¿Qué se supone que debo hacer? Las lágrimas no dejan de caer por mis mejillas y un vacío en el pecho me impide hasta respirar. ¡Malditos móviles! ¡Seré imbécil! Camino rápido hasta... ¿Dónde? No tengo carné de coche, ni de moto, ni nada. A estas horas no hay autobuses. Salgo corriendo por la gran vía hacia las afueras. Mi respiración entre cortada, mis ojos nublados por todas las lágrimas que no dejan de caer, mi corazón late demasiado deprisa y mi cabeza no deja de dar vueltas a todo lo que ha pasado en la última hora. ¿Cómo si quiera acabé besándome con Alex? Suspiro y me intento calmar. El manojo de nervios se instala en mi garganta y no puedo ni tragar saliva. ¿Qué le va a pasar? Por favor, Nicky respira.
Sin saber de dónde, quince minutos después estaba llegando al hospital. Un ambulancia estaba parada en la puerta y me quedo congelada. En mi cabeza el sonido de la risa de Ulises rebota con fuerza dejándome inmóvil en el sitio. Mi móvil vuelve a sonar y rezo porque sea Sam mientras lo busco. No puede ser... Me doy asco a mí misma.
-¿Qué quieres? -Grito molesta y oigo como suspira detrás del teléfono.
-Sólo quería saber cómo estabas... Siento lo de antes... -Su voz temblaba y la ira cada vez se hacía más grande.
-¡Por nuestra puta culpa Ulises está en el hospital! ¡No quiero volver a verte nunca! ¿Entiendes? Yo le quiero a él. ¡Aléjate de mí! -Cuengo histérica y marco el número de Sam.-¡Joder!
Camino lo más rápido posible a la puerta de urgencias y corro hasta el mostrador.
-¿Cómo está Ulises Fernández? -Le grito apresuradamente a la chica y me mira preocupada.- ¡Dígame que está estable!
Unos brazos me rodean y brinco del susto. Me giro para ver a Sam abrazándome en silencio con ojos rojos y empiezo a llorar sin decir nada. Su abrazo me está poniendo más nerviosa de lo que estaba. ¿No se habrá...? No puedo ni terminar la frase. Me aferro a su camiseta y lloro emitiendo pequeños gritos angustiados mientras siento como por sus mejillas también caen lágrimas. Su sonrisa, su voz, sus brazos, él haciéndome cosquillas, diciéndome "te quiero" cuando creía que estaba dormida, sus ojos, simplemente Ulises estaba dando un pequeño viaje en mi cabeza recordándome por qué me había enamorado de él y hasta que punto le quiero.
-Deberías tomarte un tranquilizante... -Dijo la enfermera y la miro con odio.
-¡Y tú deberías mover tu culo y ayudar a mi novio! Los brazos de Sam me tiran hacia atrás y me agarra las mejillas para que le mire a los ojos.- ¡Dime qué está estable! ¡Dilo!
-Nicky, tienes que tranquilizarte... -Dijo con voz suave y niego con la cabeza.
-¿Por qué no dices nada? -Mi voz se había quebrado por instantes...- No puede ser verdad...
Mis piernas fallan y me caigo al suelo. Llevo mis rodillas hasta el pecho y acurrucoc mi cabeza entre ellas mientras miles de lágrimas mojan mis pantalones. Sam no ha contestado... Esto tiene que ser una pesadilla. Esto no puede estar pasando.
Dos semanas después...
Hace un par de días pensé que las lágrimas se me tendrían que secar en algún momento o, simplemente, que las pesadillas terminarían. Desde aquella noche de hace dos semanas mi vida había cambiado drásticamente. No como, no duermo, no hablo con nadie... No sé hasta qué punto esto seguirá así. Creo que me estoy volviendo loca. Cada vez que camino por la calle y oigo una moto me giro esperanzada pensado que será él... Pero eso es imposible. Mamá ha llamado por lo menos quince veces entre ayer y hoy pero he rechazado todas sus llamadas. Andrea y Héctor no dejan de enviarme mensajes, de traerme comida, de intentar hablar conmigo y, aún así, no tengo fuerzas ni para contestar. A Sam le veo todos los días y eso me duele mucho. El claro parecido entre él y su hermano, por desgracia, no ayuda y también que evitamos hablar en toda costa sobre lo que pasó aquella noche. Suspiro y me vuelvo a colocar en este maldito sillón incómodo sin abrir los ojos. No encuentro necesidad a hacerlo porque sé que, cuando los abra, todo seguirá igual. Un par de lágrimas vuelven a caer de mis ojos y el frío vuelve a acompañarme. Nadie ha comentado nada pero, por lo poco que me miro en el reflejo del espejo, sé que tengo que estar hecha un asco. Sollozo silenciosamente y abro los ojos para mirarle.
Y ahí está, como desde hace dos semanas, tumbado con miles te tubos dándole la vidad que yo le quité aquella noche. Agarro suavemente su mano y le vuelvo a mirar en silencio. Siento como si hubiese olvidado el color tan peculiar de sus ojos después de verlos tanto tiempo cerrados... Acaricio su mejilla y apoyo mi cabeza en la esquina de la cama intentando tranquilizarme. Llevo quince largos días y dieciséis largas noches arrepintiéndome con todo mi cuerpo y alma por lo que hice.
-Ulises, por favor... Despierta. -Mi voz temblorosa se escaba y agarro su mano con fuerza.- Por favor, vuelve... Lo siento, lo siento muchísimo. Nunca debí hacer eso y menos tratarte como después lo hice... Esto es peor que los seis meses aquellos... -Sonreí débilmente sobre la sábana y suspiré.- Te necesito...
Y otra noche más me quedo dormida agarrada de su mano por si se despierta.
A finales de agosto...
-¡Bueno, Nicky, ya está bien! -Suspiro cansada y me obligo a mirarla a los ojos.
-Tienes que comer, salir de aquí y hablar. ¿Cuánto tiempo vas a seguir así? -La voz tranquila de Andrea me asusta.
-No quiero...
-Nicky, no actúes como una niña pequeña. Dentro de unas semanas empiezas la universidad y no has comprado ni los libros. Tómate un descanso, vuelve a casa, duchate, compra las cosas que te hagan falta y vuelve... -La voz de Sam me irrita y le miro con odio.
-¿Tanto os cuesta entenderme? -Digo cansada y los tres se callan.- Fue mi culpa, no la de él. Es lo menos que puedo hacer... ¿Qué digo? Es lo que quiero hacer.
-Has adelgazado mucho, llevas semanas sin comer nada decente y ni siquiera sabemos si duermes más de dos horas. -Dice Héctor con frialdad y agacho la cabeza.- No es tu culpa que un coche le golpease.
-Se saltó un Stop. -Digo molesta y Sam suelta una risa amarga.- Me vio besando a Alex, discutimos, le dije muchas cosas que no eran verdad y la última vez que le vi estaba destrozado. -Otra vez ese silencio.
-Él te va a perdonar, Nicky. -Dice Sam con la mirada clavada en sus pies mientras se rasca la nuca.- Un día estuve hablando con él sobre ti...
-¿Perdonar el qué a quién? -La voz de Ulises rebota en mi cabeza y mi subconsciente me golpea la frente por seguir fantaseando con su voz.- ¿Tan rápido cuentas nuestros secretos, hermanito? -Una mano rodea mi cintura y me empiezo a marear. Esto no puede ser verdad.
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