Por muy corta que sea la vida quien pisa fuerte, deja huella.

domingo, 30 de marzo de 2014

Me parecía oportuno recordarte lo importante que eres.

La verdad es que llevo media hora sentada delante de la pantalla del ordenador, frustrada, intentando escribir algo que sea lo suficientemente bueno como para ti. Pero no es lo mío, ya sabes muy bien que estas cosas siempre me cuestan mucho... Aunque pienso intentarlo.
 

 Hace dos años conocí a cierta persona que cambió un poco mi mundo. Logró que tambaleasen los muros que llevaban tiempo levantados y poco a poco consiguió colarse dentro. Ahí estás tú, dos años, veinticuatro meses, setecientos treinta y tantos días después a mi lado. Debo agradecerte ser ese hombro en el que llorar, ese lugar al que acudo cuando todo está mal, esa persona capaz de hacer el idiota sólo para que vuelva a sonreír, la persona que me grita cuando cree que mi mundo está demasiado oscuro y por ser ese que me ayuda siempre. Sé que no soy la mejor amiga del mundo, ni la más cariñosa, ni la más detallista y puede que sea la más inaguantable de todas... Pero quiero que sepas lo importante que eres para mí.

No podría explicar con palabras exactas el agradecimiento que te debo por todo lo que has hecho por mí estos últimos dos años. Seguramente estás pensando "no me tienes que agradecer nada, idiota" o algo parecido, o simplemente estés buscando uno de tus comentarios sarcásticos para contestarme pero haz el favor de sonreír y no poner esa cara. Que nos conocemos.


Ahora viene la parte en la que me voy a poner nostálgica perdida y vas a tener que soportar mi "cursilería" por un buen rato, ¿vale? Y si no vale, te voy a obligar a leerlo. Así que ya sabes, no me lo discutas.


Bueno... Como bien decía en el primer párrafo, estoy bastante frustrada. No sé qué decir, cómo y eso me saca de quicio. No me gusta tener que hablar en plan "el mundo es de color rosa, las rosas son rojas y las margaritas bla bla bla" porque me da la sensación de que desnudo una parte de mi alma y revelo los mejores secretos que guardo... Pero he estado pensando en una conversación que tuvimos hace unos cuantos días atrás. Quiero asegurarte que me vas a tener el máximo tiempo posible a tu lado. Lo prometo. No te voy a decir "para siempre" porque no tengo una bola mágica para asegurar que eso se cumpla. Esto no es una despedida, ni un ¿qué pasará? Esto es mi manera de decirte que siempre que necesites a tu mejor amiga, la tendrás. Sí, hasta los sábados a las ocho de la mañana si hace falta. Porque si tu te caes, yo me agacho y te levanto aunque me caiga en el intento. Porque sabes de sobra que me tienes para alegrarte, hacer de tus días grises escalas de colores y todos esos tópicos que se suelen decir.

No hace falta que cuente al mundo nuestra historia, porque perdería su magia. Sé de sobra que nuestras personalidades chocan a menudo y, de alguna manera, supongo que eso es lo que nos une. También sé que cualquier persona desearía tener un amigo que sea sólo la cuarta parte de lo que eres tú.

Hoy, treinta de marzo del dos mil catorce, una persona muy importante cumple dieciséis años. Sí, hablo de esa persona que está en las buenas pero es de los que más me demuestran en las malas. Porque eso es la amistad de verdad, ¿no? Compartir la alegría y llorar los dos en la tristeza. Es por eso y mucho más por lo que tengo que agradecerte.

Hace dos años, no era consciente de lo importante que serías para mí ahora. Hace dos años, empezaste a demostrarme lo mucho que te importo y a hacerme sonreír cuando no tengo motivos suficientes para hacerlo por mí misma. Me encantaría escribirte unas líneas para expresar a la perfección todo lo que te quiero y aprecio pero, mejor amigo, esto se quedará siempre muy corto para ti.

Me estoy repitiendo demasiado y siempre te digo lo mismo. ¿No crees que será por algo? Simplemente quiero que sepas que espero compartir este día durante muchísimos años más a tu lado. Ya es demasiado tiempo a tu lado, demasiadas cosas vividas y simplemente me queda por decir... ¡FELIZ CUMPLEAÑOS MEJOR AMIGO!



Te quiere mucho, la loca de tu mejor amiga.

martes, 21 de enero de 2014

"Atrévete a quererme" Capítulo 8.

¿Qué se supone que debo hacer? Las lágrimas no dejan de caer por mis mejillas y un vacío en el pecho me impide hasta respirar. ¡Malditos móviles! ¡Seré imbécil! Camino rápido hasta... ¿Dónde? No tengo carné de coche, ni de moto, ni nada. A estas horas no hay autobuses. Salgo corriendo por la gran vía hacia las afueras. Mi respiración entre cortada, mis ojos nublados por todas las lágrimas que no dejan de caer, mi corazón late demasiado deprisa y mi cabeza no deja de dar vueltas a todo lo que ha pasado en la última hora. ¿Cómo si quiera acabé besándome con Alex? Suspiro y me intento calmar. El manojo de nervios se instala en mi garganta y no puedo ni tragar saliva. ¿Qué le va a pasar? Por favor, Nicky respira.

Sin saber de dónde, quince minutos después estaba llegando al hospital. Un ambulancia estaba parada en la puerta y me quedo congelada. En mi cabeza el sonido de la risa de Ulises rebota con fuerza dejándome inmóvil en el sitio. Mi móvil vuelve a sonar y rezo porque sea Sam mientras lo busco. No puede ser... Me doy asco a mí misma.

-¿Qué quieres? -Grito molesta y oigo como suspira detrás del teléfono.
-Sólo quería saber cómo estabas... Siento lo de antes... -Su voz temblaba y la ira cada vez se hacía más grande.
-¡Por nuestra puta culpa Ulises está en el hospital! ¡No quiero volver a verte nunca! ¿Entiendes? Yo le quiero a él. ¡Aléjate de mí! -Cuengo histérica y marco el número de Sam.-¡Joder!

Camino lo más rápido posible a la puerta de urgencias y corro hasta el mostrador.
-¿Cómo está Ulises Fernández? -Le grito apresuradamente a la chica y me mira preocupada.- ¡Dígame que está estable!

Unos brazos me rodean y brinco del susto. Me giro para ver a Sam abrazándome en silencio con ojos rojos y empiezo a llorar sin decir nada. Su abrazo me está poniendo más nerviosa de lo que estaba. ¿No se habrá...? No puedo ni terminar la frase. Me aferro a su camiseta y lloro emitiendo pequeños gritos angustiados mientras siento como por sus mejillas también caen lágrimas. Su sonrisa, su voz, sus brazos, él haciéndome cosquillas, diciéndome "te quiero" cuando creía que estaba dormida, sus ojos, simplemente Ulises estaba dando un pequeño viaje en mi cabeza recordándome por qué me había enamorado de él y hasta que punto le quiero.

-Deberías tomarte un tranquilizante... -Dijo la enfermera y la miro con odio.
-¡Y tú deberías mover tu culo y ayudar a mi novio! Los brazos de Sam me tiran hacia atrás y me agarra las mejillas para que le mire a los ojos.- ¡Dime qué está estable! ¡Dilo!
-Nicky, tienes que tranquilizarte... -Dijo con voz suave y niego con la cabeza.
-¿Por qué no dices nada? -Mi voz se había quebrado por instantes...- No puede ser verdad...

Mis piernas fallan y me caigo al suelo. Llevo mis rodillas hasta el pecho y acurrucoc mi cabeza entre ellas mientras miles de lágrimas mojan mis pantalones. Sam no ha contestado... Esto tiene que ser una pesadilla. Esto no puede estar pasando.



 Dos semanas después...
Hace un par de días pensé que las lágrimas se me tendrían que secar en algún momento o, simplemente, que las pesadillas terminarían. Desde aquella noche de hace dos semanas mi vida había cambiado drásticamente. No como, no duermo, no hablo con nadie... No sé hasta qué punto esto seguirá así. Creo que me estoy volviendo loca. Cada vez que camino por la calle y oigo una moto me giro esperanzada pensado que será él... Pero eso es imposible. Mamá ha llamado por lo menos quince veces entre ayer y hoy pero he rechazado todas sus llamadas. Andrea y Héctor no dejan de enviarme mensajes, de traerme comida, de intentar hablar conmigo y, aún así, no tengo fuerzas ni para contestar. A Sam le veo todos los días y eso me duele mucho. El claro parecido entre él y su hermano, por desgracia, no ayuda y también que evitamos hablar en toda costa sobre lo que pasó aquella noche. Suspiro y me vuelvo a colocar en este maldito sillón incómodo sin abrir los ojos. No encuentro necesidad a hacerlo porque sé que, cuando los abra, todo seguirá igual. Un par de lágrimas vuelven a caer de mis ojos y el frío vuelve a acompañarme. Nadie ha comentado nada pero, por lo poco que me miro en el reflejo del espejo, sé que tengo que estar hecha un asco. Sollozo silenciosamente y abro los ojos para mirarle.

Y ahí está, como desde hace dos semanas, tumbado con miles te tubos dándole la vidad que yo le quité aquella noche. Agarro suavemente su mano y le vuelvo a mirar en silencio. Siento como si hubiese olvidado el color tan peculiar de sus ojos después de verlos tanto tiempo cerrados... Acaricio su mejilla y apoyo mi cabeza en la esquina de la cama intentando tranquilizarme. Llevo quince largos días y dieciséis largas noches arrepintiéndome con todo mi cuerpo y alma por lo que hice.

-Ulises, por favor... Despierta. -Mi voz temblorosa se escaba y agarro su mano con fuerza.- Por favor, vuelve... Lo siento, lo siento muchísimo. Nunca debí hacer eso y menos tratarte como después lo hice... Esto es peor que los seis meses aquellos... -Sonreí débilmente sobre la sábana y suspiré.- Te necesito...

Y otra noche más me quedo dormida agarrada de su mano por si se despierta.



A finales de agosto...

-¡Bueno, Nicky, ya está bien! -Suspiro cansada y me obligo a mirarla a los ojos.
-Tienes que comer, salir de aquí y hablar. ¿Cuánto tiempo vas a seguir así? -La voz tranquila de Andrea me asusta.
-No quiero...
-Nicky, no actúes como una niña pequeña. Dentro de unas semanas empiezas la universidad y no has comprado ni los libros. Tómate un descanso, vuelve a casa, duchate, compra las cosas que te hagan falta y vuelve... -La voz de Sam me irrita y le miro con odio.
-¿Tanto os cuesta entenderme? -Digo cansada y los tres se callan.- Fue mi culpa, no la de él. Es lo menos que puedo hacer... ¿Qué digo? Es lo que quiero hacer.
-Has adelgazado mucho, llevas semanas sin comer nada decente y ni siquiera sabemos si duermes más de dos horas. -Dice Héctor con frialdad y agacho la cabeza.- No es tu culpa que un coche le golpease.
-Se saltó un Stop. -Digo molesta y Sam suelta una risa amarga.- Me vio besando a Alex, discutimos, le dije muchas cosas que no eran verdad y la última vez que le vi estaba destrozado. -Otra vez ese silencio.
-Él te va a perdonar, Nicky. -Dice Sam con la mirada clavada en sus pies mientras se rasca la nuca.- Un día estuve hablando con él sobre ti...
-¿Perdonar el qué a quién? -La voz de Ulises rebota en mi cabeza y mi subconsciente me golpea la frente por seguir fantaseando con su voz.- ¿Tan rápido cuentas nuestros secretos, hermanito? -Una mano rodea mi cintura y me empiezo a marear. Esto no puede ser verdad.


martes, 14 de enero de 2014

"Atrévete a quererme" Capítulo 7.

-¿Se puede saber qué haces? -Dice mirándome con desprecio. Su voz es dura, seca y puedo notar la decepción en cada una de las palabras. Miro a Alex y vuelvo a mirar a Ulises. ¿Dónde me he metido?
-Ulises... No es lo que parece. -Los brazos de Alex todavía están a cada lado de mi cabeza y suspiro empujándolo lejos.
-Vete a la mierda, Nicky.

Su voz rebota dentro de mí y mis lágrimas empiezan a caer. ¿Cómo le he podido besar? Corro detrás de él y agarro su mano para que me la aparte de manera brusca. Esto no puede estar pasando... ¿Qué había pasado? Me tambaleo y agarra mi codo fuerte para que no me caiga. Sus ojos están perdidos mientras noto un nudo en la garganta. Otra vez no puedo perderle. Levanto la mano pero la baja.

-¿Qué demonios te pasa a ti? ¿Has estado jugando conmigo todo este tiempo? Ya entiendo... -Suelta una carcajada irónica y la ira comienza a subir en su tono de voz.- ¡Me la querías devolver! Nunca pensé que serías así...
-¿Quieres dejarme hablar de una vez? Maldita sea, Ulises. -Grito desesperada ignorando que toda la gente de la calle nos mira.- ¡No le besé yo! ¿Qué pasa? -Río fuerte y me mira amenazante.- ¿Tú me puedes poner los cuernos porque "crees que era yo" la chica y yo automáticamente tengo que estar haciéndolo? ¡Serás hipócrita! -Su brazo me agarra con fuerza y lo aparto.- ¡Deberías ir a un psicólogo! Joder, Ulises.
-¡Cállate!
-¡No me da la gana! ¡Estoy harta! ¿Sabes qué no tengo por qué cometer tus errores? -Suelta una carcajada y me mira con asco.
-Eres una niñata mimada.
-¡Y tú un cabrón!
-Anda, ¡vete! ¡Vuelve con Alex! Quizá él sea capaz de entender tus malditos cambios de humor. ¡Estoy harto! Llevo semanas ignorando todo lo que haces porque confío en ti... Confiaba. -Dice bajando el tono y me hundo en mi propia mentira.- ¡Sabía qué todo esto iba a pasar!
-Eres... eres...-Busco la palabra pero no sale.
-¡Venga, dilo! ¿Niñato, imbécil, engreído, egocéntrico? ¿Asqueroso? O... Ah, sí. Pedante. -Dice soltando una carcajada. -Te odio.
-Sabes que eso no es así. -Digo susurrando esperando un silencio.
-Ya no sé quién eres, Nicky.
-Mira, en algo estamos de acuerdo. Todo esto era muy bonito para ser verdad, ¿no? Sin discusiones, ni razones para desconfiar ni terceras personas... ¡Pedazo de imbécil! ¿Qué tal si hablamos de aquellos malditos seis meses? ¿No quieres abrir el baúl dónde guardas todo eso? ¡Me muero por saber que número de tías te has tirado!
-¡Qué te calles! -Su ira cada vez es más evidente y limpio mi cara con los puños.
-No quiero.  Eres un mal...

Sus labios chocan con los míos y en mi estómago millones de mariposas revolotean. Me siento imbécil por haber besado a Alex... Es que, no lo entiendo. ¿Por qué lo he hecho? Sus manos agarran mi cara sutilmente y siento como las lágrimas se apoderan de él. Un millón de promesas rotas caen sobre nosotros y se aparta limpiándose teatralmente los labios.

-Eres asquerosa.
-¡Tú eres un maldito bipolar!
-¿Por qué...? -Dice mientras observo como sus lágrimas caen y su voz tiembla.
-No fui yo... Fue él. -Sentencio.
-Creo que tengo que pensar demasiadas cosas, Nicky.
-Por favor, no... Otra vez no... -Suelta una sonrisa triste y veo como sus ojos verdes están sufriendo.
-¿Los papeles han cambiado? -Dice negando con la cabeza y miles de recuerdos tristes vienen a mi cabeza. Las lágrimas me impiden ver bien pero el corazón me late fuerte. No puedo soportar que él se vuelva a ir... - Las segundas partes nunca fueron buenas.
-Ulises... -Suspiro en un sollozo y aparta la mirada.- Yo te quiero... -Digo en un susurro y no me mira. No contestas... Simplemente sigue quieto en el sitio.
-Tan cerca y a la vez... -Suspira nervioso y un puñal destruye mi pequeño corazón.
-¡YO TE AMO, ULISES FERNÁNDEZ! -Grito histérica pero sin conseguir nada en él.
-Lo siento, me tengo que ir... -Quiero pararle, decirle que lo siento, que he sido una estúpida pero me quedo quita viendo como él camina.
-Ulises, lo siento...

ULISES:

El dolor golpea repetidamente en mi corazón, me falta el aire y no dejo de ver a Nicky besando al imbécil ese. No pensé que esto terminaría así... Me limpio las lágrimas y subo a la moto poniendo el casco. Pienso en su sonrisa cuando la despierto a besos, en sus brazos sobre mi cuello, en sus libros sobre la cama cuando se queda dormida... No entiendo nada. ¡Estaba trabajando al lado! ¿Cómo ha podido? Acelero adelantando a todos los coches sin darme cuenta de la velocidad que llevo. Sus "te quiero" resuenan en mi cabeza, su risa ahogada, sus gritos de emoción cuando la sorprendo y...

Algo me golpea. Todo pasa muy rápido. Cierro los ojos mientras noto como mi cuerpo cae contra el suelo. La pierna me duele demasiado. Noto frío. Nicky, te necesito. Una luz me deja ciego y luego se apaga. Intento levantarme pero no puedo, la moto está encima. Oigo muchas voces y veo un charco de sangre a mis pies... Sus manos me ayudan, sí. Es ella. Me da igual todo el daño que ella pueda hacerme yo siempre la querré como a nadie he querido nunca. La luz vuelve a encenderse y me empiezo a marear. ¡Tengo que aguantar! ¿Nicky? No, ella no está aquí. Mis parpados empiezan a pensar y me remuevo en el suelo intentando apartarme de la moto pero no puedo. El sueño vuelve, no puedo aguantar. ¿Qué ha pasado? La risa de mi hermana, la sonrisa de Nicky, los abrazos de mis padres, las pequeñas peleas con mi hermano... Todo gira, gira y vuelve a girar. Sonrío débilmente y cierro los ojos.

NICKY:

Mi móvil suena y miro perezosamente la pantalla. Es Sam  y, realmente no me apetece hablar con él. Cuelgo la llamada y vuelve a sonar. Repito la acción hasta que mi móvil suena por décima vez.

-Nicky, ¿dónde estás? -Dice histérico y me quedo en el sitio.
-En la gran vía caminando para el piso, ¿estás bien? -Digo nerviosa y resopla.
-¡Ulises ha tenido un accidente!
-¿Qué? ¿Está bien? -Grito corriendo sin saber muy bien a dónde. -¿Dónde está?
-En el hospital de las afueras. No lo sé... Mamá no me ha dicho nada más coherente pero por su voz...
-¿Se va a...? -Trago saliva mientras ansío oír un no.
-Nicky es... -La llamada se corta.

miércoles, 8 de enero de 2014

"Atrévete a quererme" Capítulo 6.

Sus manos se deslizan hasta mi cintura despacio y no puedo reprimir dar un brinco por el susto. ¿No estaba dormido? Agarra la parte baja de mi camiseta tirando de ella hacia arriba y suelto una carcajada. Sus ojos siguen cerrados pero la sonrisa pícara que tiene ilumina su rostro. Dejo el libro que estaba leyendo en la mesilla y sonrío para mí. Observo las facciones de su cara detenidamente desde sus pestañas largas y muy oscuras hasta sus gruesos labios rosados. Sin abrir los ojos se desliza hasta quedarse encima mío y besa mi cuello, mi barbilla y se detiene cuando llega a la altura de los labios. Abre los ojos dejándome disfrutar de la infinita gama de colores que les dan vida y mis mejillas comienzan a arder. Enredo mis manos en su pelo alborotándolo y esbozo una sonrisa. Mi cuerpo está sometido a pequeñas descargas eléctricas que son lo único que me demuestra de que el tiempo sigue pasando por mucho que parezca que se haya detenido. Me inclino levemente pidiendo sus labios con la mirada. Su cuerpo responde haciendo el mismo pequeño pero gran gesto porque mi cuerpo empieza a vibrar al sentir el contacto de sus labios en los míos. Ese simple toque desata en mí una infinidad de reacciones que nunca lograré explicar. Hace que le besé por primera vez más de dos años y, a día de hoy, me sigo poniendo igual de nerviosa que aquel día. Le obligo a tumbarse encima de mí sin apartar nuestros labios y suelta un gemido leve. Muerde mi labio inferior mientras que un escalofrío recorre desde mis pies hasta mi nuca. No me podría cansar nunca de sentir esto. Deja de comportarse tan delicadamente y me vuelve a morder el labio inferior para luego deslizar su lengua por él. Abro ligeramente mi boca dejando paso a su lengua para encontrarme con el beso más atrevido que sus labios nunca me entregaron. Una pequeña sonrisa de tonta se me escapa y siento sus manos sobre mi piel desnuda haciéndome temblar.

-¿Sigues poniéndote nerviosa? -Dice con una sonrisa de tonto en sus labios.
-Como el primer día.
-¿Tan mal lo pasaste? -La carcajada me dice que se está acordando del desastre que fue.
-Contigo siempre, bicho.-Enarca la ceja y me mira travieso. Sus manos me quitan la camiseta y suspira observando mi cuerpo casi desnudo.
-Yo siempre te trato bien... Demasiado bien diría yo...
-Novecientos sesenta y dos días.
-Mientes. -Dice poniendo cara de horror y le miro confusa.
-Ah, ¿si?
-Si. Novecientos ochenta y seis días desde que me diste mi primer beso. -Una carcajada se me escapa al oír esas palabras y me mira con aires de superioridad.
-¡No era tu primer beso! -Esta vez ríe él y niego levemente con la cabeza.- ¿Llevas la cuenta?
-Sólo me acuerdo de las cosas que me importan y eso, me importa y mucho. -Beso sus labios y ríe entre ellos.- Y si, fue mi primer beso. Porque los demás no significaron tanto.
-¿Sabes que eres demasiado odioso?
-¿Sabes que eres demasiado bonita?

Su aliento golpea suavemente mi cara y cierro los ojos por inercia. Relajo los hombros y le miro directamente a los ojos. Sus labios vuelven a chocar contra los míos y mi corazón amenaza con salir disparado. Estaba segura de que podría Ulises sentirlo como si estuviese latiendo en él. Me incorporo y le empujo con una mano haciéndole caer de espaldas a la cama. Enarca la ceja proporcionándome una de sus sonrisas torcidas mientras ríe entre dientes. Gateo despacio en su dirección y se revuelve el pelo. Sus ojos se encuentran con los míos activando en mí una pequeña corriente de descargas eléctricas capaces de hacer que olvide todo lo que me rodea. Sus manos agarran mi cintura y se muerde el labio. Me lleva hasta su cuerpo haciéndome rodar en la cama situándole encima mío otra vez. Sus labios trazan un camino por mi cuello y suelto un suspiro. Me muerde la oreja y una risita ahogada sale de se garganta retumbando en mi corazón. Esto somos él y yo. Un tira y afloja. Una cuerda que siempre está tensa por lo diferentes que somos. Siempre queriendo llevar el control hasta que lo perdemos por el camino. Beso su clavícula y me dejo hacer. Porque, en sus brazos, estaba mi casa. Había conseguido clavarse en mi alma haciéndome sentir segura sólo cuando le tenía cerca. Necesitaba la necesidad de que Ulises me necesitara. Mi respiración se entre corta y le beso los labios. Sus manos me dibujan pequeños círculos por debajo de mi ombligo. Mis manos se deslizan a lo largo de su espalda sintiendo su piel erizarse.

-Ulises, hagámoslo.
-¿No lo íbamos a hacer? -Pregunta divertido y golpeo su pecho desnudo.
-¿Siempre tienes que ser tan mal pensado?
-Es el efecto que tiene tu cuerpo pegado al mío. -Dijo indiferente mientras ruedo los ojos. -¿Qué quieres hacer?
-Ser tuya.
-Ya lo eres. -Dijo serio mirándome a los ojos.
-Quiero ser completamente tuya. Sin peros, ni medias palabras, ni pasos en falso, ni lágrimas, ni malos ratos. Quiero que cada vez que me despierte estés tú abrazándome. Quiero hacer que cada día te vuelvas a enamorar de mí por un motivo diferente. Simplemente quiero hacerlo.
-No te entiendo, Nicky... -Se revuelve el pelo y me mira perdido.- ¿Qué quieres que hagamos?
-Ulises Fernández, ¿quieres darme el honor de ser la única chica para la que tengas ojos?
-Eso no te lo puedo prometer, Nicky... -Sus ojos desviaron la mirada y mi corazón se acababa de romper en un millón de pedazos.- No puedo prometer que siempre serás la única chica para la que tendré ojos.
-Creía que esto iba en serio... -No era capaz de encajar su contestación. Sus labios estaban mostrando una sonrisa traviesa que me duele mucho.
-Y todo esto es real. -Sus labios rozan mi mejilla y un vacío inunda mi corazón.- Pero para prometer eso necesitaría una bola de cristal para mirar el futuro y saber...
-¿Saber el qué? -Digo en un susurro intentando preparar a mi corazón para la respuesta.
-Si algún día una pequeña niña con tu sonrisa nos dará la mano a los dos. Porque, Nicky, si eso pasase ten por supuesto que la miraría con los mismos ojos que te miro a ti.

miércoles, 1 de enero de 2014

"Atrévete a quererme" Capítulo 5.

ULISES:
-¡SAAAAAAAAAAAAAAAAMUEL! -Corro detrás de él y suspiro cansado. Oigo como se ríe.
-¡No me mates! -Ríe y se esconde detrás de papá como cuando éramos pequeños.
-¿No vais a crecer nunca? -Dice papá negando con la cabeza.
-¡Pero si yo sólo quiero hablar civilizadamente! ¡Es él! -Empiezo a soltar carcajadas y Sam se inclina un poco para verme.
-¿Seguro? -Dice curioso y asiento levemente.
-Que sí, pesado. ¿Podemos hablar o no? -Digo negando. Cambio el peso de un pie a otro y cruzo los brazos.
-Vale. Pero como me pegues a papá que vas... -Dice en tono burlón y niego levemente.

Caminamos hasta mi cuarto y Sam se tira en la cama. Me siento en la silla del escritorio negando con la cabeza mientras él me mira curioso. Suelto una carcajada. Ya sabe por qué quiero hablar con él y eso es lo peor. ¡Cómo si hubiese sido alguna vez un cabrón con él! Su risa nerviosa me hace gracia y eleva una ceja haciéndose el interesante.

-¿Qué? -Dice gruñendo mientras me sigo riendo.
-Mec.
-Ja, ja, ja. Espera, repíteme el chiste que creo que todavía no le he encontrado la gracia. -Bufa.
-Si ya sabes que te voy a decir... -Me revuelvo el pelo nervioso y su sonrisa traviesa ilumina su cara.
-¿Dónde está mi hermano? -Dice burlón mientras se revuelve el pelo. - Tú antes no eras tan moñas.
-Es verdad... Yo como soy el guapo ligaba más. -Me lanza un cojín y lo cojo al vuelo.
-¡El guapo soy yo! ¡Más te gustaría serlo! -Se ríe y me mira curioso.- Aunque Nicky... Menudo cuerpo tiene. ¡Para! ¡Para! -Le lanzo el cojín y le da en la cara. -Le señalo enfadado con el dedo y pone cara de no haber roto un plato en toda su vida.
-Que sea la última vez que dices eso de ella. -Digo gritando.- Ella no es como las demás.
-Muy buena tiene que ser para que te hayas vuelto medio imbécil por ella. ¿Cuánto llevas babeando por ella? -Siento como mis puños se tensan y él se ríe.
-Bastante.
-¿Cómo aguantas? -Su tono de voz es serio pero aún así me da la sensación de que va a querer hablar seriamente de algo. Se sienta en el borde de la cama y me mira expectante esperando una respuesta. ¿Qué le pasa?
-No aguanto nada... -Elevo una ceja curioso.- Simplemente es diferente.
-Y, ¿Qué hay de todas las tías que te tirabas cuando lo dejasteis la primera vez? ¿Ellas no eran diferentes?-Suelto una carcajada y niego levemente.
-Sí, ¿no te acuerdas que no repetía?
-Ejem...Xanandra...ejem. -Suelta una carcajada y le miro con odio.- Lo siento. Pero, ¡no lo entiendo! ¿Qué te pasa con ella? Pareces otro... Tú no eras así. -Eleva los hombros a la vez que yo mientras soltamos también una carcajada a la vez.
-Es diferente. No es una tía cualquiera. Ya sabes... -Espero que Sam lo sepa por qué yo no entiendo nada.Suelto una bocanada de aire y saco un cigarro. Le ofrezco uno y me mira asombrado.
-¿Cómo lo sabes? ¿Cómo sabes que fumo?
-No soy imbécil. Eres igual de tonto que yo y cometes los mismos errores. No puedes quitarme un paquete entero y pretender que piense que es la enana la que fuma.
-Vaaaaaaale, fallo mío. -Suelta una carcajada y coge uno. Abro la ventana mientras se lo enciende y nos apoyamos los dos con los brazos fuera. Lo enciendo y él suspira.
-¿Sabes, hermanito? Estás...

El teléfono suena y veo el nombre de Nicky en la pantalla. Descuelgo y la oigo llorar. No dice nada, sólo llora. Por más que hablo ella no dice nada, sólo llora. Sam me mira curioso y me encojo de hombros. ¿Está en el metro? Oigo la músiquita que suena al llegar a la siguiente parada y no dice nada. ¿Qué pasa? De repente, se hace un silencio enorme y empiezo a gritar.
-Ulises, te quiero. -Susurra ella y la llamada se corta.
-¿Qué pasa?-Dice Sam poniéndose tenso.
-No tengo ni idea. -Vuelvo a llamar y salta el buzón. Repito dos veces lo mismo y nada.

Llamo a Andrea y ella no sabe nada. Dice que todavía no había llegado a casa y que seguramente no sea nada. Siento como me pongo nervioso y cuelgo. Saco otro cigarro y fumo histérico. Sam está a mi lado, en silencio, observándome. Me muevo en el sitio esperando que el móvil vuelva a sonar pero nada.

-¿Si la voy a buscar?
-¡Hay muchas paradas de metro! ¿Estás loco? -Dice Sam sonriendo levemente.- Espera a que ella te llame, no puedes hacer más. Quizás no sea nada... -Suspiro y asiento levemente.
-Espero que no la haya pasado nada...
-¿Lo ves? Estás perdido.
-¿Qué? -Digo serio mientras lo escruto con la mirada. Está realmente serio.

Lleva tiempo distante de todos y de todo y me he preocupado demasiado. Incluso cuando el accidente de papá ni fue al hospital... Me dijo que no quería saber nada y luego Neit me contó que le había visto borracho perdido en un bar. Vale, no es el chico más sentimental del mundo pero este último año había hecho demasiadas bobadas como esa y no sé, parecía que no existía en la familia... Nos habíamos distanciado, más bien se había distanciado él, y nunca me ha contado realmente que le ha pasado. Tampoco le he presionado nunca para que lo haga, pero es mi hermano ¿cómo no me voy a preocupar por él?

-Estás perdido. ¿Qué te pasa, tío? -Dice agachando la cabeza.- Tú nunca te habías preocupado tanto por ningún rollo.
-Es mi novia, Sam... -Digo en un susurro.
-Aún así. Antes también lo era y no hacías todo lo que haces ahora... -Dice mirándome en silencio.
-No te has enamorado nunca, ¿verdad?

Genial. Encima de estar preocupado por Nicky y no poder saber qué cojones pasa con ella ahora Sam me necesita. ¿Estos dos se ponen de acuerdo telepáticamente?

-Sí, o...-suspira- eso creía.
-¿Creías?¿Has tenido novia? -Le miro confuso y asiente. Creo que todo me va cuadrando.
-¿Entonces? ¿No lo sabes? Y, ¿todas las chicas?
-De una noche. ¿Qué te pasa a ti con Nicky? ¿Por qué te ha cambiado? -Dice en silencio y saca otro cigarro.
-Ella no me ha cambiado Sam... Es eso lo que tienes que entender...
-Pero... Si ella hubiese sido otra chica... Mira el día de la boda... Siempre hablas de ella... Papá y mamá hablan de ella... No sé... ¿Estás enamorado de ella? -Dice confuso mientras sigue fumando en silencio.
-Es obvio que sí, ¿no crees?
-Pero... Nicky es una chica normal... A ver, normal no es la palabra adecuada... Pero hay más como ella.
-Te aseguro que no. ¿Te has preguntado por qué mamá y papá llevan casados más de veinte años? ¿Te has fijado en lo que adora papá a mamá o como ella le mira?
-¿Qué tiene que ver? ¡Son padres!
-Ya... Pero antes de ser padres, fueron pareja a secas.
-No entiendo... ¿Qué satisfacción le encuentras? Llevas meses y meses con ella. Una novia es siempre la misma, el mismo cuerpo, la misma voz, los mismos besos, las mismas cosas... ¿No te aburre?-Suelto una carcajada y me acerco a él. Le paso el hombro por encima y me mira triste.
-No es aburrido si te hace feliz, si te llena, si hace que tu corazón se acelere con sólo pensar en ella.
-Entonces... -Me mira curioso y tira la colilla por la ventana.- ¿Qué es estar enamorado para ti? -Me siento otra vez y miro por la ventana como pasan los coches. Sé que me está mirando en silencio esperando la respuesta... Pero no sé como decirla.
-Bueno... -Suspiro.- Lo de las malditas mariposas en el estómago ya lo habrás oído cien mil veces, así que tendré que decirte que me pasa a mí para que no te diga lo típico. Yo no soy muy listo en estos temas pero cuando lo dejamos me di cuenta de que era diferente. Al principio era atracción física, ya sabes... besos, caricias, y... bueno. Yo lo interpretaba de otra manera porque estaba convencido que no me iba a enamorar de ella. Pero se fue. La cagué y me dejó. Está parte la conoces bien así que no hace falta que te recuerde todo lo que hice cuando salía de casa.
-Llorabas de vez en cuando. -Dice sin dejarme terminar y le miro directamente. -Te oía.
-Si, lloré. ¿Cómo nunca me dijiste nada?
-Porque pensaba que te ibas a enfadar conmigo o que pensarías que te espiaba o algo así... Supongo.
-La verdad es que si lo hubiese pensado. -Sonrío y me guiña un ojo.
-Sigue.
-Pues sigo... -Suelto una pequeña carcajada y pone los ojos en blanco.- Me sentía vacío, imbécil y un día, no sé cómo ni por qué, me la encontré. Ahora entiendo lo que dicen las canciones de amor, las novelas que ve mamá y lo que dicen los Twistars. Me he dado cuenta de que necesito más de ella que cuatro besos. Supe que era diferente en el momento que me di cuenta de todas las cosas que me pasan cuando hablo, pienso o la veo a ella.
-¿Qué pasa?
-El cuerpo te manda indirectas. No estás así de bobo porque al cuerpo le apetezca. La primera vez que estuve con ella me sudaban las manos, me temblaba todo el cuerpo y no dejaba de sonreír como un tonto sólo cuando la veía cada vez más cerca de mí. Estaba acojonado. Nunca me había pasado esto y dudo que me vuelva a pasar. Soy incapaz de entender como una persona tan diferente a mí es capaz de causarme esa sensación. ¡Me gusta de ella hasta las cosas que no soporto de los demás! No sé, la comparo con las demás y sólo te puedo decir que es diferente. Me gusta hasta enfadada cuando le salen dos marcas encima de la frente porque abre mucho los ojos o la voz de pito que pone cuando está realmente molesta. Hace que me ponga nervioso sin tocarme. Pero no son nervios de me está sacando de quicio. Simplemente es como reacciona mi cuerpo ante ella. Además, nunca he tenido celos ni miedo de perder a nadie. Todas las chicas pasaban por mi vida durante unas horas y luego, si te veo no me acuerdo. ¿Sabes? Pero llega una que no te deja pasar a las siguientes porque se adueña de tu alma hasta el punto en el que te sientes demasiado poco para ella. No entiendo por qué tiemblo cuando la tengo cerca y por qué la echo de menos después de verla. No me acostumbro a las sensaciones que tengo cuando me besa o cuando me despierto con ella abrazada a mí. Sam, estoy perdidísimo.
-Das miedo diciendo todo esto, hermano. -Me pasa el brazo por el hombro y suspiro.
-Imagínate sentirlo y no saber como interpretarlo.
-¿La quieres?
-Más que a nada... Consigue que sienta cosas que nadie me ha hecho sentir nunca... Y eso me sigue asustando.
-Pero, ¿ella siente lo mismo?






Al mismo tiempo, en otro lugar de la ciudad... 
NICKY:
Soledad. Un metro. Nervios. Muchos nervios. Sudor en las manos. Suspiros. Frío. Una mirada. Ganas de gritar. Un nudo en la garganta. Empiezo a sentir el pánico. No puedo escapar.  Miles de pensamientos golpean la mente a la vez. La música cada vez se oye más lejos. Corro. ¿Nicky? Un susurro. Ulises, te quiero. La llamada se corta.

Hace media hora estaba saliendo de casa como cualquier otro día. No debí coger el metro y no debí subirme a este vagón. ¿Por qué la casa de Ulises tenía que estar en las afueras? El pánico recorre cada parte de mi cuerpo y me siento pequeña, frágil, desprotegida. El trayecto de una parada a otra se me está haciendo eterno. Los segundos pasan más despacio y no hay nadie más en el maldito vagón. Bajo el volumen de la música para poder oír lo que pasa. Silencio. Me fijo en la ventana del metro y veo su reflejo. Una lágrima cae por mi mejilla al darme cuenta de que está más cerca de mí. ¿Qué quiere? ¿Dinero?¿Mi móvil? Su mirada sigue clavada en mí. ¿Debería bajarme en la siguiente estación? Me levanto despacio para caminar al siguiente vagón. El metro se detiene poco a poco obligándome a mirar por la ventana. La estación está vacía. ¿Dónde está todo el mundo cuando se les necesita? Acelero el paso hasta cruzar el siguiente vagón y nada. Me giro despacio, sintiendo el mayor agobio del mundo, y le veo de pies caminando en mi dirección. No volveré a subirme en la última maldita parada del metro. No volveré a sentarme en el último vagón. ¿Qué pasa conmigo? Me muerdo las uñas y siento un escalofrío recorrer mi espalda. Sigo caminando y veo un vagón por delante. Corro literalmente mientras mis lágrimas no dejan de caer nublándome la vista. Caigo al suelo soltando un grito. Vuelvo a mirar atrás, con la esperanza de que no esté pero sigue ahí, caminando en mi dirección causándome el mayor miedo que he tenido nunca. En su cara veo una sonrisa y sigo llorando sin poder reprimir mi angustia. Está a menos de diez metros de mí y yo sólo quiero salir de ahí. ¿Por qué a mí? Me aferro llorando a la parte de abajo de un asiento nerviosa y cerrando los ojos sollozando. Necesito ayuda. Desde que subimos al metro no dejaba de mirarme y su mirada me trasmitía odio.

-¡Déjame, por favor! -Grito con los ojos cerrados haciéndome cada vez más pequeña.- ¡Déjame ya!

Silencio. Abro los ojos y está a menos de dos metros sonriendo como un psicópata. Flexiono mis rodillas hasta mi pecho y escondo la cabeza en ellas. Más lágrimas. Quiero salir de aquí. La puerta del metro se abre en la siguiente parada y abro los ojos despacio. Los siento hinchados, doloridos, mientras me cuesta respirar. Suelto un sollozo intentando enfocar con claridad.

-¿Nicky?-Una voz conocida hace que mi cuerpo tiemble.

Le abrazo fuerte sin dejar de llorar, sin dejar de temblar, sin pensar. Está agachado en frente de mí abrazándome con cuidado mientras me desahogo. Su cuerpo es fuerte, de complexión grande, y a pesar de estar agachado me saca una cabeza. Su olor me envuelve haciendo que mi piel se erice. Huele extremadamente bien.  No huele a una colonia, ni a un gel, ni es el champú... Es una mezcla que crea una armonía capaz de hacerme dejar de pensar. Me aparto un poco avergonzada, en silencio, y me quedo atrapada en sus ojos. Creía que sus ojos eran negros... Sin darme cuenta, ni saber cómo,  estabamos sonriendo los dos. Con sus pulgares retira las lágrimas que había dejado caer suavemente y vuelvo a abrazarle. Por encima de su hombro busco al señor tartamudo que venía detrás mío y no le encuentro.

-Me has salvado la vida...-Susurro con un hilo de voz.
-¿Qué ha pasado?-Dice acariciando levemente mi mejilla. 
-No te vayas, por favor... -Susurro agarrando su mano.
-Shhhh... tranquila. No me voy a ir a ningún sitio... -Me rodea con sus brazos y vuelvo a llorar.- Vamos a salir de aquí,  anda... 

Y me doy cuenta de toda la gente que nos rodea mirando curiosa. Él está de pie, a mi lado, teniéndome la mano sin apartar la vista. Le agarro débilmente las manos y me tiemblan las piernas. El metro se detiene y bajamos. ¿Dónde estamos? La luz comienza a cegarme, mi respiración sigue agitada y me siento mareada. Me detengo cerrando los ojos y veo a Ulises, sonriendo, feliz. Pero al abrir los ojos veo un rostro diferente, más serio y más frio, extraño.  Por una vez puedo descifrar algún sentimiento en su rostro.  Preocupación. Sus ojos trasmiten preocupación y no me gusta mucho ser la causa. Agarra mi mano con fuerza y me lleva hasta la salida. Pasa dos veces la tarjeta mientras le miro curiosa y me sonríe. 

No sé cuanto tiempo ha pasado desde que salimos del metro pero no parábamos de andar. No conocía esta zona de la ciudad pero me parece preciosa. Entramos en una pequeña cafetería y nos sentamos al lado de la ventana. El silencio que habíamos mantenido hasta el momento era incómodo. Nunca había tenido tanta "confianza", por decir algo, con una persona tan desconfiada. Le estoy observando en silencio mientras camina hacia la barra y no puedo evitar fijarme en su ancha espalda. Bien, sonará raro, pero desde que era pequeña lo que más me llama la atención de los chicos es su espalda. No hay una receta mágica para tenerla... o la tienes o no. La suya es ancha, marcada y, por lo que había comprobado, fuerte. La camisa de manga corta azul le marcaba los músculos y... Nicky deja de pensar así.  Suspiro avergonzada y zarandeo la cabeza. ¿Por qué he pensado eso?  Suelto una pequeña risita nerviosa y se gira con el ceño fruncido. Una pequeña sonrisa aparece por una milésima de segundo en su rostro iluminando sus ojos. Me fijo en ellos... es posible que sean grises oscuros pero negros no pueden ser, son demasiado claros. Sus mejillas, llenas de pequeñas pecas, esconden una línea diagonal blanca. ¿Qué le pasó para tener una cicatriz? 

-¿Nicky? -Su ceja se eleva haciendo una curva pequeña que encuentro adorable. ¿Cómo ha vuelto tan rápido?
-Ehhhh...-consigo decir nerviosa y mueve la cabeza.
-¿Qué te pasaba en el metro? -Su voz era dulce.  -¿Por qué llorabas?
-Me seguía... -Cierro los ojos y veo su cara de psicópata. Mi cuerpo se tensa y las manos me tiemblan. Me muerdo el labio y un ruido sale por mi garganta.- Al principio sólo me miraba... Y luego... -Las lágrimas volvían a caer por mi cara. - No sé... 
-¿Le conocías?
-No... No sé... Creo que no... 
-Deberías ir a la pol...
-No. -No le dejo termirar la frase y me mira en silencio. Doy un trago a lo que me ha comprado y gesticulo exageradamente. Sabe raro.
-Es valeriana. 
-Lo sé, tengo ataques de ansiedad. -Sonrío falsamente y susurra algo que no entiendo.-Voy a por azúcar. 
-Toma. -Me da tres azucarillos y noto como mis ojos se abren más de lo que deberían. -Te vi tomarlo en el trabajo un día de partido. 
-Gracias...

El silencio vuelve. Noto que me está mirando y suspiro. Cuando he terminado de echar los azucarillos revuelvo y me lo bebo de un trago. Estamos sentados en frente el uno del otro. A través del pelo puedo observar como deja un paquete de clinex sobre la mesa y como la mano lo empuja en mi dirección. Otra vez ese tatuaje.... Le miro a los ojos y suelto un 'gracias' casi inaudible y sonríe. Definitivamente sus ojos son grises pero el borde es de color negro. Da un sorbo a su café y suspira.

-¿Cómo te puedo agradecer lo del metro? -Suelto de repente sin saber muy bien qué ofrecerle.
-Con un gracias basta. -Dice sonriente.- En realidad, no he hecho nada... Sólo entraba al metro por casualidad...
-Pero a algún sitio irías y por mí culpa... Estás aquí.
-Da igual, no tengo prisa. ¿Quieres que te acompañe hasta casa? -Dice curioso y asiento rápidamente.
-Me da miedo ir sola en el metro ahora... -Suspiro y me limpio la cara con el clinex.
-Tranquila... ¿Vives lejos?
-A una parada de aquí.
-¿Prefieres que vayamos andando?


Al cabo de un rato llegamos al portal y le sonrío débilmente. Le invito a subir a comer pero le veo algo incómodo. Veo como camina por la calle y suspiro. Mi móvil no tiene batería pero... por un momento le grito. Alex se gira curioso y camino hacia él. Sé que no es muy lógico, pero me gustaría poder hablar más con él. Al fin y al cabo, él quería ser mi amigo...

-¿Quieres tomar un café después de comer? Podemos quedar en el bar de aquí a las tres... -Digo nerviosa y asiente.
-Pero sólo el café. Luego tengo que hacer cosas y no puedo quedarme...
-Vale. A las tres como un reloj estoy en el bar... -Sonríe y se gira sin decir nada.

Tendré que dar muchas explicaciones a Ulises en cuanto suba... Al tocar el timbre, entro y al llegar al piso Héctor me mira serio. Suelta un "La que te espera con Andrea..." y luego se ríe apartándose de la puerta. ¿Andrea? Ella no sabía nada. Cuando entro, me doy cuenta de que Héctor estaba sin camiseta y que igual he interrumpido algo pero en seguida anulo ese pensamiento al ver la cara de Andrea.

-¿Estás bien? ¡Nos tenías histéricos! -Dice mientras me da un abrazo fuerte.- Ha llamado Ulises hace media hora nervioso porque estabas llorando y sabía que estabas en el metro. Viene en breve, ¿se puede saber que narices pasa y por qué no coges el móvil?

Me siento en la mesa de la cocina y empiezo a llorar. Héctor me rodea con su brazo y Andrea me aprieta la mano mientras le cuento todo lo que ha pasado. Cuando digo el nombre de Alex, ella suelta una carcajada y Héctor nos mira confusas. Me limpio las lágrimas con los puños y me empiezan a temblar las piernas. Siento el costado del cuerpo de Héctor apretándome fuerte contra él y veo a Andrea soltar algunas lágrimas también. No se pueden imaginar siquiera que miedo he tenido que pasar... El timbre suena. Supongo que es Ulises y bueno... No quiero que se preocupe más de lo que ya estará. Cierro los ojos y la mano de Andrea me suelta.

-Nicky... -La voz de Ulises me tranquiliza pero permanezco con los ojos cerrados.
-La han seguido en el metro y si no llega a ser porque Alex entra en una parada no quiero imaginar que la hubiese pasado... -Dice Héctor tranquilo como si estuviese hablando del metro y abro los ojos. Los dedos de Ulises se enlazan con los míos y veo su rostro desencajado.
-A partir de ahora voy a ser tu chofer. -Dice con tono burlón y suelto una carcajada.
-Gracias... -Me da un beso en la frente y me seca las lágrimas.
-¿Estás bien? ¿Te ha quitado algo? ¿Lo has denunciado?
-Si. No y no pienso denunciar nada. Por favor, os lo pido a los tres. No digáis nada a nadie no quiero preocupar a nadie por algo que no ha pasado.
-Pero Nicky... -Dice Andrea mientras Héctor la abraza.
-No hay pero que valga. A partir de ahora, la mañana de hoy no ha pasado. No quiero volver a tener que pensar en ello nunca.




domingo, 29 de diciembre de 2013

"Atrévete a quererme" Capítulo 4.

Llevo todo el día con unos tacones de quince centímetros. Llevo más de cuatro horas bailando. Llevo todo el día conociendo a gente. Llevo todo el día con una sonrisa en mi rostro. Me recuesto en el coche y me envuelvo en la chaqueta de Ulises. Aparca el coche en su calle y suspiro cansada. Se suelta el cinturón de seguridad y me mira sonriendo. Maldición. Sonrío yo también y le miro confusa. Se revuelve el pelo y me mira extrañado.
-¿Te quieres quedar a dormir aquí o simplemente subimos?-Dice mientras abre su puerta y sale.

No sería mala idea. No tengo ganas de moverme, me siento demasiado agotada. Agarro el ramo de flores y le miro como camina al rededor del coche. Suspiro cansada y abro la puerta a desgana. Son las tres de la mañana, no hace especial frío pero me siento congelada. Poso los pies en el suelo impulsándome para salir. Venga, Nicky. Que no tienes ni que subir andando... Le doy la mano que tengo libre y cierra la puerta del coche. En menos de cinco minutos ya estábamos en el piso. Dejo las flores en el salón para poder quitarme los malditos zapatos y gemir de placer.

-¿Quieres algo? -Pregunta desde la puerta quitándose la corbata y desabrochando un par de botones de su camisa.
-¿Tú vas a tomar algo? -Pregunto extrañada y asiente levemente.- Pues... lo mismo.

Sonrío dulcemente quitándome su chaqueta y llevándola a su cuarto. Al posarla en la silla que había, me fijo en el marco que está al lado de su cama. Me siento observándola despacio y paso los dedos por encima del cristal. La vuelvo a dejar en la mesilla para volver al salón. ¿Neit? Le veo sentado con una botella enfrente y dos vasos. ¿Más alcohol? Me abalanzo sobre él y le beso ferozmente los labios. Sus manos se colocan en mis muslos y suelta una carcajada. Le beso la punta de la nariz y le abrazo fuertemente.

-¿Y esto?-Pregunta divertido.
-Te quiero mucho, Ulises Férnandez. No lo olvides. -Susurro cerrando los ojos sobre su pecho.
-Yo también te quiero, preciosa.

Se incorpora dejándome sentada en su regazo y cojo los vasos. Le doy uno de los dos para poder dar un trago al mío. Genial, Nicky. Empieza a controlarte desde ahora o volverás a sentir el alcohol corriendo por tus venas. Miro curiosa a Ulises y los dos sonreímos a la vez.

-¿Neit? -Pregunto observando el salón. Normalmente había cosas por ahí tiradas suyas pero ahora parecía que no estuviese viviendo siquiera allí.
-¿Te acuerdas que siempre bromeaba con que iba a quedar con una morena de impresión?-Dice con una leve sonrisa en la cara y asiento.- Pues parece que van en serio... Hasta se ha quedado un par de noches aquí. -Mueve la cabeza pensando algo y suelta una carcajada.- Puse una norma nueva después de esas dos noches.
-Me la imagino. -Carcajeo levemente y entierra sus labios en mi cuello.- ¿También me afecta a mí?
-A ti en exclusiva. Siempre bromea diciendo que te ve más a ti aquí que a mí. -Inclino mi cabeza a un lado y le miro haciéndome la enfadada.- Es broma, nena.
-¿Qué os ha dado hoy a tu hermano y a mí llamándome con un mote? Mis padres me pusieron el nombre por algo... -Suelto una carcajada y bebo todo de un trago para poder dejar el vaso en la mesa.
-Sólo decimos verdades... -Repite lo que acabo de hacer y me indica que rellene los vasos.
-¿Te pasa algo? -Digo en un susurro y muestra su maldita y sexy sonrisa torcida.
-¡Deja de preguntar cosas hoy, Nicky! -Carcajeo y suspiro. -¿Qué quieres saber más de mí, si ya lo sabes todo?
-¡Todo no! No sabía que tenías carné, ni que las liabas tanto de pequeño... -Suspiro molesta.- ¿Hay algo más que deba saber de ti?
-Si.
-¿El qué? -Gruño y eleva la ceja. Se bebe el vaso de golpe y cierra los ojos. Rellena el vaso y se lo vuelve a beber de un trago.
- Me da miedo perderte. -Me mira pidiendo auxilio y entonces soy yo la que se bebe el vaso de golpe. No iba a beber más porque ya estaba sintiéndome algo mareada.
-¿Por qué dices eso? -Le miro a los ojos y puedo ver algo triste en su mirada.
-Porque presiento que va a pasar y... -Le pongo el dedo en los labios y automáticamente se calla.
-Olvídate de eso. No va a pasar.

Sus labios besan lentamente mis labios y sonríe feliz. Miro las flores y sonrío de oreja a oreja. Arquea una ceja satisfecho y me coge en brazos. Camina hasta su cuarto y nos tumba en la cama. Miro el vestido y suspiro. ¿Con qué duermo?

-¿Me puedes dejar algo para dormir? -Le pregunto mientras me incorporo.
-¿No ibas a dormir desnuda?- Su mirada es traviesa y puedo adivinar que está pensando.
-Lo había pensado... Pero, con un chico al que no conozco no lo veo conveniente y ya que me dejas dormir en tu cama... -Sonrío y se desabrocha la camisa. Se la quita y me la lanza.
-Ponte esto boba.

Camino hasta el baño y cuando voy a cerrar la puerta pone el pie mirándome.
-¿Desde cuándo te escondes para cambiarte? Creo que ya he visto todo lo que tenía que ver... -Hace un puchero y suelto una carcajada.
-Quería desmaquillarme, pero bueno. -Sonrío.- También puedes mirar.

Y así lo hace. Se apoya en la puerta mientras observa como me desmaquillo con una de mis toallitas desmaquillantes. En realidad, no me extraña que Neit y Ulises hablasen de poner ciertas normas. Tenía cosas mías por todo su piso, igual que Ulises en el mío, y tenía que ser incómodo. Andrea y yo no parábamos de reír cada vez que yo me encontraba algo de Héctor y ella, de Ulises. Un día me encontré unos pantalones en la puerta de mi cuarto cuando volvía de trabajar y no pude reprimir una carcajada. Al final, Héctor había alquilado el piso con nosotras, lo cual era muy violento para mí porque aunque sea mi mejor amigo... No sé. Es extraño. Ulises empieza a silbar y le miro soltando una risita nerviosa. Me abrocho los primeros botones de su camisa y recojo todo.

-¿Podemos hacer una cosa? -Le pregunto mientras salgo detrás de él del baño.
-¿El qué?
-¿Dormir? ¡Estoy muerta! -Suelta una carcajada y pone una cara exageradamente extraña.
-Si, por favor. Llevaba toda la vida soñando con este momento. Te quiero. -Me empieza a dar vueltas en brazos mientras río como loca.- Te quiero. Te quiero. Te quiero. -Me tumba en la cama y se quita los pantalones. Suspiro y siento como todo el cansancio se me acumula de golpe.- ¿Podré mantenerte despierta un rato? -Pregunta sonriendo.
-No lo creo... -Se tumba a mi lado y apoyo mi cabeza en su pecho.- Ha sido un día muy largo sobre unos tacones demasiado altos. -Suelta una carcajada y pasa un brazo por mi espalda obsequiándome con caricias leves. Definitivamente, me quedaban tres minutos despierta.
-Yo hubiese preferido que fueses desnuda... -Dice en tono burlón.
-¿Con tu hermano llamándome bombón?-Se queda en silencio un minuto y, aunque no le vea, sé que a tensado la mandíbula.
-Mejor lo reservo para mí en exclusiva. -Sonrío satisfecha y le beso el abdomen desnudo.
-Buenas noches, Ulises. Te quiero.
-Te quiero.

Su pecho se movía lentamente de arriba a abajo. Su brazo seguía haciendo caricias en mi espalda y, con la otra mano, me tapaba con cuidado. Siempre se preocupaba por mí, aunque no fuese necesario, hasta el punto de hacer pequeñas cosas como taparme. Siento como me besa la frente y susurra un "Descansa, pequeña." mientras su mano seguía dibujando sobre mi espalda. Su respiración en mi oído antes de dormir era mejor que cualquier nana jamás cantada. No necesitaba más para dormir tranquila, porque sabía que al despertar todavía seguiría ahí.

"Atrévete a quererme" Capítulo 3.

NICKY;

Caminaba nerviosa de la mano de Ulises al bajar del coche de sus padres. Todavía no entendía porqué me habían invitado a la boda de su prima. Un escalofrío recorre mi espalda, e instintivamente aprieto ligeramente su mano.Un hermano de Ulises estaría también pero yo no le conocía debido a que no pasaba mucho tiempo en casa y sólo la había visto una vez en toda mi vida. Aunque me había hablado mil veces de él, sabía que tenían una estrecha relación. Sam era de mi edad y, para Ulises era complicado a veces la relación que tenían puesto que sólo le sacaba un año.

-Preciosa, espera un minuto. -Su brazo me hace frenar y le miro extrañada. Una pequeña sonrisa se muestra en la comisura de sus labios y me tranquilizo al instante. Busco sus ojos y se revuelve el pelo levemente esperando que sus padres y su hermana estén demasiado lejos.- ¿Podemos hablar un minuto?

Asiento levemente mientras enarco una ceja. Aunque estaba sonriendo yo no entiendo porque está tan nervioso. Casi nunca se muestra así, siempre suele estar seguro de sí mismo. Su pulgar está acariciando el dorso de mi mano y lo miro nerviosa. Intento armarme de valor para mirarle a los ojos pero, desgraciadamente, vuelvo a observar el traje que lleva y lo bien que le sienta. Nunca antes le había visto vestido así y era una pena, porque favorecía su cuerpo.

-Nena, tienes que dejar de mirarme así. -Dice espetando y sonrío maliciosa. Coloco bien su corbata rompiendo la distancia que separaba nuestros cuerpos y me devora con la mirada.- ¿Te he dicho lo difícil que se me está haciendo hablar coherentemente contigo mientras llevas ese vestido pequeño? -Su mirada era burlona pero su voz ronca me había hecho erizar la piel.
-Creí que te gustaba... O eso me habías dicho cuando me fuiste a buscar a casa...-Susurre con un hilo de voz.- Pero... Si lo prefieres... -Seguía jugando con su corbata sin mirarle a los ojos.- Me lo puedo quitar.

Oigo como traga saliva y no puedo evitar soltar una carcajada. Niega levemente y me agarra con su mano la mejilla. Le miro a los ojos y puedo imaginar lo que está pensando sólo con ver su sonrisa de suficiencia. Este iba a ser un día entretenido.

-Mmmm... -Ronronea.- Eso suena demasiado bien... pero, creo que tendré que esperar hasta que acabe la boda. - Su mano se coloca en lo más bajo de mi espalda y me estrecha hacia él. La mano que tiene libre la introduce en el bolsillo de su pantalón y le miro curiosa.- Creo que te debo algo... ¿no? Al fin y al cabo,  el trato era que para recibir tu regalo por nuestro mes juntos tenías que venir hoy... -Su voz era demasiado ronca y me estaba produciendo miles de escalofríos.

-¿Lo has traído? -Pregunto curiosa mientas afirma levemente.

Nerviosa empiezo a jugar con el vuelo de mi vestido. La verdad, era un vestido sencillo pero cuando lo vi en la tienda me enamoré de él. La parte superior era de lentejuelas plateada hasta el ombligo, después había un cinturón apretando mi cintura a juego de la falda con tres volantes blanca. Había elegido con Andrea unos tacones bastante altos de brillantes plateada a juego del vestido y sinceramente, me veía guapa así vestida.
Ulises está buscando en su bolsillo algo con una ligera sonrisa en su cara y saca una pequeña cajita negra de terciopelo.

-Ábrela. -Me ordena a la vez que la posaba sobre mi mano. Con cuidado, levanto la tapa y abro los ojos como platos.
-¿Estás loco? ¡Esto te ha tenido que costar muchísimo! -Me mira serio y niega levemente. Sabe de sobra que me ha encantado. Paso las manos por encima de la clave de sol plateada y me fijo en el diamante pequeño que la decora.- ¡Es precioso! ¡Pónmelo, por favor!

Sus manos cogen con cuidado el colgante y suspira feliz. Me aparto el pelo, liso, a un lado y me lo pone. Cuando acaba, pasa sus labios por mi cuello haciéndome estremecer. Contengo la respiración a medida que sus labios van acercándose a mi clavícula y suelto una risa nerviosa para terminar mordiendo mi labio inferior. ¿Qué nos pasa hoy? Agarra mi cintura con seguridad y me hace girar dejándome a escasos centímetros de sus labios.

-¿Qué tal me queda...? -Pregunto con una sonrisa sincera y desplaza su mirada por todo mi cuerpo para acabar mirándome a los ojos.
-Estás preciosa. - Su cara sin embargo me trasmite tristeza y el sonrojo que coloreaba mis mejillas desaparece.-Debemos entrar antes que la novia... ¿Preparada? -Susurra posando su frente en la mía.
-¿Seguro que quieren que vaya?- Pregunto con voz temblorosa y cierro los ojos.
-Creo que la novia, cuando te vea, te va a echar. -Abro los ojos como platos y se ríe al ver mi cara de horror.- Le haces la competencia.
-Imbécil.
-Preciosa.
-Bobo.
-Preciosa.
-¡Deja de decir eso!-Le golpeo levemente en el pecho.
-¿Volvemos a los viejos tiempos?

Abro la boca para contestar pero sus labios están contra los míos haciéndome callar. Un gemido sale del fondo de mi garganta y siento como sonríe sobre mis labios. Su cintura me hace estrecharme completamente en su cuerpo y abro levemente la boca dándole paso a su lengua. Una sensación conocida aparece en mi estómago y guío mis brazos hasta sus hombros. Cuando estoy a punto de marearme por la falta de oxígeno se aparta sonriendo. Me coge de la mano y caminamos hasta el fondo de la iglesia.

Al entrar todo el mundo decía cosas como "¡Cuánto tiempo!", "Que bien se te ve","Hola, Ulises" y luego se daban cuenta de nuestra mano entrelazada y me miraban curiosos.

La madre de Ulises nos estaba haciendo señas para que viésemos los dos huecos libres que había guardado junto a ellos. Al llegar, me sentí mareada de los nervios. Vi a una señora mayor con un gran parecido a el padre de Ulises y a un señor que podría parecer casi su gemelo. Di por hecho que eran su tío y su abuela y que las personas que estaban sentadas junto a ellas eran sus respectivas familias. Ulises les saluda animadamente y siento como mis mejillas arden. Cuando nos sentamos en el banco, un chico castaño con ojos verdes se sienta a mi lado y me sonríe ampliamente. Minutos después la música empieza y todos nos levantamos a la vez. Todo el mundo se gira a ver a la novia, todo el mundo menos yo que me fijo en la sonrisa amplía y sincera del novio. Por un momento, siento celos. Me gustaría que un día sea Ulises el que me mira así mientras camino hacia él nerviosa por no caerme con el vestido. La mirada que transmite el novio es de felicidad, amor y de asombro. ¿Acabaríamos así Ulises y yo algún día?


Después de la misa, un fotógrafo no dejaba de sacar fotos a todo el mundo. Cuando era el turno de la familia de Ulises le pedí que fuese él sólo porque yo no pintaba mucho en la estampa familiar. Pero, para mi desgracia, aquí estoy yo posando con Ulises para otra foto más juntos. Flash. Era la hora de ir al hotel donde vamos a comer y Ulises me guía hasta un coche plateado aparcado a la derecha de la iglesia. Frunzo el ceño y suelta una carcajada.
-¿No vamos con tus padres?-Pregunto extrañada y curiosa.
-No. Sólo hemos venido con ellos porque mamá estaba empeñada que era lo lógico. -Saca la llave del bolsillo y le miro extrañada.
-¿Desde cuando conduces? -Enarco una ceja y niega levemente.
-Que no tenga coche no quiere decir que no tenga el carné. -Sonríe travieso y le miro algo confundida.
-¿Te has sacado el carné de coche y no lo sabía? -Levanto una ceja algo sorprendida y asiente. - Capullo. -Sonrío y me guiña un ojo. Me da un beso en la mejilla como si fuese la persona más traviesa del mundo por haberlo hecho y suspiro molesta.-¿Desde hace cuanto?
-Poco antes de que volviésemos. -Me mira confuso al ver mi cara de horror.- Tengo el carné de moto, por lo tanto, sólo tengo que sacarme el práctico. -Explica.- Tardé poco en ello. Tengo un año más que tú, ¿recuerdas?

Abre la puerta del copiloto y la cierra cuando entro. Veo como rodea el coche y cuando entra me ato el cinturón. ¿Sabe conducir un coche? ¿Me lleva en su maldita moto sabiendo conducir en coche? ¿Es consciente que a cinco grados cuando me llevaba en moto me congelaba del frío? Suspiro y observo como arranca.

-Si hemos venido con tus padres... ¿De dónde ha salido el coche? -Pregunto confusa mientras tuerzo levemente la cabeza y aliso mi vestido.
-¿Sabías que eres una preguntona? -Me mira de reojo y enciende la radio.
-Mmm... ¿Cuántos secretos más desconozco de ti Ulises Fernández? -Digo burlona y me giro para verle.
-Tiempo al tiempo. ¿No querrás fastidiar a mis queridos parientes la comida? -Suelta una carcajada y observo lo increíblemente bien que conduce el coche.

El trayecto no es largo y no tardamos demasiado en llegar. Al estacionar el coche en el aparcamiento vi como sus padres llegaban a la vez y les esperamos. Ulises y su padre bromeaban con las suposiciones de con quién les tocaría sentarse en la mesa y la madre, caminaba a mi lado preocupada porque no había visto a Sam en la Iglesia. Sam, bueno Samuel, era el hermano de mi edad de Ulises. Por lo que siempre hablaba Ulises de él le debía de adorar aunque a sus padres les volvía locos.

La comida fue agradable. Nos tocó con los tíos de Ulises y eran personas encantadoras. Su tía no paraba de contar historias de Ulises y todas sus gamberradas. Lo que me pareció curioso mientras las contaba era el brillo que trasmitían sus ojos mientras que su voz era cercana, cariñosa hasta incluso parecía que debía adorarle mucho. No fui capaz a comer decentemente por los nervios pero cuando anunció la pequeña orquesta de que era la hora del baile me relajé. Incluso me enteré que  Ulises trabajaba ayudando a su padre de vez en cuando en el negocio familiar. Su mano agarra la mía con fuerza y le miro extrañada.

-Toca bailar, preciosa. -Dice en un susurro en mi oído y le miro confusa.
-Los novios tienen que bailar todavía. -Digo elevando una ceja y empieza a correr tirando de mi mano a una esquina de la sala. - ¿A dónde vamos? -Digo riendo y el me sonríe por encima del hombro.

Su brazo me empuja bruscamente contra una pared y arqueo una ceja. ¿Qué me estoy perdiendo? Apoya su mano en la pared  y me mira a los ojos de una manera extraña. Puedo ver el deseo en ellos. Se inclina despacio y besa la punta de mi nariz y cierro los ojos suspirando. ¡Cuánto tiempo hacía que no hacíamos cosas así! Agarro su camisa y tiro levemente de él hacia mí. La música lenta, del baile de los novios, cada vez suena más lejos y siento sus labios en mi cuello. Mi corazón empieza a latir el doble y cierro los ojos suspirando de nuevo. Nicky estás en la boda de su prima. Nicky contrólate. Sus labios empiezan a subir por mi cuello y besa la parte más próxima de mi oreja haciéndome gruñir. Mordisquea el lóbulo de mi oreja y empieza a dibujar una línea invisible de besos por mi mejilla hasta la comisura de mis labios. Mi piel se eriza y agarro el cuello de su camisa nerviosa. Cierro los ojos esperando notar sus labios en los míos...

-¿Os recuerdo que hay niños? -La voz de una chica rubia de unos veinticinco años me hace ponerme tensa.
-¿Por eso estamos aquí? -Dice Ulises sonriente y ojalá se abriese una grieta en el suelo y me precipite hacia ella. - Tranquila, sólo iba a besar a mi novia. -Dice con aires de indiferencia y nos mira sonriente antes de irse.-Era una de mis tantas primas. Tranquila, que lo decía en bromas.

En bromas y en no tan en bromas. Pero mis pensamientos son cortados cuando Ulises estrella sus labios contra los míos y me agarra de la cintura. El beso es dulce y delicado aunque me hace temblar. Le miro todavía sonrojada y sonríe para regalarme un beso en la frente.

-¿Bailamos? -Dice volviendo a tirar de mi mano.

Ulises estaba cogiendo algo para beber y alguien golpea mi espalda mientras admiraba la guitarra que tenía el chico de la orquesta. Sin duda quería hablar con él en el descanso sobre ella. Me giro curiosa y veo un chico un poco más alto que yo sonriente. Enarco una ceja y le sonrío tímidamente mientras me observa de arriba abajo.

-Menudo bombón tenemos aquí. -Dice con voz ronca. Me giro a ver si hay alguien y le saco la lengua. - ¿Quién eres y por qué no te he visto antes? -Dice riendo.
-Soy Nicky. ¿Tú? -Sonrío y abre los ojos más de lo normal y sonríe malicioso.
-Tu cuñado. -Escupe la respuesta y suelta una carcajada. - ¿Bailas?
-Emmm... Si... ¿Por qué no?- Digo sonrojándome.

Coge mi mano mientras que con la que le queda libre la apoya en mi espalda. Empezamos a bailar y me mira sorprendido haciéndome sentir nerviosa. Sus ojos son azules mezclados con pequeñas manchas marrones y me miran directamente. Sus labios son carnosos, es alto, bastante alto pero no tanto como Ulises, sus brazos son fuertes y tiene la espalda ancha. Me sorprende saber que tiene la misma sonrisa que su hermano. A simple vista, no hubiese imaginado que lo fuesen.

-Sabes, bombón. Creo que te has confundido de hermano... ¿Qué haces con el aburrido Ulises?-Dice en tono de burla y niego levemente.
-¿Qué hace un chico ligón como tú solo en una boda llena de chicas guapas? -Guiño un ojo mientras bailamos y sonríe.
-Observando el terreno. Tendré qué elegir a mi presa adecuadamente, ¿no? -Mira por encima de mi hombro y sonríe malicioso mientras baja su mano hasta la parte más baja de mi cintura.
-¡Samuel Fernández! Haz el favor de dejar de manosear a mi novia.- Suelta una carcajada y me giro nerviosa hacia Ulises. Sus ojos desprenden ira y me da un vaso sin mirarme. Le golpea el hombro y suelta una carcajada.
-Tranquilo hermanito. -Dice con voz de niño bueno.- Sólo me comentaba este bombón que se había confundido de hermano a la hora de elegir novio. -Miro con cara de horror a Ulises y este tensa su espalda.
-Maldito niño, siempre igual. -Suelta una carcajada. - Nicky, no te asustes. Sólo es un cabrón con las chicas pero en el fondo es muy ñoño. -Eleva una ceja relajando los hombros mientras me acerca hacia él. - ¿Qué te parece Nicky, Sam? -Pregunta divertido.
-Mmm... Creo que lo he dicho ya. Es un bombón. -Dice riendo y le miro enarcando una ceja.
-¿Podrías dejar de usa ese adjetivo conmigo?-Río y doy un trago demasiado largo a lo que fuese que llevaba el vaso.
-No, bombón. Te has quedado ya con ese mote, lo siento. Pero veo que eres una chica dura, ¿eh? -Dice sonriente y de repente presiento que nos vamos a llevar muy bien. Es un chico muy divertido y parece un buen chaval... Ahora entiendo porque su hermano lo adora tanto. Siento como me arde la garganta y suelto una carcajada.
-Anda, hermanito. Mira a ver si te interesa alguna amiga de la prima y piérdete. -Ulises le revuelve el pelo a Sam y sonríe. Se bebe su vaso de un trago y se lo da.- Lo dejar por ahí, ¿por favor? -Asiente y desaparece.
-¿Está toda tu familia aquí? -Pregunto curiosa.
-Sí.
-¿Y bebes alcohol?-Suelta una carcajada y desliza sus manos hasta mi cintura.
-Tengo diecinueve años, creo que sí. -Sonríe y agarro su cuello mientras empezamos a bailar al  ritmo de la música.
-¿Te da igual? -Enarca una ceja y suelta una carcajada.
-Eres muy preguntona.
-¿Y? -Suelta una carcajada y me da un beso mientras seguimos girando despacio.
-Me encantas.

En dos horas todo el mundo estaba demasiado alegre gracias a los grados de alcohol y yo ya había hablado, bailado o simplemente conocido a todo el mundo. Ulises sólo se había separado de mi cuando su hermanita le había pedido bailar con él. Mientras tanto, su madre, me había obligado a bailar con ella animadamente. Los novios se estaban despidiendo ahora mismo de todos mientras la música seguía sonando fuerte. De repente, veo a Ulises acercarse al cantante de la orquesta y estaban hablando. Cuando le veo coger el micrófono siento como mis mejillas arden y sólo pido que no diga ninguna bobada. El verdadero cantante coge otro micrófono y me tapo la cara avergonzada. ¿Qué estaba haciendo? El guitarrista empieza a tocar algún acorde  y suelto una carcajada nerviosa.

-Prepárate. -La voz de Sam me hace dar un brinco y le miro curiosa.
-¿Por qué? -Sonríe observando a su hermano.
-Tú sólo observa lo que va a hacer. -Ríe malicioso y me da otro vaso.
-Entre tú y tu hermano me vais acabar emborrachando. -Río sorprendida y asiente.
-Es nuestro plan, pero chstt, es un secreto.

Vuelvo a mirar a Ulises y me quedo paralizada en el sitio. La música la reconozco en seguida y su hermano empieza a silbar escandalosamente. Todo el mundo ríe y yo siento como mis mejillas arden mientras empieza a cantar.

Bajando por donde los garitos, 
dejándome caer por la cuesta abajo. 
He estado tan solito 
hasta que te he encontrado.

Sonrío negando levemente. Por favor, no sigas. Bájate. Deja de cantar, Ulises.

Tocando en tu telefonillo, 
me dices que aun te queda para un rato. 
Tómate tu tiempo, aún no ha anochecido, 
yo te espero en Casa Paco. 
Y qué gusto da estar enamorado 
y pasear contigo del brazo. 

Dejan de cantar los dos y Ulises coge el micrófono y camina detrás de un buffer a por algo. Coge un ramo de rosas rojas y camina hacia mí. Todo el mundo hace un pasillo y yo tengo ganas de matarle.

Traigo rosas rojas para ti, 
eres mi rincón favorito de Madrid. 

Deja de cantar y me da el ramo mientras noto como una lágrima cae por mi mejilla. No puedo dejar de sonreír y todo el mundo nos mira atentos. Le abrazo fuerte y me seca las lágrimas cuando se aparta. Vuelve a acercarse el micrófono mirándome directamente a los ojos y sigue al cantante:

Mi piel necesita tu piel, mi boca necesita tu boca, dame de beber. Y desnuditos y ya en tu cama, luz de farolas tras las persianas, vuelvo a la vida cuando me tocas, nace una estrella nueva en Atocha. Estoy loco por ti...
Las lágrimas no dejan de caer  y le miro directamente a los ojos. Por estas cosas estoy enamorada de él. Porque es capaz de hacerme sentir segura de cualquier manera o simplemente sorprendiéndome. Le da el micrófono a un chico y me mira sonriente.

-Felices setecientos treinta y tres días siendo la dueña de mi corazón. -Susurra y le abrazo fuerte.
-Deja de hacer estas cosas... -Susurro todavía llorando un poco pero sin soltarle.- Corres el riesgo de que pierda totalmente el juicio de lo enamorada que estoy de ti.

Agarro su cuello y me separo un poco. Le obligo a mirarme a los ojos y haciéndole encorvar le doy un beso dulce en los labios. Sus manos agarran mi cara y noto como alguien saca una foto pero no le presto atención. Me devuelve el beso con pasión, me agarra la cintura terminando de estrecharme junto a él y nos separamos. Apoyo mi cabeza en un lado de su cara y él besa suavemente mi cabeza. Mi corazón late deprisa, acelerado, tanto que Ulises podría sentirlo mientras le abrazo. Todo el mundo aplaude y vitorean a Ulises mientras mis mejillas se enrojecen. Sam suelta un "te lo dije" entre un repentino ataque de tos y sonrío feliz. Cómo dice la canción de Pereza "Qué gusto da estar enamorado".