerado, tanto que Ulises podría sentirlo mientras le abrazo. Todo el mundo aplaude y vitorean a Ulises mientras mis mejillas se enrojecen. Sam suelta un "te lo dije" entre un repentino ataque de tos y sonrío feliz. Cómo dice la canción de Pereza "Qué gusto da estar enamorado".

jueves, 26 de diciembre de 2013

"Atrévete a quererme" Capítulo 2.

ULISES:
-Cariño, ¡estás increíble!

La voz de Lucía me obligó a mirar a través del espejo a Nicky. Su expresión facial me estaba obligando a pensar que se sentía demasiado confusa mientras ella se observaba en silencio también. Uau. Suspiro mientras mis ojos la miran expectantes. Unos tacones altísimos hacen que sus piernas no tengan fin. El vestido ceñido que lleva se ajusta perfectamente a sus curvas haciendo que cualquier persona del género masculino se vuelva loco ante ella. El color verde claro que llena de vida el pequeño vestido me hace preguntarme si  fue hecho exclusivamente para ella. Juraría que si sus ojos no son del mismo color son de un color demasiado similar. Su largo pelo rizado está peinado de una manera que parece todo lo contrario. Sus rizos definidos ahora están alborotados mostrando el contraste con el vestido. En su cuello un pequeño colgante sencillo, de color blanco, resalta con su piel ligeramente bronceada y sus ojos... Sólo de mirarlos parece que duelen. Las sombras negras hacían que su mirada no resultase ser dulce o tímida como solía ser en la realidad. Su mirada trasmitía seguridad, profundidad, sensualidad, "frío"... No sé como explicarlo. No parecía la niña que jugaba a fútbol con todos los chicos en vez de jugar a las Barbies. Era extraño porque la misma chica que se estaba mirando en el espejo no parecía, ni mucho menos, la chica por la que yo había perdido totalmente la cabeza.

Por un instante su mirada está clava en mí a través del espejo. Una sonrisa ilumina su cara y puedo intuir que debo de estar a punto de babear. En silencio seguía observando hasta que, sin darme cuenta, estaba en frente.

-Y, ¿bien? -Suspira y la agarro la mano haciéndola girar sobre ella.
-Aceptable.
-No es muy... ¿Anti-yo?
-Para nada.

Me siento demasiado fuera de lugar en este sitio. En la calle la gente se agrupaba al rededor de el "improvisado" camerino donde estábamos. Puedo sentir como Nicky traga saliva de tal manera que parece que lo hubiese hecho yo. Le regalo una sonrisa sincera y se abalanza sobre mí regalándome un abrazo fuerte. Sus manos tiemblan y yo las cojo para besarlas.

-Estás preciosa.
-¿De verdad?
-De verdad.
-Tortolitos, llegó el momento.

Un chico con una cámara reflex con un objetivo enorme nos indica que teníamos que acompañarle. Instintivamente agarro  la mano de Nicky y comenzamos a caminar detrás de él. Flash.


NICKY:

-Así no. Nicky, concéntrate.

El fotógrafo está enfadado y con razón. No sé que me pasa pero no me siento nada cómoda posando con Ulises. Estoy muy confusa porqué pensaba que al ser él sería mucho más fácil. No entiendo exactamente cuál es el problema pero a su lado, ahora mismo, me siento frágil. Trago saliva mientras intento seguir las indicaciones del fotógrafo. Sólo sabe gritarme y halagar a Ulises. Esto es por orgullo y, que se noten mis genes.

Agarro del cuello de la camisa de Ulises, ignorando todas las indicaciones que me había dado el fotógrafo y le acerco levemente hacía a mi. Enarco una ceja y dejo mi cara a escasos milímetros de la suya. Flash.Flash.Flash. Me muevo colocando mi brazo sobre su hombro y miro levemente hacia otro lado. Para mi desgracia Ulises agarra mi cintura y me inclina levemente acercando sus labios hacia mi cuello. Flash.

-¿Quién es Alex? -Suspira sobre mi cuello y le miro directamente a los ojos. Flash.
-¿Qué? -Respondo en un hilo de voz mientras paso mis brazos por detrás de su cuello y apoyo mi frente sobre la de él. Flash.Flash.
-Muy bien, chicos. ¡Seguir así! - Flash. Flash. Flash. Lo que el fotógrafo no se imagina es que está a punto de comenzar una discusión.
-¿En serio? Pues para no entender mi pregunta bien que tienes su número apuntado en un papel junto a una estrofa de "Pero a tu lado" de Los secretos. -Enarca la ceja y yo me giro. Su brazo tira del mío haciéndome parar. Flash.
-Eres un maldito cretino. -Balbuceo mientras le empujo levemente. Flash.

Parece que el fotógrafo está disfrutando de nuestra discusión personal ya que, a cada movimiento que hacemos, tres o cuatro flashes nos iluminan. Siento una rabia en todo mi ser al saber que ha mirado entre mis cosas y ni siquiera ha tenido la decencia de decirme nada. Con los tacones puedo mirarle directamente a los ojos y veo una sonrisa burlona en su cara. Genial. Parece que Ulises también está disfrutando de la situación.
Noto como mi respiración se empieza a agitar y esbozo una sonrisa maliciosa.

-Veo que te gusta meter las narices entre mis cosas... -Digo casi en un susurro mientras le rodeo. Él se gira y enarca una ceja. Apoya una mano en mi mejilla mientras que con los dedos me aparta un mechón de pelo.
-Veo que te gusta tener secretos... Creía que conmigo no los tenías. -Dice con voz seca mientras en sus ojos veo el reflejo de la luz del Flash saltando por diferentes ángulos. Por un momento me había olvidado que nos estaban fotografiando y sólo dejaba paso a la rabia que me recorría por cada poro de mi piel. Muerdo su labio y dejo que caiga lentamente a través de mis dientes.
-Tú tampoco los tenías - digo mientras le fulmino con la mirada. Si las miradas pudiesen matar creo que estarían organizando ahora mismo mi funeral.
-Venga, nena. Cuéntame quién es ese Alex y qué tiene mejor que yo para darte. -Su voz era muy ronca y no podía identificar que más trasmitía a parte de burla y rabia. Sujeta mi cintura y acerca sus labios a mi clavícula mientras pongo cara de insuficiencia.
-No sé de qué me hablas. -Flash. Flash.Flash. Flash. Flash.
-Un pequeño bloc de notas. - Cambia su cabeza de lado y le tengo ahora a mi izquierda.- Un pantalón diminuto de color rosa. -Vuelve a cambiar su posición y siento su respiración cerca de mi oreja derecha.- En el bolsillo. - Mi labio empieza a temblar cuando siento sus dedos recorrer mi espalda. Cada vez estoy más enfadada. Flash.
-Vete a la mierda. -Digo furiosa y me colo frente a él y le revuelvo el pelo.- No es nadie. Ni siquiera sé quien es. -Sonrío satisfecha y entre abre los labios pidiendo guerra.- Si tanto interés tienes puedes llamarle.- Suelto una carcajada. Flash.
-Vale. Ahora os vais a cambiar de ropa y seguimos. Daros prisa. -Dice el fotógrafo.

Camino con la cabeza muy alta y tira de mi brazo. Intento zafarme de él, en un intento nulo, y me gira. Le miro molesta y le saco el dedo corazón con la mano libre que tengo. Su mueca estremece y sigo caminando ignorándolo por completo. Una chica rubia me da unos shorts vaqueros y una camiseta que me recuerda a los tapetes que tiene mi abuela puestos sobre el sofá y suelto una carcajada disimuladamente. Me pongo la ropa y salgo. Un chico me indica que tengo que sentarme y me desmaquilla rápido. Cuando termina de volver a maquillarme me miro en el espejo y ahora sí que me reconozco. Suspiro y me levanto caminando ahora en dirección opuesta a Ulises. El fotógrafo me ve y me indica que me siente en el suelo para tomarme algunas fotos sola. Una tos nos desconcentra y miro a Ulises. Abro un poco más de lo habitual los ojos y me saca la lengua. Que asco le tengo cuando actúa así. Una camiseta negra de manga corta, unos vaqueros y unas playeras blancas. Muy de él. ¿Le han dado a elegir su ropa? Arqueo una ceja y camina en mi dirección con una actitud muy de "Me la resbala todo". Si quiere guerra no tengo ningún problema en dársela. Cuando está demasiado cerca digo en susurro Alex y me mira con cara de pocos amigos. Está celoso.




Horas más tarde voy camino a la cafetería nerviosa a contarle a Julia lo que había pasado. No tengo que trabajar hoy, gracias a Dios, pero me había ofrecido a ayudarla un poco. Camino por el sol hasta llegar al cruce antes de la cafetería y de repente, me siento confusa. ¿Qué me pasa? ¿Por qué está mañana he actuado así con Ulises? Al terminar todo ni siquiera he querido hablar con él... Miro el móvil y leo todos los WhatsApp que me había mandado a lo largo del día. Un SMS.

>Sigues enfadada?

Es él. Antes de poder contestar  llega otro.

> Venga, nena... No quería que te enfadases. Te echo de menos!!!

Le contesto con un seco :

>Ven a buscarme dentro de una hora a la cafetería y hablamos.

Y para mi sorpresa no llega contestación. ¿Qué le pasa? ¿Qué nos pasa? Guardo el móvil cuando estoy delante de la puerta y me detengo a cerrar la mochila. Pum. La puerta me da en la cara y cae todo lo que llevo en el bolso. Siento como mis mejillas arden y me agacho nerviosa a recoger los preservativos que habían caído.

-Al menos eres una chica lista. -Una voz desconocida me hace sentir más avergonzada de lo que estaba ya y le miro. Es el chico de ayer. Su cara no me trasmite ningún sentimiento y por un momento tengo miedo.
-Se intenta.- Contesto nerviosa y sigo guardando cosas. Me da el resto de objetos inservibles que habían caído, mostrándome un tatuaje en su mano derecha, y le miro a los ojos. ¡Son negros!
- ¿Te llegó ayer mi nota?

Frena. ¿Éste es Alex? Suspiro demasiado nerviosa y mis manos empiezan a temblar. Siento un horror y niego levemente sin poder soltar ni una palabra.
-¿T-tú eres Alex? -No me explico todavía de donde sale mi voz.
-Para no recibir mi nota sabes quién soy. -Dice sin articular ningún gesto y algo en mí me dice que tengo que salir corriendo. - Encantado, soy Alex. -Seguíamos agachados y me levanto algo confusa.
-Yo Nicky.

Cuando él también se incorporó mi miedo aumentó. Tengo delante a un chico joven de un metro noventa y cinco, por lo menos, con piel morena y ojos color carbón. Su mirada me pone histérica porque parece que no trasmite nada. No hay ningún reflejo de cualquier sentimiento dentro de ellos y eso es algo fuera de lo común. Siento un escalofrío en la espalda y me quedo inmóvil sin poder decir nada. Sus rasgos faciales son muy marcados y, junto a su espalda ancha o los brazos musculosos, podría decir que me daba pánico mantenerme a su lado. Él también me estaba mirando fijamente así que le esquivo y entro sin decir nada más. Cuando llego a la barra Julia me sonríe y yo le devuelvo la sonrisa más fingida del mundo. Está claro que hoy no es mi día.

-¿Te pasa algo?-Dice Alex apoyándose en la barra. Julia me mira y yo elevo los hombros confusa.
-No es mi día.
-Ah.
-¿Quieres algo?-Le pregunto educadamente y niega. Creo que me ha entendido si quiere beber algo... -¿Me quieres preguntar algo?
-Puede.

Genial. Sus respuestas o son en tono de burla o se limita a decir una palabra. ¿Quién es este chico? Suspiro y niego con la cabeza.

-Dispara. -Le digo mientras empiezo a sacar cosas del lavavajillas. Aunque no le estaba mirando sabía que él a mí, si.
-¿Por qué estás nerviosa? -Pregunta en un tono indiferente y me confunde aún más.
-No lo estoy.
-Vale.

Sigo haciendo cosas mientras Julia atiende a las mesas y se ríe o, simplemente, se dedica a hacerme gestitos. Al cabo de un rato ya no me sentía nerviosa ante la presencia del tal Alex pero seguía transmitiéndome cierta desconfianza. Miro el reloj y veo que en breve iba a llegar Ulises y un escalofrío recorre toda mi nuca. Menudo día de locos.
-Eres modelo, ¿verdad? -El vaso que tenía en las manos se me escurre y lo cojo antes de que se rompa.
-No. ¿Por qué lo preguntas?
-Te he visto en un par de carteles con un chico. -Dice mientras juguetea con su móvil mostrando una actitud bastante extraña.
-Ah. ¿Era eso lo que me querías decir?
-No.
-¿Entonces?

Le miraba curiosa. Nunca había conocido a una persona tan peculiar nunca. Observador, callado, insensible, distante, arrogante,... No llego a entender qué es lo que quiere de mí. ¿Le conozco de algo? Puede ser. Soy  un desastre para las acordarme de las personas. Parecía estar muy lejos absorto en sus pensamientos así que creo que debería decir algo pero... ¿El qué? Su mano descansaba sobre la encimera de la barra y era tentador ver el tatuaje. Observaba disimuladamente cada rasgo que tenía pero, en la forma que tenía la mano, no sé podía ver más. ¿Quién lleva manga larga en julio?

-He leído tu blog. -Sus palabras me devolvieron a la realidad y le miro confusa.
-¿Cómo?
-Entrando en él y leyendo. -Dijo en tono irritado sin aparentar interés.- No está mal.
-¿Cómo sabes que tengo un blog? -Respondí seca.
-Cosas de la vida.

Mi móvil suena y me giro a buscarlo en la mochila. Veo el nombre de Ulises y cojo sin girarme.

-Hola, nena.
-Hola.
-¿Estás lista? Iba a ir ahora mismo a recogerte...
-Vale.
-Nicky... ¿Qué te pasa? Llevas todo el día rara y no entiendo por qué. No quiero que te pongas así, a la defensiva, a la mínima. ¿Qué pasa? ¿Te da igual todo? No puedes estar así eternamente. Ha sido una chorrada. Perdóname. No quería que te sentase así.
-No es eso Ulises. Pareces idiota creyendo que me he enfadado por eso. Lo que me ha dado rabia es que rebusques en mis cosas. ¿A caso no confías en mí?
-Sí... Es sólo qué...
-No. Ni es sólo qué ni nada. Si confiases en mí no harías estas bobadas. ¿Qué tienes diez años? No lo repitas y punto.
-Vale.
-Ahora te veo, feo. Te quiero.
-Te quiero.

Guardo el móvil y preparo un café para mí. La verdad es que no sé para que he venido si no he hecho nada. En fin, menudo día llevo. Cuando me doy la vuelta Alex suelta una carcajada y le sonrío levemente.
-¿Nunca te han dicho que eres muy raro?
-Quizá. Pero soy así desde hace mucho, ya es un poco tarde para cambiar... ¿No crees?
-No sé. Pero podrías decirme de una vez lo que quieres... -Suspiro irritada.
-¿Acaso te molesto? -Pregunta girando levemente la cabeza.
-No, pero me incomodas.
-Encima de lista y responsable, no tienes pelos en la lengua. Interesante. -Dice en tono de burla y le saco la lengua.
-¿Ves alguno? -Suelto una carcajada y saca de su bandolera un portátil y lo enciende.
-¿Te has planteado en escribir alguna historia?
-¿Y tú en ser menos misterioso? -Le guiño el ojo y la puerta de la cafetería se abre. Mierda.
-Cuando deje de ser misterioso, que no lo soy, tú igual eres un poco menos torpe. -Soltamos una carcajada a la vez y Ulises se acerca a la barra.
-Nena, nos vamos, ¿no?
-Sí.

Me sentía violenta con Ulises porque no sabía como salir de esta. Rodee la barra y le di un beso corto en los labios... Bueno, o esa era mi intención porque me contesto con un beso algo agresivo y sentía algo incómoda y no entiendo porqué. "Te quiero" Susurro y le di otro beso. Tenía esa fuerza sobrehumana de calarme hasta lo más hondo haciéndome perder la cordura. Una tos nos hizo volver al mundo real y sin darme cuenta miro a Alex.

-Bueno, Nicky. Ya nos veremos. Si no, tienes mi número.- Y desaraperece por la puerta.

lunes, 23 de diciembre de 2013

"Atrévete a quererme" Capítulo 1.

Dos semanas después de mi accidente todo vuelve a la normalidad. La mejor amiga de mi madre me ha pedido que trabaje unas horas en su cafetería mientras una de sus empleadas está de baja. No pensé al principio que sería tan complicado preparar los cafés pero cada persona lo toma una manera... Además tengo que coger el metro si Ulises no me puede acercar en moto hasta el centro y lo de tener que levantarme de lunes a sábado a las 10 me fastidia un poco...

Las tardes son muy aburridas. La gente no viene a tomar nada hasta las seis y me estoy haciendo amiga de Julia, la otra camarera. Al menos ella me deja preguntarla cincuenta veces la misma pregunta. 

-¿Hoy qué vas a hacer cuando salgas? -Pregunta mientras pasa, sin mucho interés, las hojas de la revista. 
-Supongo que vendrá a buscarme Ulises e iremos a cenar a casa. -Digo mientras limpio la encimera.- ¿Tú?
-Supongo que dormir... -Ríe.- No todas tenemos la suerte de salir a las cinco de la tarde. 
-No seas mala que ayer me quedé hasta que cerraste porque había partido. -Río y me guiña el ojo. 

Un grupo de gente entra y las dos nos preparamos para servirles a todos. En un minuto la cafetería se ha llenado y yo suspiro. No me gusta nada tener que trabajar en esto. Si no fuese porque es amiga de mi madre y porque cobro algo de dinero, no lo hubiese aceptado. Empiezo a preparar unos... ¿dieciséis? cafés y cuando termino me hago un moño como puedo. Julia empieza sacar cervezas y me hace un gesto para que lleve yo los cafés a la mesa.  Siento los nervios a flor de piel y empiezo a pensar quién me había pedido cada café. Un grupo de mujeres de la edad de mi madre me hacen un gesto para que las atienda pero bastante tengo con servir los cafés. Un chico me sonríe amablemente y me sonrojo. Tendrá mi edad y está escribiendo algo en un cuaderno mientras me observa disimuladamente. Después de un rato vuelvo a la barra y Julia empieza a reírse de mí y la enseño mi dedo corazón levemente. Vuelvo a servir al grupo de mujeres y le pido a Julia que se encargue ella. Me manejo mejor en el mostrador que sirviendo a la gente... ¡No tengo memoria! Saco el móvil y miro el WhatsApp. ¿Ulises? Qué raro que no me haya escrito desde esta mañana... Entro en su conversación y miro su última conexión. Las 11:30. ¿Dónde se mete? Le escribo un "Feo, ¿cenamos juntos? " y miro su foto de perfil. Recuerdo ese momento y sonrío levemente. No estábamos posando para la foto pero Andrea nos la sacó a principios de mayo en el parque junto al río mientras le sacaba de quicio. Él está sentado en el suelo y yo de pies detrás suyo. Estoy inclinada de manera que mi cara está situada enfrente a la suya mientras sonreímos. Suspiro y guardo el móvil cuando oigo la voz de una chica pidiéndome un batido de vainilla.

Dos horas más tarde me siento en una esquina de la barra y saco un libro. Tenía ganas de leer pero veo que este verano lo voy a tener difícil.  "Pero a tu lado" Amy Lab. En la primera página, hay una cita que me llama la atención. Empiezo a leer mientras el bar vuelve a recobrar una relativa paz y me aíslo del mundo. Julia me golpea el hombro y la miro despistada. Me observa un bloc de notas azul, pequeño, y suelta una gran carcajada. Lo cojo y lo observo mientras siento como cada parte de mi cuerpo se congela. Mis mejillas empiezan a arder y me escondo tras mi mata de pelo. ¿Qué narices...? ¿Alex?

-Hola, nena. ¿Sales ya? -La voz de Ulises me desconcentra y guardo el pequeño bloc de notas en el bolsillo de mi pantalón.
-Sí... -Digo algo confusa y recojo mis cosas sin dejar de pensar en la maldita nota.
-¿Hoy también duermes en casa o te llevo después de cenar a la tuya? -Pregunta Ulises mientras salgo a su lado del bar. -Oye, ¿estás bien?
-¿Qué?
-¿Te pasa algo? -Pregunta mientras me agarra suavemente del brazo y me hace parar en seco.
-No... ¿Por qué? -Pregunto confusa y niega con la cabeza.
-No me has escuchado y no me has dado ni un beso. Pareces extrañada.
-No, tranquilo. -Me pongo de puntillas y le doy un beso. ¿Quién será Alex?- Estoy cansada, es sólo eso. -Sonrío levemente y asiente.
-Te preguntaba si venías a dormir a mi casa o te tenía que llevar luego a la tuya.
-Me da igual. ¿Tienes que hacer algo mañana por la mañana? -Digo al fin dejando de pensar en la nota.
- Tenemos que hacer algo mañana por la mañana. -Dice sonriendo como un niño travieso.
-¿Tenemos?
-Si.
-¿Qué? Yo mañana tengo que trabajar. -Digo dudosa.
-No, mañana no. Me ha llamado tu madre porque no la cogías el móvil diciendo que lo había arreglado con tu jefa para que puedas ayudarla mañana a un proyecto.
-¿Un proyecto? ¿Qué?
-Ya sabes...
-¿Posar otra vez?
-Sí. -Sonríe satisfecho.- Conmigo.

Mi cara de sorprendida es bastante complicada de disimular. Se muerde el labio y suelto una carcajada. Empieza a soltar el enganche de seguridad del casco de la moto y me suelto el pelo. Con la mano derecha me lo revuelvo y me mira curioso.

-¿Te había dicho que eso es muy sexy?-Dice con su voz ronca.
-¿Te había dicho que piensas más con la entrepierna que con la cabeza?-Digo mientras suelto una carcajada.
-Creo que alguna vez... -Suspira mientras le guiño el ojo.
-¿Vamos? -Le digo mientras le quito el casco juguetona.
-Espera. Tienes algo ahí... -Dice mientras señala mi labio.
-¿El qu..? -Y me da un beso.

Sonrío, me pongo el casco y me subo a la moto. Decido no darle tanta importancia a la nota y no decirle nada a Ulises porque posiblemente no vuelva a ver a ese chico nunca más. Me abrazo fuerte a Ulises y arranca la moto. Mañana dejaré el bloc junto a la caja registradora y me olvidaré de ello. Sólo espero que Ulises no encuentre la nota.

Al llegar a la calle donde tiene el piso Ulises con Neit saco el bloc y lo miro mientras él pone el candado en la rueda.

"Ayúdame y te habré ayudado, que hoy he soñado en otra vida, en otro mundo, pero a tu lado.       
Alex 665872361"

domingo, 22 de diciembre de 2013

"Atrévete a quererme" Prólogo.

¿Qué harías si la persona que ha grabado a fuego sus caricias en tu piel empieza a sacarte de su cabeza? 
Ulises y Nicky han demostrado saber afrontar cualquier tempestad mientras estén juntos. No necesitan a nadie más, sólo quieren tenerse el uno al otro el máximo tiempo posible. Nicky perdonó a Ulises y éste le abrió su corazón. Las personas somos química pero, a veces la química no lo es todo. Como en toda relación, no sólo hay cosas buenas y de color rosa, hay veces que  pende de un hilo haciendo peligrar todo aquello por lo que habían luchado. ¿Se romperá de tener que soportar tanta tensión?

lunes, 16 de diciembre de 2013

"En tus labios" Capítulo 26.

Son las cinco y media de la mañana. Mientras el resto de la ciudad está, seguramente, durmiendo plácidamente en sus camas yo estoy caminando por un frío y deshabitado pasillo del hospital. Las piernas me tiemblan, tengo un nudo en la garganta, me duelen los ojos y la cabeza, me cuesta respirar y necesito correr. ¿Quién me lo puede impedir? No hay nadie en el pasillo. Corro mirando los números que están situados encima de las puertas y me pongo nervioso. 214,216,217,219,220 y... 221. Sonrío y me paro delante de la puerta. Agarro el pomo y cierro los ojos un instante. ¿Cómo estará? Me armo de valor y abro la puerta despacio. Un silencio aterrador inunda la sala y entro cerrando la puerta. Las paredes son azules, azul hospital para variar, y los muebles son todos blancos. Una mesa desplazable llama mi atención en el primer instante y, en ella, unos dulces con bastante mala pinta están colocados de manera meticulosa. En los pies de la cama está la manta arrugada y observo a Nicky tumbada dormida. Me acerco a la cama y la beso la frente dejando a mis lágrimas mostrar la felicidad en estado puro. Me siento en el borde de la cama y la miro con un punto de vista diferente. Aparto el pelo de su cara y aprecio un pequeño moratón en su mejilla que me hace estremecerme. Su respiración es relajada, lenta, acompasada... Abre un ojo sin ganas y suelto una pequeña risilla casi inaudible al ver las muecas que hace. Sonríe y es como otras veces, el mundo se para para contemplar su sonrisa.

-Hola, pequeña... -Digo dulcemente y sonríe.
-¿Sigues aquí? -Dice confusa.
-No, sólo soy el fantasma de tu novio... -Río.
-Gracias... -Suspira y empiezo a llorar.

Aun teniendo el pelo alborotado, aun estando postrada en una cama sin fuerzas, aun teniendo suero, aun teniendo el pie vendado,... Es preciosa. La abrazo y lloro sobre su hombro mientras me susurra cosas como "Estoy bien", "No llores" y "Lo siento". La miro a los ojos y suelto una sonrisa.

-¿Qué te ha pasado? ¿Cómo te has caído por las escaleras? -Pregunto atónito mientras me acurruco a su lado.
-Me mareé. No había comido nada desde el día anterior a la hora del almuerzo y, pues caí. -Suspira.-Si no llegas a haber estado tú en casa... -Una pequeña lágrima cae por su mejilla y se la quito con cuidado.
-Tranquila... Shhh... ya está.-La abrazo fuerte y ella sigue llorando.
-Te quiero mucho, Ulises.
-Yo también te quiero mucho, Nicky.

Y durante un buen rato nos quedamos así, los dos acurrucados en la cama mientras llorábamos en silencio por todo lo que nos había pasado hoy. Sus dedos juegan con mi pelo y yo siento a su corazón latir. El miedo que he pasado hoy ha sido increíblemente grande... No soporto la idea de imaginar que llega a morirse ante mis propios ojos. La necesito. Está definitivamente claro que no puedo perderla de ninguna manera.

-¿Te acuerdas el día de tu cumpleaños lo que hablamos?-Digo suavemente.
-Lo de...¿casarnos? -Dice dudosa. No habíamos vuelto a hablar de aquello.
-Sí. Quiero hacerlo.
-¿Ahora? -Dice alarmada y suelto una carcajada. Me incorporo y la miro a los ojos.
-Ahora mismo, no.
-¿Entonces?
-Después de hoy me he dado cuenta de muchas cosas. Cosas importantes y he tenido tanto tiempo en la sala de espera que me he torturado mil veces con... bueno. Dejemos mis pensamientos a un lado. -Niega levemente con la cabeza mientras sonríe.- He decidido que no pienso perderte. Ni física ni emocionalmente. Renuncio a todas las demás chicas del mundo porque he encontrado a la única que me importa. -La agarro la mano delicadamente y la coloco en mi corazón.- Desde las 4:32 de esta madrugada me he dado cuenta del peso que tienes en mi vida. ¿Lo oyes? -Asiente levemente y se sonroja.- Dejó de latir esta mañana cuando te vi tirada en el suelo del portal. A esa misma hora, a las 4:32, volvía a latir con fuerza. Te necesito. Eres la única capaz de hacerme sentir así. Curiosamente todo el mundo sabe que es lo que siento por ti menos tú y, creo, que deberías saberlo ya. Nicky estoy enamorado de ti desde aquel día en el parque cuando apenas teníamos diez años y me miraste. Eres la única capaz de sacar lo peor de mí para luego mostrarme todas las cosas buenas que tengo. Eres capaz de hacerme llorar de alegría y de conseguir que sea más romántico que cualquier escritor de los libros que lees tú. -Una lágrima cae por su mejilla y hace que me empiecen a escocer los ojos.- Hace tiempo me di cuenta de que no encontraría la misma calidez que desprende tu sonrisa cuando me la dedicas a mí, ni a tu voz cantando a las tres de la mañana una canción en inglés, ni una chica capaz de dar un vuelco a mi corazón. No encontraría a una capaz de superarte porque te has clavado aquí, de manera profunda, sin dejarme elegir. Una vez hace muchísimo tiempo te oí decirle a Andrea la frase "El corazón desea lo que el corazón desea" -Empiezo a llorar y ella me seca las lágrimas.- Espera. Hoy entiendo a la perfección lo que significa porque mi corazón me dice sólo una palabra. Esa palabra tiene cinco letras y da nombre a una persona que está sintiendo como mi corazón se acelera por momentos mientras reprimo las ganas de darte un beso de verdad. Un beso en el que pueda explicar todo lo que siento y no puedo decir con palabras. -Sonríe y yo me emociono.- Porque la frase "te quiero" se te queda corta para decir que es lo que siento. Y mira que hay tontos enamorados en este mundo...No te estoy pidiendo que nos casemos mañana, pasado o la semana que viene. Quiero tenerte para mí el máximo tiempo posible. No te voy a prometer un "para siempre" porque una vez lo hice y lo rompí al de poco. Quiero poder disfrutar del cosquilleo que siento cuando me besas, de despertarme y ver que estás abrazada a mí, de verte con mi camiseta puesta y de que tu hermana me haga un interrogatorio mientras saco un café para tu madre. -Eleva la ceja y suelta una carcajada.- Quiero estar dentro de años viendo por décimo novena vez "El diario de Noah" acurrucados en el sofá de nuestra futura casa. Quiero creer que esto es real, que tú eres mía y yo soy tuyo. Que todo va a estar bien y que todo lo que siento es real. En aquellos seis meses la canción que más escuchaba era la de "lo que hemos vivido" de Despistaos. ¿Sabes por qué? -Niega levemente y sonrío.- Porque el final de la canción me hacía ver en unos segundos todos los recuerdos que teníamos hasta entonces juntos...
-¿Qué dice ese trozo de la canción? -Pregunta curiosa y sus ojos vuelven a emitir ese brillo especial.
-Y empezar de nuevo lo que hemos vivido. Los besos tan largos, los tragos amargos. Lo que hemos vivido. Pasiones y sueños que hemos compartido. Lo que hemos vivido. La risa, los cuentos, los malos momentos. Lo que hemos vivido. Comernos la vida, bebernos el miedo... Lo que hemos vivido. 
-Entonces, ¿estás enamorado de mí? -Pregunta nerviosa sin dejar de sonreír.
-Más de lo que creía.

Y no dice nada más. Se sienta sobre la cama y sonriendo se acerca a mi. Posa su mano sobre mi mejilla y giro la cara para besarla. Me obliga a mirarla y ahora soy capaz de ver como por dentro no deja de gritar de felicidad. Nos quedamos un instante contemplándonos en silencio, sin dejar de sonreír, y me inclino un poco hacia ella. Susurra un "te quiero" y siento una descarga eléctrica por mi cuerpo. No sé que pasará el día de mañana, no puedo saber quién será el primero en ir hasta Marte pero mi corazón debe estar llegando a Júpiter. Apoya su frente sobre la mía y cierro los ojos instintivamente, intentando retener el mayor tiempo posible en mi memoria este momento. Sus labios, dubitativos, se posan sobre los míos haciéndome el chico más feliz del planeta. Porque mi chica es la más guapa hasta sin maquillar. Porque tengo ronca el alma de quererla tan fuerte. Porque en todo humano hay una persona que con el tiempo te va rasgando poco a poco el alma, instalándose en tu corazón. Dejándote una marca difícil de borrar. Es entonces cuando esa persona se convierte en tu debilidad.

domingo, 15 de diciembre de 2013

"En tus labios" Capítulo 25.

ULISES:

-Anda, vamos. Que al final tus padres llegan tarde al trabajo por tu culpa. -Suspira y me mira. -Te espero abajo.

Camina hacia la entrada y termino de ponerme las playeras. Una serie de golpes me obligan a cerrar los puños con fuerza y me levanto de un brinco. La puerta de la casa se cierra de golpe y corro hacia ella. Salgo al descansillo y veo a Nicky al fondo de las escaleras desplomada con la mochila abierta y todas las cosas por el suelo.

-¡Nicky! -Grito nervioso y bajo los escalones de dos en dos mientras siento un nudo en la garganta.- ¡Nicky! ¿Estás bien? -No contesta y la agarro la cabeza delicadamente. Unas lágrimas caen por mis mejillas -¿Nicky? Por favor... Despierta...
-¿Qué pas...? ¡Nicky! -Oigo a Héctor en la parte de arriba y me giro nervioso.
-Llama al 112, rápido. Se ha debido de caer por las escaleras.

Grito y cojo a Nicky en brazos. La beso la frente y despacio termino de bajar las escaleras. "Nicky, por favor despierta. Haz algo." pienso nervioso mientras la mantengo en mis labios. ¿Por qué no despierta? Joder, por favor. Que esto sea una pesadilla y me vaya a despertar en breve. Lágrimas, lágrimas y más lágrimas caen por mi mejilla y observo su cuerpo frágil en mis brazos. Respira. Una sensación de tranquilidad recorre mi cuerpo. Héctor baja rápido las escaleras y se acerca.

-Están ya aquí... -Señala a la puerta del portal y las luces de la ambulancia se reflejan en el portal de enfrente.
-¡Abre la puerta!- Le grito nervioso.

Salgo con Nicky y dos chicos bajan una camilla. La dejo con cuidado sobre ella y miro horrorizado a los diferentes materiales que ocupan todas las paredes de la ambulancia.

-¿Qué ha pasado? -Dice uno de ellos mientras comprueba su pulso.
-Se... se ha caído por las escaleras y...  -Suelto un sollozo y el chico asiente.
-¿Quién quiere ir con ella? -Pregunta el otro mientras la suben.
-Yo. -Digo nervioso. -Héctor... ¿sus cosas?
-Tranquilo, móntate y ve con ella. Te necesita más que nunca. ¿A qué hospital la lleváis? -Pregunta nervioso mientras monto en la ambulancia sentándome en un diminuto asiento a su lado. Cojo su mano y las puertas se cierran.

No dejo de llorar y nervioso miro al chico que está sentado a su lado. Agarro la mano de Nicky con fuerza y suspiro intentando no derrumbarme más. Tardamos cinco minutos en llegar al hospital y bajo con ella de la ambulancia. Su mano se suelta y leo el cartel de urgencias. Me muerdo el labio y me limpio la cara. ¿Por qué...? Una enfermera me obliga a quedarme en la sala de espera y gruño. Necesito estar con ella. Me siento nervioso en una silla y miro al suelo. Hace menos de una hora estaba sonriéndome y ahora... Agacho la cabeza y otra lágrima cae por mi cara dejándome claro lo mucho que me importa. Juego con mi reloj y el tiempo se me hace eterno. La madre de Nicky, Andrea y Héctor aparecen de pronto en la sala de espera y me limpio las mejillas con la parte de arriba de mi mano derecha. Su madre está llorando y Héctor abraza a Andrea mientras ésta no deja de llorar. No digo nada, no me muevo, no dejo de pensar. Siento un nudo en la garganta.



Horas más tarde la hermana de Nicky también estaba con nosotros. Un médico entra en la sala y pregunta por los familiares. Su madre se levanta y caminan junto a él.

-¿Qué tal estas? -Dice en un susurro Andrea mientras me agarra la mano.
-Genial. -Digo irónicamente y chasquea la lengua. Héctor me da unas pequeñas palmadas en la espalda mientras me sonríe y vuelvo a llorar. -Se me olvidaba... Te hemos traído el móvil... -Dice mientras rebusca en su mochila.- ¿Quieres algo?
-No, gracias...

Oigo un sollozo fuera de la sala de espera y me estremezco. ¿Qué le estará diciendo el médico? Me revuelvo en el sitio y miro fijamente la puerta. Apoyo los codos en mis rodillas y sostengo mi cabeza. La hermana de Nicky se acerca a nosotros y en su mirada veo un brillo.

-¿Cómo está? -Digo rápido mientras me levanto.
-Está bien... Sigue dormida. No saben cuando va a despertar... Iros a casa... Si sabemos algo más os avisamos... -Suspira y niego con la cabeza.
-No me pienso mover de aquí. -Digo algo enfadado.
-Aquí no hacemos nada, Ulises. -Dice Héctor y le miro con rabia.
-¡Pues vete! Yo me quedo. -Me vuelvo a sentar y ninguno dice nada.

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ESE MISMO DÍA POR LA NOCHE... 
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Una mano me mueve el brazo y abro los ojos como puedo. ¿Qué hora es?

-Ulises... -Su voz es dulce pero a la vez dura.
-¿Mmm? -Digo mientras me froto los ojos.
-Vete a casa, anda... Duerme un poco. -La madre de Nicky me sonríe levemente y niego con la cabeza. Le devuelvo la sonrisa y esta vez es ella la que niega con la cabeza. -Ya me quedo yo aquí...
-No. Me quedo yo también. -Digo intentando sonar agradable y me levanto. -¿Quieres un café?
-Si, toma. -Me da cinco euros en monedas y la miro extrañado.- Págalos con esto.

Camino hasta el final del pasillo y miro la máquina. Un café sólo para mi y uno con leche para Lucía. Inserto las monedas en la ranura y selecciono los cafés. La hermana mayor de Nicky se acerca a la máquina y me mira confusa.

-Sé que no es el mejor momento pero quiero hablar contigo. -Dice seria y la miro confuso.
-Dime.
-No soy quién para meterme en la relación entre mi hermana y tú... Pero... ¿Qué quieres de ella? -Se muerde las uñas. No me esperaba esta pregunta.
-¿Cómo que qué quiero de ella? ¡Yo la quiero a ella! -La miro enfurecido y asiente levemente.
-Sabes que nos contamos todo,  ¿verdad? -Dice mientras sonríe levemente.

Sus ojos marrones me confunden. ¿Es una indirecta? ¿Sabía lo de Xanandra? Relajo los hombros y asiento levemente. Físicamente no se parecen nada pero Nicky es como ella en personalidad. Muchas veces me había contado la buena relación que mantenían y eso... Pero no me esperaba que la tuviese al día en todo lo que la pasa. Una lágrima cae por mi mejilla y ella se aparta el pelo de la cara de la misma manera que lo hace Nicky.

-Me lo suponía... Quieres saber si estoy jugando con ella otra vez, ¿verdad? -Digo seco y asiente. - Siento parecer grotesco pero deja de pensar eso. ¿Si estuviese jugando con ella no crees que no estaría todo un día del verano esperando en una sala de espera junto a ti y tu madre? -Cruza las piernas y gira levemente la cabeza. - ¿No crees que la hubiese dejado al de un mes? ¿No crees que estoy enamorado de ella?
-Ella te necesita, siempre te ha necesitado. -Dice al fin.
-Y yo a ella, más de lo que te crees.
-No la hagas daño, por favor.

Y, sin dejarme contestar, se va. Cojo los cafés de la máquina para volver a la sala de espera. El médico está situado frente a Lucía y me acerco sigiloso. "Está bien, pueden entrar a verla de uno en uno. Es posible que no se despierte pero, para otra vez, si alguien se cae por las escaleras no le mováis. Al moverle podéis crear daños irreversibles en la columna. Podía haberse roto el cuello o la misma columna. Ha tenido mucha suerte." Miro el reloj y veo las 4:32. Le quito la pila y la guardo en mi bolsillo. Me siento en el banco y vuelvo a llorar. ¿No voy a dejar de llorar hoy? Sonrío y le envío un SMS a Andrea para que lo lea. Lucía sale de la sala de espera con el médico y la indica por donde tiene que ir. Otra vez nos quedamos "mi cuñada" y yo solos.

-Es fuerte. -Digo intentando romper el silencio.
-Muy fuerte. Es muy importante para mi madre y para mí. Bueno, y para ti también claro. -Suelta una pequeña carcajada y las lágrimas inundan su cara.
-Shhh... Está bien. -Sonrío y la paso el brazo por los hombros.- No llores, mujer... -Suspiro nervioso.
-Gracias... -Se recompone como puede y me sonríe tímidamente.- ¿Sabes? Siempre le dije que eras más guapo de Neit. -Soltamos una carcajada a la vez y la miro con ternura.- Tu amigo es un poco tonto...
-Lo sé, así es él... -Río nervioso.- Por eso se la quité. -Digo vacilando y la guiño un ojo.

Minutos más tarde la madre de Nicky aparece por la puerta sonriente. La hermana de Nicky y yo nos miramos y la hago un gesto para que vaya ella. No voy a entrar yo antes que ellas. La madre se toma el café y camina alegre por la sala de espera. La observo y sonrío tímidamente. Esta mujer tiene el cielo asegurado, es toda una luchadora.

-¿Quieres un bollo? -Dice medio canturreando y niego sonriente. Se la ve feliz. -Pues yo si, ¡ja! Deberías comer algo, no has comido nada en todo el día.
-Lo siento, Lucía. -Me mira confusa y agacho la cabeza. -No sabía que era peligroso moverla...
-Tranquilo... Ni tú, ni nadie. -Sonríe.- No te atormentes por eso porque, gracias a Dios, no le ha pasado nada. Me ha preguntado por ti...
-Ah, ¿si? -Abro los ojos mucho y bebo el café de un trago.
-Si.
-¿Qué te decía? -Sonrío tímidamente y ella suelta una carcajada.
-A ver si habías llegado tarde a casa por su culpa. Está preocupada por eso...
-Nunca cambiará...-Digo alegre mientras me revuelvo el pelo.
-Así es mi chica... -Suspira y se pone recta.- Voy a por mi bollo para celebrarlo. ¿De verdad que no quieres nada?
-Bastante has hecho por mi, gracias.

Camina por el pasillo y dejo de verla desde donde estoy sentado. Me acerco a la ventana y apoyo un brazo en el el cristal mientras observo como los coches van y vienen. Me fijo en la velocidad a la que van y sin saber por qué, sonrío. Me siento enérgico, vivo. Tengo ganas de verla y poder abrazarla. Necesito estar con ella un minuto. Miro al cielo y maldigo por no poder ver las estrellas. Después de mirar unos segundos fijamente al cielo veo unos débiles puntos brillantes que deben ser las estrellas. No hay nubes, no hay mal tiempo, no hace frío... Es verano. El verano trae esperanza y ganas de ser felices. Una estrella fugaz atraviesa el cielo y cierro los ojos. No hay nada más que pueda pedir para ser feliz pero, aún así, pido un deseo. Algo complicado. Sin embargo, soy un poco egoísta y lo pido porque ella y yo somos como imanes, diferentes pero a la vez iguales.

"En tus labios" Capítulo 24.

ULISES:

Sonrío travieso y la miro desafiante. Nicky ya lo sabía. Le muestro a Xanandra el dedo corazón y me coloco enfrente de Nicky dándole un beso bastante escandaloso en los labios. Estrecho su pequeño cuerpo junto al mío y deslizo mis manos hasta su cintura. La muerdo el labio y suelto una pequeña carcajada. Nicky se aparta y me mira con cara de pocos amigos.

-¿Te has enterado ya? -Dice Nicky dirigiéndose a Xanandra.- Es mi chico. Mi chico. -El énfasis que pone en "mi" me vuelve loco y sonrío satisfecho.- Olvídale.

Me coge la mano y comenzamos a caminar. No dice nada pero sé de sobra que en su cabeza no para de pensar demasiadas cosas a la vez. Camino a su lado despacio y la empujo contra una pared de repente. Su cara de asombro me resulta encantadora y mojo mis labios suavemente. Apoyo un brazo en la pared dejándola sin escapatoria y enderezo mi espalda. Sus ojos brillan de manera especial hoy. Aparto despacio el pelo de su cara y sonríe.

-¿Sabes? Me encanta cuando actúas así... Te pones jodidamente sexy. -Sonrío y ella se sonroja.- Tu carácter me vuelve loco.  Es una lástima que lo saques tan poco...

Suspiro y carraspeo con la garganta. Maldita voz. Me empuja un poco haciéndome dar un paso hacia atrás y sonríe maliciosa. Está jugando conmigo y tengo todas las de perder. Enarca la ceja y me mira de arriba abajo escrutándome. Trago saliva mientras ella se muerde el labio y vuelve a pegarme un repaso con la mirada. Me está gustando demasiado está situación y creo que a mi amigo también. Agarra el cuello y de mi camiseta acercándome a ella.

-Creo que no está mal lo que veo... -Suspira y me mira por fin a los ojos.- Decente.
-¿Decente? Soy un chico realmente sexy. -Digo carcajeando y me mira desafiante haciendo que se me congele hasta el alma.
-¿Tú crees? Nada sorprendente. Estoy acostumbrada a ver chicos como tú. -Su voz pasa de ser dura a ser sexy dejándome sorprendido. No entiendo como es capaz de poner ese tono de voz tan seductor cuando se lo propone haciéndome perder la cabeza.- Sólo hay que ver al guapo de mi mejor amigo. Lástima que esté con otra. - Pongo mi dedo índice sobre sus labios y la hago callar.
-Deja a Héctor en paz, chiquilla. Ahora estamos sólo tú y yo. Céntrate en nosotros y olvídate de todo lo de más.

Su corazón latía acelerado provocando al mío. No había nada más y no sabía ni que hora era, ni que día, ni en que sitio estábamos, ni como se llamaba el bar de la esquina de donde provenía la música que sonaba. Para mí sólo estábamos ella y yo en el mundo porque ahora mismo no necesitaba nada más que poder besarla y demostrarle todo lo que siento.

-Te quiero.-Susurro y me mira sorprendida.
-Nunca me lo habías dicho en persona... -Dice abriendo los ojos un poco más de lo habitual.
-Necesitaba decírtelo en el momento idóneo, nena. -Susurro y acorto un poco más la distancia.
-¿Este es el momento idóneo? -Suelta una pequeña carcajada.
-Si.
-¿Por qué?-Pregunta confusa.
-Porque estamos tú y yo, y porque quiero. Porque no aguanto más tiempo sin poder hacer esto...

Beso su cuello suavemente dibujando una estela de besos que suben y bajan por toda su clavícula. Entonces hace algo fuera de lo habitual haciendo que mi piel se erice. La miro abriendo los ojos de manera exagerada y me obsequia una sonrisa malvada. Me empuja contra la pared y su mano empieza a recorrer todo mi abdomen. Enarca una ceja y le miro confusa. ¿Qué le está pasando? ¿Dónde está mi Nicky? Besa mi cuello agresivamente y sonrío mirando al cielo dando las gracias por tener a esta chica en mi vida. Sus manos me acarician el lado contrario del cuello y yo busco sus labios. Se pone de puntillas y se acerca a mis labios. Su mirada trasmite fuego, ardor, deseo, placer,... Me estaba devorando con la mirada mientras yo no paro de observar como se muerde el labio.

-Me parece que de ir al centro comercial... me olvido... ¿no...? -No soy capaz de decir la frase del tirón teniendo a mi chica comiéndome el cuello y mordiéndome la mejilla suavemente.

Pero la respuesta no llega porque, después de un buen rato, sus labios se posan sobre los míos. Mi yo interior empieza a gritar y se me acelera el pulso, la respiración y los latidos. Un sencillo roce en el que mis manos agarran bruscamente su cabeza estrechándola a mí. Necesito más. Sus labios se abren ligeramente y tuerzo la cabeza. Una carcajada ahogada sale de su boca aterrizando en la mía retumbando hasta mi corazón. Si antes creía que estaba perdido, me confundía. No estaba perdido y me acabo de dar cuenta. Sólo estoy perdido cuando ella no está aquí, cuando no la tengo cerca. Mientras esté ella, estoy yo. sus manos se apoyan en mis hombros y agacho mi cabeza mientras ella apoya toda la planta de los pies en el suelo. Mi mano se desliza hasta su cintura y empiezo a dibujar sobre su abdomen desnudo y suelta un gruñido. Me muerde el labio y lo suelta poco a poco.

-Creo que nos deberíamos ir...-Dice en un susurro, sin aire, mostrando una sonrisa perfecta.
-Donde quieras, nena.
-Mmmm...

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HORAS MÁS TARDE
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Es una suerte que Nicky y Andrea ya hallan alquilado un piso para el curso que viene. Andrea estaba en casa con Héctor y ninguno de los dos nos ha dicho mucho. Es una suerte que se apañen bien entre ellos. Nunca pensé que cabía la posibilidad de que acabasen juntos. Neit no se que anda haciendo con su vida que no se decide si quiere tener en verano también piso o no... Pero yo le seguiré insistiendo.

-¿Por qué no alquilas el piso con nosotras?

Dice mientras se pone mi camiseta por encima.Observo su piel desnuda y sigo con la mirada sus curvas.

-Ulises...
-¿Eh?-Digo algo confundido.- Quédate esa camiseta, por favor. -Suelto una carcajada.
-¿Qué?
-En serio, quédatela. Prefiero vértela a ti puesta que llevarla yo. -Me mira confusa y se hace un nudo en la cadera.- Y con más motivo si te la vas a poner así.
-Deja de decir bobadas... -Me da un pequeño golpe en la cara y sonrío. - De verdad, alquila el piso con nosotras. Así me tendrías todo el día para ti... -Sonríe pícara y gatea por la cama hasta llegar a mí para darme un beso.
-¿Y Neit?
-¿No lo alquilabais en septiembre?
-Si...
-Pues lo alquilas conmigo hasta septiembre y luego, con Neit. Además, si quiere hay una habitación libre. Andrea creo que también se lo ha dicho a Héctor.
-¿Y verle todos los días la cara? Uy, eso suena mal...
-A ver, Héctor está con Andrea. Tú, conmigo. ¿Qué problemas podéis tener?
-Demasiados... -Sonrío malvadamente y hace una mueca.
-Piénsatelo, pero... Piensa que todos los días te despertarías conmigo, que me verías con tu camiseta, que me ducharía a menos de dos metros de ti... -Eleva una ceja y asiento.
-¿Todavía quieres más? -Suelto una carcajada. -¿Tú no te cansas?
-De ti no. -Carcajea y empieza a besarme toda la cara.
-Para...
-No quiero.
-¡Están fuera!
-¿Y?
-Nos podrían oír. -Digo nervioso y se ríe.
-¿Y?
-¿Te da igual? -La miro confuso y asiente.
-Yo ya he tenido que aporrear la puerta del baño porque "se estaban duchando". -Niega con la cabeza y suelto una carcajada.
-Menudo puntazo. ¿Probamos?

Y sin más, Nicky se levanta y empieza a subirse la camiseta lentamente mientras camina hacia la puerta contoneándose. Creo que me va a gustar la idea de quedarme aquí todo el verano...

sábado, 14 de diciembre de 2013

"En tus labios" Capítulo 23.

Siento un nudo en la garganta que me impide respirar, las piernas me tiemblan y tengo la piel de gallina. ¿Por qué estoy nerviosa? Camino despacio y observo la calle larga y vacía. Los árboles vuelven a tener ese verde que nos recuerda que estamos en la época calurosa del año y las terrazas de los bares están repletas. Para ser un día de verano no hay demasiada gente animada en la calle tomando algo o gente en los parques. Me acerco a la orilla del río y me apoyo un instante en la barandilla. La música no deja de sonar y subo el volumen del Ipod. Los cascos me hacen estar sorda para el mundo y es como si viviese en una película y las canciones sean la banda sonora de mi vida. Sin darle mucha importancia empiezo a cantar en susurros. Cierro los ojos y mis piernas no dejan de temblar. Pienso demasiado para luego no hacer nada. Para cuando me quiero dar cuenta estoy sonriendo y suspiro nerviosa. ¿Qué te pasa Nicky? Rebusco en mi mochila un regaliz y nerviosa empiezo a comerlo. Vuelvo a caminar mientras miro el reloj, con la esperanza de no llegar demasiado tarde, pero veo que no es así. Sigo el paseo por el borde del río y me empiezo a cruzar con muchas personas. Un ligero cosquilleo empieza en mi estómago a medida que me voy acercando a donde hemos quedado obligándome a jugar nerviosa con las pulseras de mi muñeca. Mi paso es apresurado, sin llegar a correr, llegando a ser un poco escandaloso. La canción acaba y empiezo a oír los acordes de una guitarra. Suelto una sonrisa al aire y recuerdo el día en que le conocí. Hace tanto tiempo que me parece increíble que aquí sigamos...

"Que yo también la veo, que cuando ella cruza por debajo del cielo sólo el tonto mira al cielo. Que sé como agacha la cabeza, levanta la mirada y se muerde el labio superior."  
 Unas manos tapan mis ojos y me quedo inmóvil. Aguanto la respiración y siento como un casco cae dejando mi oído libre para escuchar. Cierro los ojos, en silencio, sin girarme y suspiro. Las manos que antes me impedían ver ahora están apartándome el pelo del cuello produciéndome miles de descargas eléctricas por todo mi cuerpo. Siento su aroma, su respiración sobre mi cuello, sus labios cerca de mi oreja,...

"Que yo si que no tengo cojones a decirle que no a nada porque tengo más deudas con su espalda de las que nadie tendrá jamás con la luna. Y mira que hay tontos enamorados en este mundo. Y sólo los sueños pueden posarse sobre las cinco letras de su nombre. Que te entiendo, que yo escribo sobre lo mismo, sobre la misma. Que razones tenemos todos, pero yo muchas más que vosotros" 

Siento sus labios húmedos, frágiles, seguros y suaves sobre mi cuello y otro escalofrío me recorre desde los pies hasta la nuca. Sus manos agarran débilmente mis caderas y me hacen girar sobre mí dejándome a escasos tres centímetros de su cara. Mi abdomen se apoya en el suyo haciéndome curvar la espalda hacia atrás, sintiendo mi pelo caer en la misma dirección, encajando a la perfección. Siento como mis piernas tiemblan, como sus manos me agarran fuerte, como me sonrojo y pierdo la noción de tiempo en el mismo instante que sus labios dibujan la curva más sexy de este maldito mundo. Apoyo una de mis manos sobre su corazón, sintiendo como late a mil por hora, y agarrando con la otra su nuca. Su respiración agitada golpea suavemente mi cara y sonrío.

-Te has comido buena parte de la canción.-Digo en un susurro con voz temblorosa.
-Lo sé, pero he cantado todo lo que quería oír. -Su voz ronca me deja sin palabras y veo como su sonrisa es,ahora, más amplia. Se inclina hacia mi oído y se moja los labios.- Hola, nena.

No hace falta más palabras para caer rendida a sus pies. Habrán pasado novecientos treinta y tantos días desde aquel día en el recreo cuando le besé por primera vez. Esbozo una sonrisa y acerco mi cara a la suya provocando a su corazón. Enredo mis dedos en su pelo y desliza su mano hasta la parte más baja de mi espalda. "Co-razones" digo en un susurro y se muerde el labio inferior. "Te la dediqué yo..." contesta y asiento levemente. No sé como es posible que después de tanto tiempo siga haciéndome sentir las mismas cosas. Siento uno de sus dedos trazando un camino por mi espalda llegando a mi mejilla para regalarme una delicada caricia con su pulgar mientras me agarra. Termino de acercarme hasta sentir su aliento golpeando bruscamente mi cara, hasta estar a escasos milímetros de sus labios, para poder esbozar una sonrisa contra su boca. Ulises no aguanta la tentación y pega sus labios en los míos de manera agresiva. Un simple roce de labios y algo en mí se altera. Muerde mi labio inferior y lo deja caer poco a poco. Siento su sonrisa y es como si todo el mundo se desvaneciese en esa fracción de segundo en la que estamos así. Pagaría todo el oro del mundo por congelar el tiempo cuando estamos así y quedarme el resto de mi vida junto a él. Vuelvo a acercarme regalándole un beso tímido que me responde con pasión.

-¿Vamos?-Sonrío tímida y me da la mano.
-Cuando quieras, nena. -Su maldita voz ronca me hace estremecerme.

Su voz es muy particular. Es muy ronca pero tampoco parece la de un camionero. Cuando le cambió la voz recuerdo que estuve semanas pensando que gritaba en casa a todas horas porque parecía afónico. Luego pensé que estaba constipado pero no lo estaba... Y sí, la verdad es que a veces soy algo tonta. Suelto una pequeña carcajada y me mira confuso. Comenzamos a caminar en dirección al centro comercial.

-¿Qué tal el día?-Pregunta de repente.
-Bien, ¿el tuyo?
-Estresante. -Se ríe.
-¿Por qué? ¡Estamos de vacaciones!
-Ya -Vuelve a reírse y me contagia.- Mi hermana tiene deberes para verano... Los cuadernos que mandan a todos los niños... Y como mamá y papá trabajan por las mañanas tengo que ayudarla yo a hacerlos.
-Eso tiene que ser divertido...
-No te creas, eh. A veces es muy frustrante. Cuando se bloquea con algo o se le mete en la cabeza que quiere pintar... -Suspira.- Ya me entiendes. A demás, me chantajea. -Suelto una carcajada y me mira de soslayo.
-¿Con qué?
-Quitarme el mando de la televisión y no dejarme ver nada en lo que queda de verano.-Dice serio y suelta una sonrisilla tímida.
-La sacas más de seis años y cuatro o cinco cabezas. ¿En serio te chantajea? -Sigo riendo y se para en seco.
-¿Tú crees que mi madre me daría la razón? -Cruza los brazos y hace el mismo gesto que un niño pequeño enfadado.
-Mmmm... si te pones así lo que te da es un escobazo. -Suelto una carcajada y salgo corriendo.

Durante varios segundos le saco bastante ventaja pero en seguida me alcanza. En un intento fallido de escaparme, empiezo a correr en un jardín y, al mirar atrás, tropiezo cayéndome. Ulises tropieza y se cae encima mío poniendo una cara de horror. Suelto una gran carcajada y sonríe. "Te pillé." Respiro dificultosamente y él apoya sus brazos a cada lado de mi cabeza. Le miro a los ojos directamente sin decir nada. Pasan un par de minutos y ninguno de los dos parece que quiera romper el silencio que nos invade. Se me olvida que estoy en la calle, se me olvida que le tengo encima, se me olvida el mundo y las voces del fondo poco a poco empiezan a desaparecer.

-Le voy a cobrar a tus labios tus miradas.-Susurra y no deja de mirarme a los ojos. Sonrío y niega levemente con la cabeza.
-¿Sínkope?
-Exacto. -Ríe y hago una mueca inconscientemente.
-"Cada vez se van a ir entendiendo menos, irán avanzando como los cangrejos;los problemas se irán haciendo complejos y al final caerán de boca contra el suelo". -Canturreo en un susurro y reprime una risa. 
-Uy, esa canción no me la sé... -Dice nervioso después y suelta una carcajada mientras me da un beso en la nariz. -¿Me la enseñas?

Asiento y saco el móvil, como puedo, de la mochila y entro en el reproductor de música. Busco en la "S" y cuando veo "Sin contrato - Transfer" le doy. La música empieza a sonar y Ulises no deja de mirarme a los ojos. "Tú con tus movidas, yo con mis historias; tú con tus manías, yo mis paranoias.No necesitamos el contrato aquel obligando a que nos hemos de querer"

-La verdad que tienes muchas manías. -Dice en una carcajada.
-Y tú demasiadas paranoias. -Se acerca y me da un beso en la frente, otro en la nariz, otros dos en cada mejilla y cuando se acerca a mis labios una voz nos distrae. Los dos miramos en la misma dirección y....
-Bravo. -Aplausos- Se os ve taaaaaaaan enamorados... -Dice con cara de asco y los dos nos incorporamos.- Que lástima que eso se lo haga a todas, eh guapa. ¿También te dedica canciones de amor y te dice cosas preciosas? -Suelta una carcajada y doy un paso en falso hacia ella. El brazo de Ulises me retiene y ella da un trago a la botella que tiene en la mano. La amiga que la acompaña nos mira con cara de asco.
-Xan, déjalo.-Dice Ulises y le miro de reojo. 

Sus brazos están tensos y sus puños cerrados con fuerza. Mantiene la mandíbula apretada mientras la mira con los ojos algo cerrados. Está muy enfadado. Su brazo rodea mi cintura estrechándome hacia él y agarro con fuerza su camiseta. Me quedo en silencio y ninguna dice nada. 

-Vámonos, Nicky. No merece la pena quedarse aquí. -Dice y comenzamos a caminar. 
-¿Ya le has contado tu secreto? -Dice la muy imbécil y camino algo más rápido. - Nicky, ¿Ya sabes que la de la discoteca de hace un año era yo? 


miércoles, 4 de diciembre de 2013

"En tus labios" Capítulo 22.

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||FLASHBACK||                                                                                                                                         _________________________________________________________________________________

Rota como un plato que cae al suelo. Rota como la piruleta que muerdes. Rota como la punta de un lapicero al apretar con demasiada fuerza sobre el papel. Rota como el cristal después de golpearlo. Al fin y al cabo, rota. No sé como decirlo. No hay una palabra que defina mejor mi situación.«Rota.» Había cambiado mi vida para siempre. Sería capaz de encontrarle, con los ojos vendados, entre cien mil personas. Sé exactamente cuántas arrugas le salen en las comisuras de los labios cuando sonríe... O como se le ilumina la cara cuando hablan de su hermana. Sé exactamente que en su espalda hay treinta y seis lunares y, que cinco de ellos, están en una línea diagonal. O de como se revuelve el pelo cuando está nervioso y no sabe que decir... O como menea la cabeza de manera peculiar cuando quiere negar algo.. Incluso sé de memoria cómo da los abrazos. Llámame loca pero, después de tanto tiempo, sabría hasta diferenciar su risa mientras carcajea medio mundo. Poca gente habrá oído su risa extraña cuando algo le hace gracia de verdad. Hablo de la carcajada que soltamos antes de romper a llorar por reír demasiado....O cuando sabes exactamente cómo es cada parte de su cuerpo... Como entrecierra los ojos cuando no entiende algo o como aparecen en su nariz unas pequeñas arrugas al fruncir el ceño... Pero si tendría que quedarme con una sola mueca, me quedaría con su cara de enfadado.

Lo malo de estar con una persona tanto tiempo es que llegas a un punto en el que la conoces más a ella que a ti misma. Serías capaz de reconocer hasta su olor entre cinco personas que llevasen su colonia. Son bobadas que dichas así parece que me estoy volviendo loca. Llevaba demasiado tiempo ciega. Tanto tiempo que, llegan a pasar un par de meses más y me hubiese creído todas y cada una de sus promesas. Ahora necesito saber que me sigue queriendo, que esto no se ha acabado. Me negaba a creer que sólo hubiese sido un capricho de su larga lista de deseos... Ahora mis noches eran siempre frías. Nunca había conocido un frío tan abrumador como el que sentía ahora. Es un frío que no se quita con miles de besos de extraños. Siento un dolor en el pecho capaz de desahogar en un llanto. Tengo miedo. Mucho miedo. Un vacío se a ha instalado en mí y, ¿cómo se supone que se llena? Ahora mi mayor miedo es que un día me lo cruce por la calle y vaya de la mano de la otra... Vamos por favor, Nicky. Deja de ser tan surrealista. Todo el tiempo has sido un juguete. ¿Cómo he podido estar tan ciega? ¿Cómo ha dejado que me enamore para luego irse? No logro entender por qué. Nadie sabe lo que es estar horas y horas llorando ,echa un ovillo en tu cama, durante horas. Poca gente entiende cómo te sientes y, los que lo hacen, no quieren hablar de ello. Nadie entiende la soledad que inundó mi alma cuando se fue pero tampoco nadie ni se imagina la de cosas que pasan por mi cabeza.

"Prefiero mil mentiras a escuchar que no me quieres (...) Me gustaría volver a sentir que tú me miras, sentirse la única persona en tu vida, rozar tu cuerpo sin preocupación alguna y ver como me sonreías" 
Rt. Leo esa frase en Twitter y un pequeño pinchazo se me clava en el pecho. ¿Qué me está pasando? Yo antes no era así. Antes no lloraba por nadie, antes no era tan frágil. Pero... es que cuando veo en la calle a una pareja, siento que me hundo. ¿No fui lo suficientemente buena para él? Le hubiese bajado hasta la luna sólo por él. No soporto la idea de perderle del todo.

ULISES:

-Ella era otra más, tío. -Suelto una carcajada y enciendo el cigarro.- ¿No te das cuenta?
-No. Nicky no era otra más.
-¿Por qué dices eso? -Pregunto algo confuso y veo la seriedad personificada en su rostro.
-Porque tu problema es que te estabas enamorando de ella, tío. A mi no me engañas.  Te tenía loco.
-Seguro...
-Tú sigue negándolo, campeón. -Me señala con su dedo índice y enarco una ceja. -Sigue así. Un día, llorarás. Llorarás mucho porque te habrás dado cuenta de que la querías de verdad.
-¡Eso no es verdad! -Grito enfurecido- Tú no sabes nada... -Doy una calada larga al cigarro y suelto el humo. Cada calada me provoca la necesidad de tener que dar otra. ¿Por qué estoy nervioso?
-Ah, no... Es verdad. No sé nada. Anda, chaval... Acabas de perder a una de las pocas tías que aparte de ser guapa, tiene más virtudes. ¡Sabes de sobra que Nicky es para una noche, otra y luego otra! Cuando la veas con otro tío a mi no me vengas llorando.

Será imbécil. ¿A qué viene este numerito de las narices? Cuando noto una lágrima caer por mi mejilla aprieto el puño y doy un tiro al cigarro. ¿Nicky...?

-Joder. -Suspiro y me seco con brusquedad las lágrimas.
-¿Ves?
-¿Qué cojones he hecho...?
-Ser el mayor cabrón de este mundo.
-Tengo que encontrar a otra ya, tengo que pasar página.
-¿No sería más fácil arreglarlo con ella? -Pregunta Neit nervioso mientras se frota la frente.-
-No.
-Pero...
-Pero nada.
-Tú tienes un problema muy gordo, ¿eh? -Dice negando con la cabeza y le miro con rabia.- ¿Quieres dejar de negar lo evidente y aceptar que la quieres mucho más de lo que te crees?
-Neit, despega los pies del suelo. Han pasado meses, ¡meses! Ella habrá pasado página, comprado otro libro y habrá quemado el de nuestra historia. ¡No quiere verme! Me lo dejó muy claro en la fiesta y, hasta hoy, lo ha hecho increíblemente bien. No me la he cruzado ni en el supermercado. -Suspiro resignado.
-¿Y sí te la encuentras? ¿Qué harías?
-No lo sé.


NARRADOR:
Lo que Nicky y Ulises no sabían era que dentro de unas horas se volverían a encontrar después de seis largos meses sin verse. Ninguno le contará al otro que, en estos seis meses no han dejado de extrañarse ni un segundo porque el orgullo les impide ser sinceros. Nicky no le contaría la de cigarros que llevaban su nombre y Ulises nunca diría que,todos los cubatas que ha bebido estos seis meses, estaban cargados de recuerdos y no de grados de alcohol.

__________________________________________________________________________________||FIN DEL FLASHBACK||
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Un año después... 

ANDREA:

Apago la pantalla del ordenador y camino por la habitación buscando el maldito móvil. ¿Dónde  lo dejé ayer? Suspiro y rebusco entre las sábanas. Una luz lo delata y lo cojo. "Héctor" Otro suspiro se me escapa de la boca y descuelgo.

-¿Qué? -Digo a desgana sin dejarle saludar.
-A las seis en el bar de debajo de tu casa. -Dice con un tono de enfado.
-Paso.
-No me hagas ir a tu casa y tirar la puerta abajo.
-¿Qué cojones quieres, Héctor? De verdad. No te entiendo. ¿Ahora sí y ahora no? Cuando aclares tus ideas me llamas. -Y sin darle tiempo a contestar, cuelgo. Cuando aparto el móvil de mi oreja ya está llamando.- ¿Algo interesante que añadir?
-Si. Que a las seis estés en el maldito bar y hablamos. Deja de comportarte como una orgullosa y por una vez, cede.

Esta vez es él quien cuelga primero y yo tengo ganas de lanzar mi móvil contra la pared. Miro la hora y son las cinco y media. Voy al baño y me plancho el pelo. ¡Mierda! No he terminado de leer lo de Nicky. Bueno, luego lo termino de leer. Voy a la habitación y abro el armario para coger ropa. Me asomo a la ventana y lluvia. Lluvia y más lluvia. Hoy no va a ser mi día, está claro.



Entro en el bar y, nerviosa, me coloco el flequillo. No veo nadie y me dirijo hasta la barra. Que cabrón. Encima me dejará plantada, ya verás. Pido una cerveza con limón mientras ojeo una revista que hay sobre la barra. Cuando el camarero me la da, le pago y me siento en un taburete. "Andrea" me giro y le veo sentado en una mesa. Cojo la cerveza y me siento enfrente de él. Cambio de planes. Voy a romper sus esquemas. No voy a parecer enfadada.

-¿Sabes qué es lo que más me gusta de los besos? -Digo antes de que pueda decir algo. Abre los ojos un poco más de lo habitual y niega levemente.- Los segundos previos. -Dudo un par de segundos y aclaro mis ideas.- Durante esos segundo el mundo se para y sólo nos movemos nosotros. Es alucinante la de cosas que piensas durante a penas diez segundos. ¿A ti no te pasa? hablo de esos instantes en los qué, aunque no duren mucho, todo va a cámara lenta. De repente nuestros cuerpos están cerca, a una distancia en la cual tu respiración agitada me hace cosquillas en mis labios. Entonces sonríes y me miras provocándome ese calorcillo que inunda mi corazón. Es ahí cuando lo único que escucho son los fuertes, acelerados y ruidosos latidos junto a tu respiración entrecortada. Para cuando mi cerebro procesa la información, los latidos y tu respiración van acompasados haciendo que se me erice la piel. Una palabra rebota por mi cabeza y soy capaz de ver como tus pupilas se dilatan. PUM-PUM. Podría hablarte de la física, de la química y de la puta electricidad que siento. ¿De qué me serviría? Si ya sabes que tu corazón se te acelera cuando mi cuerpo se amolda perfectamente al tuyo, si el mismo corazón te late tan fuerte que lo noto hasta yo y sé que amenaza con salir disparado al techo. Hablas de mi orgullo pero ahí estás tú, tragando difícilmente saliva mientras esperas algo.-Apoyo mis codos sobre la mesa y me inclino para acercarme a él.- ¿Sabes qué esperas? -Niega levemente con la cabeza sin quitarme ojo de encima y sonrío satisfecha.- A que me levante, me siente sobre ti, te coma el cuello y termine besándote los labios.

Y, sin exagerar, juraría que está intentando no imaginarse la situación porque se le caería hasta la baba. Doy un trago largo de cerveza y no dejo de mirarle. El silencio me hace sentir incómoda y pienso miles de cosas.

- Pero, veo que te da igual. Seguro que soy un juguete o simplemente un capricho. Da igual, podré hacer que otro tío sienta lo mismo.
-Ni se te ocurra. -Su tono de voz es duro, serio. Pero su mirada me demuestra que está perdido y no sabe por donde encontrarse.
-¿Qué?-Me quedo algo confundida y bebe de su vaso.
-Ni se te ocurra irte con otro.
-Héctor, no estamos juntos. Si quiero, puedo. -Digo elevando una ceja y sonríe. Mierda. Ha salido ya de su momento de reflexión.
-No.
-Ah, ¿no?
-No.-Bebe otra vez y le miro nerviosa.- Mucho dices y poco haces. -Se levanta, rodea la mesa y se sienta a mi lado. Automáticamente me muevo un poco y sonríe.- ¿Me tienes miedo? No muerdo... bueno, a veces si. -Se ríe y yo me pongo nerviosa.- Y, ¿Si fueses tú la que se pone nerviosa cuando estoy cerca? An, An, An... -Dice mientras me coloca el pelo detrás de la oreja. Trago saliva y le miro directamente a los ojos. Se inclina sobre mi y me armo de valor.
-No uses tu actitud de tipo duro. No vas a conseguir nada.
-¿Tú crees?-Se acerca más a mi y yo hago lo mismo desafiándole.
-Si.
-Está bien... -Tuerce su cabeza levemente hacia la izquierda y se muerde el labio.
-¿Está bien? -Le agarro de la nuca y ligeramente le acerco a mi cara.- ¿Tú crees que está bien?