NICKY;
Caminaba nerviosa de la mano de Ulises al bajar del coche de sus padres. Todavía no entendía porqué me habían invitado a la boda de su prima. Un escalofrío recorre mi espalda, e instintivamente aprieto ligeramente su mano.Un hermano de Ulises estaría también pero yo no le conocía debido a que no pasaba mucho tiempo en casa y sólo la había visto una vez en toda mi vida. Aunque me había hablado mil veces de él, sabía que tenían una estrecha relación. Sam era de mi edad y, para Ulises era complicado a veces la relación que tenían puesto que sólo le sacaba un año.
-Preciosa, espera un minuto. -Su brazo me hace frenar y le miro extrañada. Una pequeña sonrisa se muestra en la comisura de sus labios y me tranquilizo al instante. Busco sus ojos y se revuelve el pelo levemente esperando que sus padres y su hermana estén demasiado lejos.- ¿Podemos hablar un minuto?
Asiento levemente mientras enarco una ceja. Aunque estaba sonriendo yo no entiendo porque está tan nervioso. Casi nunca se muestra así, siempre suele estar seguro de sí mismo. Su pulgar está acariciando el dorso de mi mano y lo miro nerviosa. Intento armarme de valor para mirarle a los ojos pero, desgraciadamente, vuelvo a observar el traje que lleva y lo bien que le sienta. Nunca antes le había visto vestido así y era una pena, porque favorecía su cuerpo.
-Nena, tienes que dejar de mirarme así. -Dice espetando y sonrío maliciosa. Coloco bien su corbata rompiendo la distancia que separaba nuestros cuerpos y me devora con la mirada.- ¿Te he dicho lo difícil que se me está haciendo hablar coherentemente contigo mientras llevas ese vestido pequeño? -Su mirada era burlona pero su voz ronca me había hecho erizar la piel.
-Creí que te gustaba... O eso me habías dicho cuando me fuiste a buscar a casa...-Susurre con un hilo de voz.- Pero... Si lo prefieres... -Seguía jugando con su corbata sin mirarle a los ojos.- Me lo puedo quitar.
Oigo como traga saliva y no puedo evitar soltar una carcajada. Niega levemente y me agarra con su mano la mejilla. Le miro a los ojos y puedo imaginar lo que está pensando sólo con ver su sonrisa de suficiencia. Este iba a ser un día entretenido.
-Mmmm... -Ronronea.- Eso suena demasiado bien... pero, creo que tendré que esperar hasta que acabe la boda. - Su mano se coloca en lo más bajo de mi espalda y me estrecha hacia él. La mano que tiene libre la introduce en el bolsillo de su pantalón y le miro curiosa.- Creo que te debo algo... ¿no? Al fin y al cabo, el trato era que para recibir tu regalo por nuestro mes juntos tenías que venir hoy... -Su voz era demasiado ronca y me estaba produciendo miles de escalofríos.
-¿Lo has traído? -Pregunto curiosa mientas afirma levemente.
Nerviosa empiezo a jugar con el vuelo de mi vestido. La verdad, era un vestido sencillo pero cuando lo vi en la tienda me enamoré de él. La parte superior era de lentejuelas plateada hasta el ombligo, después había un cinturón apretando mi cintura a juego de la falda con tres volantes blanca. Había elegido con Andrea unos tacones bastante altos de brillantes plateada a juego del vestido y sinceramente, me veía guapa así vestida.
Ulises está buscando en su bolsillo algo con una ligera sonrisa en su cara y saca una pequeña cajita negra de terciopelo.
-Ábrela. -Me ordena a la vez que la posaba sobre mi mano. Con cuidado, levanto la tapa y abro los ojos como platos.
-¿Estás loco? ¡Esto te ha tenido que costar muchísimo! -Me mira serio y niega levemente. Sabe de sobra que me ha encantado. Paso las manos por encima de la clave de sol plateada y me fijo en el diamante pequeño que la decora.- ¡Es precioso! ¡Pónmelo, por favor!
Sus manos cogen con cuidado el colgante y suspira feliz. Me aparto el pelo, liso, a un lado y me lo pone. Cuando acaba, pasa sus labios por mi cuello haciéndome estremecer. Contengo la respiración a medida que sus labios van acercándose a mi clavícula y suelto una risa nerviosa para terminar mordiendo mi labio inferior. ¿Qué nos pasa hoy? Agarra mi cintura con seguridad y me hace girar dejándome a escasos centímetros de sus labios.
-¿Qué tal me queda...? -Pregunto con una sonrisa sincera y desplaza su mirada por todo mi cuerpo para acabar mirándome a los ojos.
-Estás preciosa. - Su cara sin embargo me trasmite tristeza y el sonrojo que coloreaba mis mejillas desaparece.-Debemos entrar antes que la novia... ¿Preparada? -Susurra posando su frente en la mía.
-¿Seguro que quieren que vaya?- Pregunto con voz temblorosa y cierro los ojos.
-Creo que la novia, cuando te vea, te va a echar. -Abro los ojos como platos y se ríe al ver mi cara de horror.- Le haces la competencia.
-Imbécil.
-Preciosa.
-Bobo.
-Preciosa.
-¡Deja de decir eso!-Le golpeo levemente en el pecho.
-¿Volvemos a los viejos tiempos?
Abro la boca para contestar pero sus labios están contra los míos haciéndome callar. Un gemido sale del fondo de mi garganta y siento como sonríe sobre mis labios. Su cintura me hace estrecharme completamente en su cuerpo y abro levemente la boca dándole paso a su lengua. Una sensación conocida aparece en mi estómago y guío mis brazos hasta sus hombros. Cuando estoy a punto de marearme por la falta de oxígeno se aparta sonriendo. Me coge de la mano y caminamos hasta el fondo de la iglesia.
Al entrar todo el mundo decía cosas como "¡Cuánto tiempo!", "Que bien se te ve","Hola, Ulises" y luego se daban cuenta de nuestra mano entrelazada y me miraban curiosos.
La madre de Ulises nos estaba haciendo señas para que viésemos los dos huecos libres que había guardado junto a ellos. Al llegar, me sentí mareada de los nervios. Vi a una señora mayor con un gran parecido a el padre de Ulises y a un señor que podría parecer casi su gemelo. Di por hecho que eran su tío y su abuela y que las personas que estaban sentadas junto a ellas eran sus respectivas familias. Ulises les saluda animadamente y siento como mis mejillas arden. Cuando nos sentamos en el banco, un chico castaño con ojos verdes se sienta a mi lado y me sonríe ampliamente. Minutos después la música empieza y todos nos levantamos a la vez. Todo el mundo se gira a ver a la novia, todo el mundo menos yo que me fijo en la sonrisa amplía y sincera del novio. Por un momento, siento celos. Me gustaría que un día sea Ulises el que me mira así mientras camino hacia él nerviosa por no caerme con el vestido. La mirada que transmite el novio es de felicidad, amor y de asombro. ¿Acabaríamos así Ulises y yo algún día?
Después de la misa, un fotógrafo no dejaba de sacar fotos a todo el mundo. Cuando era el turno de la familia de Ulises le pedí que fuese él sólo porque yo no pintaba mucho en la estampa familiar. Pero, para mi desgracia, aquí estoy yo posando con Ulises para otra foto más juntos. Flash. Era la hora de ir al hotel donde vamos a comer y Ulises me guía hasta un coche plateado aparcado a la derecha de la iglesia. Frunzo el ceño y suelta una carcajada.
-¿No vamos con tus padres?-Pregunto extrañada y curiosa.
-No. Sólo hemos venido con ellos porque mamá estaba empeñada que era lo lógico. -Saca la llave del bolsillo y le miro extrañada.
-¿Desde cuando conduces? -Enarco una ceja y niega levemente.
-Que no tenga coche no quiere decir que no tenga el carné. -Sonríe travieso y le miro algo confundida.
-¿Te has sacado el carné de coche y no lo sabía? -Levanto una ceja algo sorprendida y asiente. - Capullo. -Sonrío y me guiña un ojo. Me da un beso en la mejilla como si fuese la persona más traviesa del mundo por haberlo hecho y suspiro molesta.-¿Desde hace cuanto?
-Poco antes de que volviésemos. -Me mira confuso al ver mi cara de horror.- Tengo el carné de moto, por lo tanto, sólo tengo que sacarme el práctico. -Explica.- Tardé poco en ello. Tengo un año más que tú, ¿recuerdas?
Abre la puerta del copiloto y la cierra cuando entro. Veo como rodea el coche y cuando entra me ato el cinturón. ¿Sabe conducir un coche? ¿Me lleva en su maldita moto sabiendo conducir en coche? ¿Es consciente que a cinco grados cuando me llevaba en moto me congelaba del frío? Suspiro y observo como arranca.
-Si hemos venido con tus padres... ¿De dónde ha salido el coche? -Pregunto confusa mientras tuerzo levemente la cabeza y aliso mi vestido.
-¿Sabías que eres una preguntona? -Me mira de reojo y enciende la radio.
-Mmm... ¿Cuántos secretos más desconozco de ti Ulises Fernández? -Digo burlona y me giro para verle.
-Tiempo al tiempo. ¿No querrás fastidiar a mis queridos parientes la comida? -Suelta una carcajada y observo lo increíblemente bien que conduce el coche.
El trayecto no es largo y no tardamos demasiado en llegar. Al estacionar el coche en el aparcamiento vi como sus padres llegaban a la vez y les esperamos. Ulises y su padre bromeaban con las suposiciones de con quién les tocaría sentarse en la mesa y la madre, caminaba a mi lado preocupada porque no había visto a Sam en la Iglesia. Sam, bueno Samuel, era el hermano de mi edad de Ulises. Por lo que siempre hablaba Ulises de él le debía de adorar aunque a sus padres les volvía locos.
La comida fue agradable. Nos tocó con los tíos de Ulises y eran personas encantadoras. Su tía no paraba de contar historias de Ulises y todas sus gamberradas. Lo que me pareció curioso mientras las contaba era el brillo que trasmitían sus ojos mientras que su voz era cercana, cariñosa hasta incluso parecía que debía adorarle mucho. No fui capaz a comer decentemente por los nervios pero cuando anunció la pequeña orquesta de que era la hora del baile me relajé. Incluso me enteré que Ulises trabajaba ayudando a su padre de vez en cuando en el negocio familiar. Su mano agarra la mía con fuerza y le miro extrañada.
-Toca bailar, preciosa. -Dice en un susurro en mi oído y le miro confusa.
-Los novios tienen que bailar todavía. -Digo elevando una ceja y empieza a correr tirando de mi mano a una esquina de la sala. - ¿A dónde vamos? -Digo riendo y el me sonríe por encima del hombro.
Su brazo me empuja bruscamente contra una pared y arqueo una ceja. ¿Qué me estoy perdiendo? Apoya su mano en la pared y me mira a los ojos de una manera extraña. Puedo ver el deseo en ellos. Se inclina despacio y besa la punta de mi nariz y cierro los ojos suspirando. ¡Cuánto tiempo hacía que no hacíamos cosas así! Agarro su camisa y tiro levemente de él hacia mí. La música lenta, del baile de los novios, cada vez suena más lejos y siento sus labios en mi cuello. Mi corazón empieza a latir el doble y cierro los ojos suspirando de nuevo. Nicky estás en la boda de su prima. Nicky contrólate. Sus labios empiezan a subir por mi cuello y besa la parte más próxima de mi oreja haciéndome gruñir. Mordisquea el lóbulo de mi oreja y empieza a dibujar una línea invisible de besos por mi mejilla hasta la comisura de mis labios. Mi piel se eriza y agarro el cuello de su camisa nerviosa. Cierro los ojos esperando notar sus labios en los míos...
-¿Os recuerdo que hay niños? -La voz de una chica rubia de unos veinticinco años me hace ponerme tensa.
-¿Por eso estamos aquí? -Dice Ulises sonriente y ojalá se abriese una grieta en el suelo y me precipite hacia ella. - Tranquila, sólo iba a besar a mi novia. -Dice con aires de indiferencia y nos mira sonriente antes de irse.-Era una de mis tantas primas. Tranquila, que lo decía en bromas.
En bromas y en no tan en bromas. Pero mis pensamientos son cortados cuando Ulises estrella sus labios contra los míos y me agarra de la cintura. El beso es dulce y delicado aunque me hace temblar. Le miro todavía sonrojada y sonríe para regalarme un beso en la frente.
-¿Bailamos? -Dice volviendo a tirar de mi mano.
Ulises estaba cogiendo algo para beber y alguien golpea mi espalda mientras admiraba la guitarra que tenía el chico de la orquesta. Sin duda quería hablar con él en el descanso sobre ella. Me giro curiosa y veo un chico un poco más alto que yo sonriente. Enarco una ceja y le sonrío tímidamente mientras me observa de arriba abajo.
-Menudo bombón tenemos aquí. -Dice con voz ronca. Me giro a ver si hay alguien y le saco la lengua. - ¿Quién eres y por qué no te he visto antes? -Dice riendo.
-Soy Nicky. ¿Tú? -Sonrío y abre los ojos más de lo normal y sonríe malicioso.
-Tu cuñado. -Escupe la respuesta y suelta una carcajada. - ¿Bailas?
-Emmm... Si... ¿Por qué no?- Digo sonrojándome.
Coge mi mano mientras que con la que le queda libre la apoya en mi espalda. Empezamos a bailar y me mira sorprendido haciéndome sentir nerviosa. Sus ojos son azules mezclados con pequeñas manchas marrones y me miran directamente. Sus labios son carnosos, es alto, bastante alto pero no tanto como Ulises, sus brazos son fuertes y tiene la espalda ancha. Me sorprende saber que tiene la misma sonrisa que su hermano. A simple vista, no hubiese imaginado que lo fuesen.
-Sabes, bombón. Creo que te has confundido de hermano... ¿Qué haces con el aburrido Ulises?-Dice en tono de burla y niego levemente.
-¿Qué hace un chico ligón como tú solo en una boda llena de chicas guapas? -Guiño un ojo mientras bailamos y sonríe.
-Observando el terreno. Tendré qué elegir a mi presa adecuadamente, ¿no? -Mira por encima de mi hombro y sonríe malicioso mientras baja su mano hasta la parte más baja de mi cintura.
-¡Samuel Fernández! Haz el favor de dejar de manosear a mi novia.- Suelta una carcajada y me giro nerviosa hacia Ulises. Sus ojos desprenden ira y me da un vaso sin mirarme. Le golpea el hombro y suelta una carcajada.
-Tranquilo hermanito. -Dice con voz de niño bueno.- Sólo me comentaba este bombón que se había confundido de hermano a la hora de elegir novio. -Miro con cara de horror a Ulises y este tensa su espalda.
-Maldito niño, siempre igual. -Suelta una carcajada. - Nicky, no te asustes. Sólo es un cabrón con las chicas pero en el fondo es muy ñoño. -Eleva una ceja relajando los hombros mientras me acerca hacia él. - ¿Qué te parece Nicky, Sam? -Pregunta divertido.
-Mmm... Creo que lo he dicho ya. Es un bombón. -Dice riendo y le miro enarcando una ceja.
-¿Podrías dejar de usa ese adjetivo conmigo?-Río y doy un trago demasiado largo a lo que fuese que llevaba el vaso.
-No, bombón. Te has quedado ya con ese mote, lo siento. Pero veo que eres una chica dura, ¿eh? -Dice sonriente y de repente presiento que nos vamos a llevar muy bien. Es un chico muy divertido y parece un buen chaval... Ahora entiendo porque su hermano lo adora tanto. Siento como me arde la garganta y suelto una carcajada.
-Anda, hermanito. Mira a ver si te interesa alguna amiga de la prima y piérdete. -Ulises le revuelve el pelo a Sam y sonríe. Se bebe su vaso de un trago y se lo da.- Lo dejar por ahí, ¿por favor? -Asiente y desaparece.
-¿Está toda tu familia aquí? -Pregunto curiosa.
-Sí.
-¿Y bebes alcohol?-Suelta una carcajada y desliza sus manos hasta mi cintura.
-Tengo diecinueve años, creo que sí. -Sonríe y agarro su cuello mientras empezamos a bailar al ritmo de la música.
-¿Te da igual? -Enarca una ceja y suelta una carcajada.
-Eres muy preguntona.
-¿Y? -Suelta una carcajada y me da un beso mientras seguimos girando despacio.
-Me encantas.
En dos horas todo el mundo estaba demasiado alegre gracias a los grados de alcohol y yo ya había hablado, bailado o simplemente conocido a todo el mundo. Ulises sólo se había separado de mi cuando su hermanita le había pedido bailar con él. Mientras tanto, su madre, me había obligado a bailar con ella animadamente. Los novios se estaban despidiendo ahora mismo de todos mientras la música seguía sonando fuerte. De repente, veo a Ulises acercarse al cantante de la orquesta y estaban hablando. Cuando le veo coger el micrófono siento como mis mejillas arden y sólo pido que no diga ninguna bobada. El verdadero cantante coge otro micrófono y me tapo la cara avergonzada. ¿Qué estaba haciendo? El guitarrista empieza a tocar algún acorde y suelto una carcajada nerviosa.
-Prepárate. -La voz de Sam me hace dar un brinco y le miro curiosa.
-¿Por qué? -Sonríe observando a su hermano.
-Tú sólo observa lo que va a hacer. -Ríe malicioso y me da otro vaso.
-Entre tú y tu hermano me vais acabar emborrachando. -Río sorprendida y asiente.
-Es nuestro plan, pero chstt, es un secreto.
Vuelvo a mirar a Ulises y me quedo paralizada en el sitio. La música la reconozco en seguida y su hermano empieza a silbar escandalosamente. Todo el mundo ríe y yo siento como mis mejillas arden mientras empieza a cantar.
Bajando por donde los garitos,
dejándome caer por la cuesta abajo.
He estado tan solito
hasta que te he encontrado.
Sonrío negando levemente. Por favor, no sigas. Bájate. Deja de cantar, Ulises.
Tocando en tu telefonillo,
me dices que aun te queda para un rato.
Tómate tu tiempo, aún no ha anochecido,
yo te espero en Casa Paco.
Y qué gusto da estar enamorado
y pasear contigo del brazo.
Dejan de cantar los dos y Ulises coge el micrófono y camina detrás de un buffer a por algo. Coge un ramo de rosas rojas y camina hacia mí. Todo el mundo hace un pasillo y yo tengo ganas de matarle.
Traigo rosas rojas para ti,
eres mi rincón favorito de Madrid.
Deja de cantar y me da el ramo mientras noto como una lágrima cae por mi mejilla. No puedo dejar de sonreír y todo el mundo nos mira atentos. Le abrazo fuerte y me seca las lágrimas cuando se aparta. Vuelve a acercarse el micrófono mirándome directamente a los ojos y sigue al cantante:
Mi piel necesita tu piel, mi boca necesita tu boca, dame de beber. Y desnuditos y ya en tu cama, luz de farolas tras las persianas, vuelvo a la vida cuando me tocas, nace una estrella nueva en Atocha. Estoy loco por ti...
Las lágrimas no dejan de caer y le miro directamente a los ojos. Por estas cosas estoy enamorada de él. Porque es capaz de hacerme sentir segura de cualquier manera o simplemente sorprendiéndome. Le da el micrófono a un chico y me mira sonriente.
-Felices setecientos treinta y tres días siendo la dueña de mi corazón. -Susurra y le abrazo fuerte.
-Deja de hacer estas cosas... -Susurro todavía llorando un poco pero sin soltarle.- Corres el riesgo de que pierda totalmente el juicio de lo enamorada que estoy de ti.
Agarro su cuello y me separo un poco. Le obligo a mirarme a los ojos y haciéndole encorvar le doy un beso dulce en los labios. Sus manos agarran mi cara y noto como alguien saca una foto pero no le presto atención. Me devuelve el beso con pasión, me agarra la cintura terminando de estrecharme junto a él y nos separamos. Apoyo mi cabeza en un lado de su cara y él besa suavemente mi cabeza. Mi corazón late deprisa, acelerado, tanto que Ulises podría sentirlo mientras le abrazo. Todo el mundo aplaude y vitorean a Ulises mientras mis mejillas se enrojecen. Sam suelta un "te lo dije" entre un repentino ataque de tos y sonrío feliz. Cómo dice la canción de Pereza "Qué gusto da estar enamorado".