NICKY:
Camino hacia la cafetería de la mano de Paula. Me acerco hasta la máquina de chucherías y suspiro. Me agacho hasta ponerme a su altura y veo su cara de sueño.
-¿Qué quieres cariño? -Digo dulcemente y ella se balancea sobre el sitio.
-Chocolate. -Dice y se pasa su pequeña mano por el pelo.
-Vale.
Meto el dinero en la máquina y le pulso a la tecla. La barrita de chocolate cae y Paula no tarda ni dos segundos en cogerla y abrirla. Me da la mano y volvemos a la sala de espera. Cuando estamos llegando veo a Ulises abrazado a su madre mientras la seca las lágrimas. Paula me tira del jersey y la miro.
-¿Por qué mamá llora? -La pregunta me pilla de sorpresa y me agacho a su lado.
-Mamá está triste... Deberías ir a darla un beso y un abrazo. Al "tato" también.
Me mira confundida y sale corriendo para tirarse en ellos. Me duele que no sea todavía lo suficiente mayor como para poder entender que es lo que pasa al rededor. Vuelvo a la cafetería y compro unos cafés. Cuando me dirijo a la sala de espera veo a los abuelos de Ulises llorando y un escalofrío recorre toda mi espalda. ¿No habrá...? Aparto el pensamiento de mi cabeza y camino hasta llegar. Veo a Ulises sentado al lado de su hermana con una lágrima cayendo por su mejilla. Me acerco y los dos me miran. Ulises articula algo con la boca que no logro entender y me abraza. Le doy un beso en la frente y me agarra más fuerte. ¿Qué ha pasado aquí? Cojo un café y le doy un sorbo corto.
-Tengo que ir a casa con Paula.-Dice suspirando mientras asiento.
-Te acompaño.
-Nicky, se acaba la evaluación en breve, no te la juegues. -Su voz era ronca y dura.
¿Y? Te recuerdo que no bajo del 8 en ninguna asignatura, Andrea me puede pasar los apuntes y respecto a las faltas da igual. -Digo y apoya su frente en la mía.- ¿Quieres estar solo con ella? -Niega moviendo lentamente la cabeza y sonrío como puedo.- Pues no hay nada más que hablar.
-Gracias...
-Pero, ¿ha pasado algo? -Digo con voz temblorosa mientras veo como suspira.
-Se puede quedar paralítico... -Susurra en voz baja y cierro los ojos.
-¿Se puede? ¿Aún queda una posibilidad de que no sea así? -Suspiro y un poco de esperanza se le dibuja en la cara.
-Es complicado pero si... -Dice con una sonrisa.
-¡Eso es bueno! Hace menos de veinticuatro horas pensabas que no le ibas a volver a ver. ¡Alégrate! -Le abrazo y sus manos rodean mi cintura.
-Te quiero... -Susurra y le doy un beso fugaz en los labios.
-¿Dónde tenéis el ketchup? -Miro en un armario, dudosa, sin ver nada parecido a un bote de ketchup. Camino hasta el baño y veo a Paula subida en un pequeño taburete mientras Ulises le desenreda el pelo. Me apoyo en el marco de la puerta y le observo. Cualquiera que no supiera de la existencia de esta niña, no se creería que tenga esa actitud. Me mira y sonrío como una imbécil.
-¿Necesitas algo? -Dice mientras sonríe como puede.
-¿La sirenita, Aladdin o Cenicienta? -Digo y él se empieza a reír.
-Y, ¿Blancanieves? -Dice divertido.
-Yo quiero ver a Tiana. -Paula nos mira y los dos soltamos una carcajada a la vez.
Una hora después Ulises lleva en brazos a Paula hasta la cama, la acuesta, la arropa y le da un beso en la frente. Su móvil empieza a sonar y veo en su cara la preocupación reflejada. Una sonrisa se dibuja en su rostro tras responder y me acerco despacio. Cuelga y me coge en brazos. Todo vuelve a la normalidad.
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SEIS MESES DESPUÉS...
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ULISES:
El día decisivo a llegado. Todos los estudiantes de segundo de bachiller están ansiosos esperando las notas de Selectividad. El verano está a punto de empezar, el calor se siente, la ropa de verano está por todas partes y yo, debo ser el único al que no le preocupa la nota. Saco del bolsillo un paquete de tabaco del cual cojo un cigarro. Lo enciendo y doy una calada. Una bocanada de humo me rodea y comienzo a caminar. Me acerco a la orilla del río y cierro los ojos. Un suspiro se me escapa y los nervios ocupan cada parte de mi cuerpo. Hace dos semanas que no la veo. Un nudo en la garganta me deja casi sin aliento y vuelvo a dar una calada al cigarro. ¿Qué estará haciendo?
Sin darme cuenta empiezo a recordar todo lo que ha pasado este año. Es increíble lo rápido que se pasa un curso. Para cuando te quieres dar cuenta vuelve a ser junio, el sol vuelve a brillar emitiendo calor, los pantalones cortos, los días de piscina, los días sin tener que madrugar,... vuelven. Las discusiones, los reencuentros, los sentimientos, los miedos, el estrés, los exámenes, los viajes, la rutina... En mi cabeza no paran de aparecer y desaparecer momentos. ¿Cómo ha podido pasar tanto tiempo desde aquella tarde en la nos encontramos? Sigo fumando tranquilamente apoyado en la barandilla y suspiro. Ni siquiera sé que voy hacer en cuanto acabe el verano. Necesito nota para entrar en la universidad y poder cumplir mi sueño. Suspiros y más suspiros. ¿Qué me pasa? ¿Qué a cambiado? Miro mi muñeca y empiezo a jugar con la esclava. ¿Estará pensando en mí o no? Hoy es su cumpleaños y, aunque casi no hablamos la he pedido que quede conmigo. Tiro el cigarro y lo piso. Miro el lado contrario del río y sonrío sin saber por qué. Unas manos tapan mis ojos dejándome aspirar el olor a un perfume que es muy familiar para mí. Siempre acabaría encontrando este olor por muy leve que fuese. Una pequeña risa llega a mis oídos y me hace reír también. Me giro y siento como mi corazón se acelera. La curva más perfecta está dibujada en sus labios llamándose sonrisa. Acerco mi cara hasta su oído y en un susurro digo "Felices dieciocho años, Nicky." con una voz muy ronca. Aparto su pelo y le doy un suave beso en el cuello haciendo que su piel se erice. Humedezco mis labios y le doy otro en la comisura de sus labios. La miro a los ojos contemplando ese verde esmeralda, hasta que rompe la distancia para situarse a escasos centímetros de mis labios. Agarro su cintura y la estrecho hacia mí sintiendo su aliento en la cara. "Ahora es dónde cortaban la película, ¿no? Donde salían los espectadores del cine y los lectores cambiaban de libro...." Digo con una sonrisa pícara en la cara y ella asiente.
-Hace cinco meses, dos semanas y cinco días me dijiste que no sabías que iba a pasar con nosotros. Que las historias de amor que nos hacen enamorarnos acaban tras la declaración de amor. ¿Recuerdas? Hace tres años te besé por primera vez y sentí que podía llegar a comerme el mundo de tu mano. Hace seis meses y medio nos encontramos por casualidad. Hace un año cometí un error. Que vueltas da la vida, ¿eh? Hace quince minutos me estaba volviendo loco por verte... Este curso he aprendido muchas cosas y casi todas a tu lado. Menuda mariconada estoy soltando. -Se ríe y la acerco más.- He aprendido a enamorarme todos y cada uno de los días de ti por cosas tan simples como cuando te muerdes el labio, tus moños improvisados, tu sonrisa por las mañanas, mi camiseta haciendo de pijama... No sé exactamente que quiero decir pero, a la vez, quiero abrirte mi corazón. Quiero recordarte que llevo tu nombre grabado a fuego en mis huesos, que mis latidos se aceleran cuando te tengo a esta distancia, que un nudo en mi garganta se instala cuando te vas. Te necesito a ti, con todo incluido. Siendo la cuerda que me sostiene y a la vez, me ahoga. Siendo la causa de mi sonrisa y mi punto débil. Despertándome por la mañana enredado en tu cintura.
-Para. -Su voz me sorprende. ¿Qué la pasa?
-¿Por qué? -Digo mientras mi respiración se altera.
-Quiero decir algo. -Parpadea un par de veces y me veo reflejado en sus ojos.- Yo te voy a decir que va a pasar. Tendrás alguna locura de plan para hoy, que yo estaré encantada de hacer porque es junto a ti. Está noche la luna se morirá de envidia porque pienso contar todos los lunares de tu espalda y no las estrellas que brillen en el cielo. Me pasaré el verano enredada en tu cuello mientras planeamos mil y un locuras más. "Si yo, tú" ¿Recuerdas? Esa canción fue la primera que me dedicaste. Caeremos, tropezaremos, nos mataremos pero siempre juntos. Ahora la cursi soy yo, la que está prometiendo cosas que son muy serias pero es lo que mi corazón me dice ahora mismo. He llegado a enamorarme hasta de tus gritos, tus enfados y tu larga lista de manías.
-Juguemos a un juego. -Digo sin pensar.
-¿Qué? -Carcajea y niega con la cabeza. - Destrozas mi precioso discurso... ¿para jugar?
-Si. Cierra los ojos. -La digo y obedece. Poso mis labios contra los suyos y enrolla sus manos en mi cuello.-No me beses. -Digo sin despegar sus labios de los míos y ella vuelve a obedecer.- Saborea el momento. Tú, yo,... a esta distancia. -Siento como deja de respirar un par de segundos y veo como su piel se vuelve a erizar.- Esto, esto es lo que me da fuerzas. -Le doy un beso en el labio inferior y ella no responde.- ¿Quieres jugar?
-Si.
-Es muy sencillo. Sólo tienes que besarme pero con una condición. -Abre los ojos y me mira arqueando una ceja.- No puedes volver a dejar de hacerlo.
La chispa que tres años lleva despierta en el fondo de nuestros corazones ahora mismo ardía casi, o tan fuerte, como el éxtasis que resultaba esto. A pesar de haber pasado tanto tiempo dedicándome a sus besos todavía no sabría definirlos. Cada uno era diferente pero me causaban el mismo sentimiento. Se aparta y veo en sus ojos un brillo especial que sólo era para mi. Sin apartar la mirada de sus ojos, saco con cuidado lo que llevo en el bolsillo. Con la otra mano cojo la suya y le doy la vuelta. Pongo lo que había sacado anteriormente del bolsillo y una sonrisa traviesa se dibuja en mi cara.
-Antes de que te asustes, de que me quieras matar, antes de tener ganas de gritar... Escúchame. Esto sólo es una de mis locuras, ya sabes, pero necesito saber si serías capaz de cumplirla. Simplemente quiero hacer esto, aunque mis padres me matarán, aunque no es como había imaginado, aunque pienses que he perdido completamente la cabeza... -Abro la palma de mi mano dejando caer en la suya el contenido. - Sólo te quiero a ti.
Primero abre los ojos exageradamente, después me mira con la boca abierta. A continuación, pestañea varias veces y vuelve a mirar su mano. Sonrío satisfecho y ella me mira sin salir de asombro. En efecto, un anillo ocupaba un pequeño espacio de su mano. Pero no era un anillo de matrimonio, no era un anillo que se regalan las parejas por cualquier motivo. Simplemente con ese regalo estaba haciendo una promesa que hasta hoy, estoy cumpliendo. Hablo de lo que un día hable con mi padre, de todas las cosas que le había dicho. De soñar despierto.
-¡SIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII! - Grita y salta en mis brazos. ¿Qué?- ¡CLARO QUE SI! ¡TE QUIERO MUCHO! - Sus labios no me dejan articular palabra porque para cuando reacciono me están besando toda la cara. - Escapémonos, esta noche. Hagamoslo y que sea nuestro secreto. ¿Qué mas da? Si yo te quiero y tú me quieres, ¿qué importa todo lo demás? -La miro sorprendido y creo que me he perdido algo.
-¿Qué? -Digo algo nervioso y ella me abraza fuerte.
-Es una locura... ¿Por qué no? -Dice y se empieza a reír.- No tiene ni porque enterarse nadie. ¿Qué te parece?
-¿De qué?-Digo con una sonrisa en la cara y ella se empieza a reír.
-Casémonos en secreto.
Y esta vez, la locura fue de ella. Pero dicen que en la locura siempre se esconde un poco de cordura. Yo sentía ahora mismo un mareo impresionante pero, no podía decir que no. Nuestra relación era nuestra gracias a todas estas locuras que nos caracterizan. A ser impredecibles hasta para el otro. Puede que sea un error, que sea demasiado pequeño pero... Joder. Es una simple locura. Nadie tiene por qué enterarse. Estaba totalmente perdido... por ella.
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