Por muy corta que sea la vida quien pisa fuerte, deja huella.
miércoles, 13 de noviembre de 2013
"En tus labios" Capítulo 8.
Lunes, siete y cuarto de la mañana. Varios despertadores suenan a la vez en diferentes casas. ¿Quién no odia un lunes por la mañana? Es el día en el que más se nota la depresión en el ambiente. Para los estudiantes, es el día en el que nos tenemos que poner al día con todas las cosas que han ocurrido durante el fin de semana. Me levanto de la cama y camino hacia la cocina. Preparo un café y le pongo tres de azúcar, que para amarga ya está la vida. Suspiro y miro a través de la ventana. Llueve. Me bebo el café de un trago y voy al baño. Me ducho rápida y me visto. Unos vaqueros, una camiseta negra lisa de tirantes, un jersey azul con cuello en pico, chaqueta de cuero lisa con cuello ahumado y botas negras. Un poco de colonia y me desenredo el pelo. Vuelvo a mi habitación, cojo el móvil, las llaves y la mochila. Bajo por las escaleras y camino hasta el final de la calle. Me siento en un banco y espero a que Héctor llegue. Héctor es mi mejor amigo desde preescolar y a día de hoy, es como mi hermano. Le veo de fondo caminando con paso seguro, despacio y sonriente. Parece que ha empezado el día bien contento. Su mochila cuelga de su hombro izquierdo y la chaqueta roja que lleva le sienta genial. Que buen gusto tengo para los regalos. Esbozo una sonrisa y cuando está a menos de cinco metros de mí, mi móvil vibra.
Ulises: ¿Sigues teniendo inglés a las 3?
Yo: Si. ¿Pues?
Ulises: ¿Te llevo?
Yo: Vale.
Ulises: Luego te veo, te quiero nena.
Yo: *Emoticono con forma de corazón*
-Buenos días, Nicky. -Dice alegre y me da un beso en la mejilla. - Habla. Llevas desde el viernes sin dar señales de vida, ¿qué ha pasado? -Dice mientras me agarro a su brazo.
-Mmmm... Nada. -Digo y una risa nerviosa se me escapa.- ¿Pues?
-Venga ya, todo el mundo lo sabe. ¿Qué narices haces con tu vida? ¿Has olvidado ya lo que pasó? -Dice de manera arisca y suspiro. No tengo ganas de broncas un lunes a las ocho menos cuarto de la mañana.
-Déjalo. Ahora no me apetece oír el sermón. -Digo indiferente y me mira extrañado.
-No es un sermón. ¿Cómo es posible que hace más de tres meses que no sepas nada de él y de repente volváis? -Dice con preocupación.
-Me lo encontré el viernes y fuimos a tomar algo...
Y hasta llegar al instituto no paró de hacerme preguntas. Cuando bajamos las escaleras para entrar a clase, todas las chicas hicieron lo mismo. Estaba claro que el fin de semana más entretenido fue el mío. Las horas se me hacen eternas y a las dos, por fin, el timbre que anuncia el final del día suena. Vuelvo a casa y mamá ya ha llegado. Al abrir la puerta voy corriendo a abrazarla y a preguntarle que tal todo. En su cara veo el cansancio, el agobio y el estrés. Comemos juntas y a las tres menos cuarto me empiezo a preparar. Bajo a menos cinco y me siento en el escalón del portal. Una moto aparca enfrente de mí y me levanto. Se quita el casco y me da un beso.
-¿Qué tal el día, preciosa? -Dice y me ofrece otro.
-Entretenido... y, ¿el tuyo? -Digo mientras miro al suelo y suelto una carcajada.
-Más de lo mismo. -Reímos a la par y me mira travieso. -Lo sabe todo tu instituto, ¿verdad?
-Si, ¿cómo lo sabes? -Le miro y sonríe pícaro.
-Porque en el mío también.
Monto en la moto y me lleva hasta la casa en la que doy clases de inglés. Me dice que a las cuatro me espera y que vamos a tomar algo. La hora se me hace eterna mientras le explico el uso del "Present Continuos" al niño. No hay manera... Mira que es sencillo. Pobre de mí el día que tenga que explicarle el "Present perfect continius". Suspiro y tras un par de ejercicios la hora termina. Le doy un beso al pequeño y bajo. Como me había dicho, ahí estaba esperando. Le sonrío y monto en la moto.
Al de diez minutos ya estábamos en la Gran Vía. Entramos en una cafetería y tomamos un par de cervezas. Al salir, me pide que le acompañe a una tienda.
-¿Quieres comprar algo aquí? -Una tienda llena de piercings, colgantes, dilataciones y pulseras no era un sitio al que pensaba que Ulises iría.
-Sí. -Nos acercamos al mostrador y me pide que escoja una pulsera. Escojo una plateada, sencilla y con aspecto de esclava. Le miro algo confusa y me sonríe.Pide dos y su sonrisa torcida me da miedo. Algo está tramando.
-¿Te acuerdas cuando se te ocurrió qué querías regalarme una esclava por nuestro año? -Asiento levemente y empiezo a enterarme de qué va el asunto.- Pues es hora de que tengamos una cada uno y es así como quiero demostrarte que esto es de verdad, que está vez todo va a ir bien. -Dice mientras me mira.- La clave está en ponérnoslas y no quitárnoslas pase lo que pase. ¿Qué te parece?
Me quedo en silencio un par de minutos mirándole. Mi cara debe ser un poema porque no deja de reírse. ¿Esto que es? Parece una alianza de boda. Siento pánico y asiendo dudosa. ¿Cree que está es la forma? Si sé algo de él es que si tiene algo en la cabeza, es difícil que no lo consiga. El chico del mostrador me toma la medida de la muñeca y nos pregunta qué queremos grabar.
-¿Has pensado algo? -Digo después de un silencio casi eterno.
-Pues... no. -Dice revolviéndose el pelo de la nuca con la palma de la mano.- Tengo un par de cosas pero son demasiado "ñoñas" como para decirlas en alto. -El dependiente y yo soltamos una carcajada y se sonroja.
-Ah, muy bien. -Digo entre risas.- Así este chico nos las grabará para... ¿nunca? - Le doy la mano y sonríe tímidamente.
-Es que... mi reputación está en juego. -Dice con tono vacilón.
-Chico, tu reputación termino de existir el día que me pediste ser tu novia. -Reímos los dos recordando el momento y el dependiente deja de prestar atención.-A ver, suéltalo ya. ¿Qué tenías pensado?
- ¿"Quién lo siente, lo sabe"? -Dice en un susurro y niego con la cabeza.
-Es una esclava, tiene que ser algo más corto.
Dos horas después llego a casa y empiezo con mis deberes. A las nueve salgo de mi habitación y ayudo a mamá a preparar la cena.
-¿Y esa pulsera? -Dice mientras agarra mi mano y siento como mis mejillas arden. -¿Quién te la ha regalado? -Dice con cara de mala pícora y sonríe.Intento quitar su mano de mi muñeca pero es un intento inútil.- Así que en tus labios, ¿eh? -Carcajea nerviosamente y pido a Dios, al Papá, a los curas de mi colegio, a la madre Naturaleza, a Zeus, a todo ser poderoso que haga que la tierra me trague en este preciso instante. Gira la esclava y lee el nombre de Ulises. Sus ojos se abren como platos y suelta un "Ohh..." casi inaudible. -¿Habéis vuelto? -Asiento levemente y ella simplemente sonríe.- Ese chicos siempre me ha gustado. A ver si esta vez todo va mejor. -Sonríe por última vez y deja el tema.
Me estaba imaginando a Ulises comer con mi madre, mi hermana, mi cuñado y conmigo una paella el Domingo. Mañana toda la famila sabrá que tengo novio.
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ULISES:
-¿Qué tienes ahí, hijo? -Me dice mi padre mientras le ayudo a arreglar la puerta de un armario.
-Ah, nada. Una pulsera. -Digo indiferente.
-Últimamente te veo más feliz de lo habitual... -Dice con una sonrisa en la cara y yo no puedo evitar soltar una carcajada sonora.- Hay una chica... ¿verdad? -Dice y asiento. Siempre he podido confiar en él para todo. Sonará extraño, pero con el paso del tiempo he cogido mucha confianza con mi padre hasta el punto en el que le puedo contar cualquier cosa.
-Sí, hay una chica... -Digo mientras le paso un tornillo.
-¿Quién es la afortunada? -Empieza a atornillarlo y yo le observo.
-Nicky... -Digo en un susurro y el destornillador se le cae de la mano. Se gira y me mira sorprendido. Él sabía perfectamente que pasó.
-No la vuelvas a hacer daño, hijo. Si te da una segunda oportunidad es que te quiere de verdad. -Dice en tono tranquilo y me sonríe.Asiento y una duda aparece en mi mente.
-¿Qué has llegado a sentir por mamá? -Le digo y se sienta a mi lado frotándose su frente con la parte superior de la mano.
-¿Qué sientes tú por Nicky? -Dice mientras da un sorbo a su Coca-cola.
-Va a sonar muy cursi, pero bueno... intentaré decirlo. El viernes cuando la volvía ver se me cayó el mundo encima. Miles de recuerdos golpeaban mi mente y un nudo se me formó en la garganta. Volví a sentir todo lo que un día sentí por ella y me negué en aceptar. Me quedé inmóvil y lo único que deseaba era volver a tenerla en mis brazos. Mimarla, sorprenderla, enamorarla... ¿Sabes a lo que me refiero? Hablo de necesitarla conmigo, a querer enamorarla todos los días, a ser al que recurre, aquel por el que sonríe cuando se acuerda de algo... Y cuando la vi, juro que me dolió hasta el corazón. La duda de saber si otro ya era el que hacía todo eso me mataba. Quería ser su primer y último pensamiento. Papá, esto me viene grande. ¿Por qué no he podido pasar página? Me he pasado seis meses buscando algo parecido a ella y... -unas lágrimas asomaban por mis ojos y suspiro nervioso. - Está vez quiero hacerlo bien.
-Hijo... -Me abraza y luego me revuelve el pelo.- Eso mismo sentía yo por tu madre... De lo que hablas es amor puro. ¿Te acuerdas cuando te dije que te ibas a arrepentir? -Dice de manera dulce y asiento levemente.- Tienes suerte de que esa chica es tan increíble como dices. Cualquier otra ni te hubiera mirado... Cuídala. Y no tengas miedo por lo que te voy a decir...-Se queda en silencio y le miro expectante.- Estas enamorado.
Nadie sabe lo que soy capaz de hacer, nadie sabe lo que yo sé. La escena de ayer en el parque fue muy bonita... ¿Pero cuánto les durará a estos dos el amor? Jajajajajaja. Me río con motivos. Él es un cabrón y eso es así, no lo podrá cambiar nunca. Pobre Ulises... No sabe lo que le espera.
(Pensamientos de un anónimo)
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