ULISES:
-¿Qué tal están tus padres? -Dice la madre de Nicky y me sonríe levemente.
-Pues bien... como siempre.- Doy un trago a mi Coca-Cola y miro de reojo a Nicky.
-Hacía mucho que no venías por aquí...
-Mamá. -Estaba claro que Nicky no le había contado nada y me alegra el saberlo. Quizá de otra forma no me permitiría entrar a su casa. Apoyo mi brazo en el respaldo de su silla y su madre me mira curiosa.
-Ay, hija. No he dicho nada malo. -Las dos hacen la misma mueca y no puedo evitar soltar una breve carcajada. Se parecen más de lo que parece.
Nicky se levanta a llevar los platos y rápidamente hago lo mismo. Me señala a la silla y vuelvo a sentarme en ella. Sale por la puerta con los platos y su madre se inclina sobre la mesa.
-¿Vas en serio?
-¿Perdón? -La miro confuso y ella asiente.
- Si la quieres... -Suspira y me rasco la nuca.
-Más de lo que te crees. -Suspiro y suelta una sonrisa de aprobación. - No podría hacerle daño.
Esa frase no era del todo cierta. Es verdad que un día si se lo hice, pero ahora no sería capaz. Al menos, a posta. Tener a mi suegra ahí delante me hace sentir incómodo y juego con la cuchara que tengo delante. En sus ojos se aprecia el dolor y el cansancio acumulado. Siempre pensé que era una mujer fuerte, decidida, valiente. Una persona admirable entre tantas. Recuerdo el rostro que tubo hace un tiempo atrás y me doy cuenta de que no solo Nicky y yo hemos cambiado. Su madre siempre había sido una mujer risueña, capaz de dedicarte una sonrisa en cualquier momento pero ahora... Ahora supongo que no. Nicky vuelve y se sienta a mi lado esbozando una sonrisa. Nuestras manos se encuentran bajo la mesa y nos miramos como si seríamos cómplices de un asesinato. Esto me hace sentir extraño. Es algo privado, íntimo, nuestro. No sé como explicarlo pero por un momento una tranquilidad abunda en mi alma. Su mano es pequeña y hasta parece delicada.
-Bueno chicos, marcho. -Dice su madre sacándome de mis pensamientos. La mano de Nicky suelta la mía y me levanto para despedirme de su madre.
Cinco minutos después estamos los dos solos y un silencio llena el piso. Sacamos los libros y nos ponemos cada uno a hacer sus respectivos deberes. Suspiro y tenerla tan cerca no me deja concentrarme. Empiezo a jugar con los bolígrafos y la miro cómo se revuelve sobre su silla. Historia. Sabe de sobra que no necesita estudiar demasiado esa asignatura de lo bien que se le da. Sería capaz de cortarme todo lo que ha pasado en tres siglos diferentes de historia. Mi móvil suena y no sé porqué tengo este mal presentimiento.
NICKY:
Intento no escuchar su conversación y me centro en el tema de historia. No sé porque pero me resulta bastante sencillo. El examen anterior saque un nueve y no me preocupaba demasiado el siguiente que me tocase hacer. Miro por el rabillo del ojo a Ulises y veo como su cara se empieza a desencajar. ¿Qué pasa? Me giro y le miro directamente mientras clava su vista en el cenicero. Revuelve en su mochila buscando algo y saca un paquete de tabaco junto a un mechero. Se levanta y me mira mientras recorre el comedor de un lado al otro. Suspiro y empiezo a sentirme nerviosa. No entiendo nada y veo que él tampoco me va a aclarar nada de momento. Cuelga y se enciende el cigarro. Se apoya en la pared mirando a través de la ventana en silencio.
-Ulises... -Digo nerviosa y no contesta.-¿Ulises? -Se gira y me mira mordiéndose el labio. Una lágrima cae por su mejilla haciéndome sentir confusa. Da una calada al cigarro y suelta el humo nervioso.
-Mi padre... -Suspira y otra lágrima cae por su mejilla. Me levanto corriendo y me acerco hasta él. Apoya la cabeza en la pared y se revuelve el pelo.
-¿Qué pasa?
-Ha... ha tenido un accidente.
Sus ojos miran en mi dirección pero su mirada está perdida. Siento como poco a poco se derrumba y al acabar el cigarro se enciende otro. Le abrazo fuerte y siento sus cálidas lágrimas mojando mi jersey. Sabía perfectamente la relación que tenía con su padre. Sus fuertes brazos ahora han quedado despojados de la fuerza que los caracterizaba, su rostro estaba completamente desencajado y sus lágrimas gritaban a voces el miedo que sentía. Acaricio su cara mientras la acomoda en mi pecho.
-¿Qué ha pasado? -Digo en tono dulce y sus brazos me rodean. Estaba demasiado dolido sino, nunca hubiera permitido que alguien le vea llorar.
-Un... un coche se ha estrellado contra el suyo. Creen que el otro conductor... -Una oleada de lágrimas le impide hablar y le abrazo fuertemente. Necesita desahogarse hasta que no sienta necesidad de seguir llorando. Durante unos minutos se mantiene en silencio. -Iba borracho.
-¿En qué hospital está? -Cierro los ojos y siento su respiración entre cortada.
ULISES:
El dolor se había instalado en mí dejándome sin habla. Mi cabeza estaba apoyada en el hombro de Nicky y sentía como el sueño cada vez pesaba más. No dejaba de pensar en la operación a la que tenía que someterse. No entiendo como pueden pasar cosas así...
-Nicky. -Mamá entraba en la sala de espera y ella la mira curiosa.- Ir a casa, es tarde. Prometo que si nos dicen algo os llamo pero haz que descanse. Mañana va a ser un día duro para todos... Traer algo de ropa y descansar. Aquí todos no hacemos nada... -Su voz era dulce pero firme. Estaba claro que no tenía esperanzas de que contestase.
-De acuerdo. -Me levanta y me da la mano. -Vamos. Mañana cuando vengas nos dirán que todo ha salido bien. -Sus ojos me miran y muestra una sonrisa tímida. Los dos sabíamos perfectamente que ninguno iba a dormir mucho.
Al salir, Nicky me ofrece un cigarro. Ella no fuma, pero sabe que lo necesito. Suspiro y le agarro la mano.
-Por favor, duerme en casa. -Digo después de dos horas en silencio.- No puedo ir a casa solo. -Suspiro y ella asiente.
Caminamos un buen rato en silencio y la noche había caído mostrando un cielo oscuro sin estrellas. Llevaba lloviendo toda la tarde y el frío me llegaba hasta lo más hondo. Al llegar a casa nos tumbamos directamente en la cama y el reloj marca las 3. No tardo en dejar que el sueño me termine de vencer.
*Una melodía cada vez suena más cerca*
Abro los ojos de golpe y Nicky da un respingo en la cama. Cojo el móvil nervioso y es mamá. Son las cinco y media. Algo malo pasa.
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