Hace dos años conocí a cierta persona que cambió un poco mi mundo. Logró que tambaleasen los muros que llevaban tiempo levantados y poco a poco consiguió colarse dentro. Ahí estás tú, dos años, veinticuatro meses, setecientos treinta y tantos días después a mi lado. Debo agradecerte ser ese hombro en el que llorar, ese lugar al que acudo cuando todo está mal, esa persona capaz de hacer el idiota sólo para que vuelva a sonreír, la persona que me grita cuando cree que mi mundo está demasiado oscuro y por ser ese que me ayuda siempre. Sé que no soy la mejor amiga del mundo, ni la más cariñosa, ni la más detallista y puede que sea la más inaguantable de todas... Pero quiero que sepas lo importante que eres para mí.
No podría explicar con palabras exactas el agradecimiento que te debo por todo lo que has hecho por mí estos últimos dos años. Seguramente estás pensando "no me tienes que agradecer nada, idiota" o algo parecido, o simplemente estés buscando uno de tus comentarios sarcásticos para contestarme pero haz el favor de sonreír y no poner esa cara. Que nos conocemos.
Ahora viene la parte en la que me voy a poner nostálgica perdida y vas a tener que soportar mi "cursilería" por un buen rato, ¿vale? Y si no vale, te voy a obligar a leerlo. Así que ya sabes, no me lo discutas.
Bueno... Como bien decía en el primer párrafo, estoy bastante frustrada. No sé qué decir, cómo y eso me saca de quicio. No me gusta tener que hablar en plan "el mundo es de color rosa, las rosas son rojas y las margaritas bla bla bla" porque me da la sensación de que desnudo una parte de mi alma y revelo los mejores secretos que guardo... Pero he estado pensando en una conversación que tuvimos hace unos cuantos días atrás. Quiero asegurarte que me vas a tener el máximo tiempo posible a tu lado. Lo prometo. No te voy a decir "para siempre" porque no tengo una bola mágica para asegurar que eso se cumpla. Esto no es una despedida, ni un ¿qué pasará? Esto es mi manera de decirte que siempre que necesites a tu mejor amiga, la tendrás. Sí, hasta los sábados a las ocho de la mañana si hace falta. Porque si tu te caes, yo me agacho y te levanto aunque me caiga en el intento. Porque sabes de sobra que me tienes para alegrarte, hacer de tus días grises escalas de colores y todos esos tópicos que se suelen decir.
No hace falta que cuente al mundo nuestra historia, porque perdería su magia. Sé de sobra que nuestras personalidades chocan a menudo y, de alguna manera, supongo que eso es lo que nos une. También sé que cualquier persona desearía tener un amigo que sea sólo la cuarta parte de lo que eres tú.
Hoy, treinta de marzo del dos mil catorce, una persona muy importante cumple dieciséis años. Sí, hablo de esa persona que está en las buenas pero es de los que más me demuestran en las malas. Porque eso es la amistad de verdad, ¿no? Compartir la alegría y llorar los dos en la tristeza. Es por eso y mucho más por lo que tengo que agradecerte.
Hace dos años, no era consciente de lo importante que serías para mí ahora. Hace dos años, empezaste a demostrarme lo mucho que te importo y a hacerme sonreír cuando no tengo motivos suficientes para hacerlo por mí misma. Me encantaría escribirte unas líneas para expresar a la perfección todo lo que te quiero y aprecio pero, mejor amigo, esto se quedará siempre muy corto para ti.
Te quiere mucho, la loca de tu mejor amiga.






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