Tú:
Últimamente no haces nada más que suspirar Ane. No te sale nada bien. Estás todo el día aguantado al imbécil ese y pensando la manera de no cruzártelo. ¿Qué pasa que no hay más calles que en las que estás tú? Sales de ensayar y allí está, sales de entrenar y entra él. Vas a casa y su trayecto a la suya coincide con el tuyo. Entras al bar y están él y sus amigos. Hay que decir verdad que esto no es tan grande, pero esto parece acoso. Vais a pasar el día a la ciudad, a comprar ropa y a ver una película y allí están. Que feliz te hace, y ríes con ironía. Recuerdas el día que te pegaste con aquella chica porque habló más de lo que debería y que él no dudo en separarte de ella. Si hasta te acorraló contra una pared para que no siguieses. También recuerdas el día que le tuviste que llevar a casa abrazado porque no era capaz de andar recto. O el día que se te pinchó la rueda de la bici y te tubo que llevar en moto hasta tu casa. La verdad es que le ves más a él que a tus propios abuelos. Que calvario. Pero, ¿qué quiere de ti? Te ríes divertida al recordar las caras de todos incluyendo la de él. Que irónico todo. Si hasta le tuviste de profesor de matemáticas. Mientras él te miraba entretenido como estabas desesperada por entender las malditas ecuaciones de segundo grado o te hacías un moño para que no te caería el pelo en la cara tú le sacabas de quicio haciéndolo todo más complicado. Te paras en seco en ese recuerdo. Hay algo que entonces no entendías y ahora sí. Tu piel se erizaba, se te ponían los pelos en punta cuando él se ponía detrás tuyo y su cabeza estaba encima de tu hombro para poder ver que habías escrito. De lo malo malo, aprobaste el examen.
Él:
Te miras al espejo y suspiras con una medio sonrisa en la cara. Acabas de recordar lo difícil que fue enseñarla las malditas ecuaciones. ¿Cómo puede complicar tanto todo? Suspiras. Estás cansado de tener que hacerte el encontradizo con ella. Sales a la calle y vas con tus amigos a los bares para ignorar a todas las chicas que se te acercan y te quieren conocer. ¿Qué te pasa amigo? ¿Por qué ya ni las miras? Recuerdas aquella fiesta en la que te besó delante de todos tus amigos y de todas las chicas que había en aquel local. Como la odias en este instante. Te tumbas en la cama y metes un puñetazo al colchón.Maldita Ane. Luego recuerdas cuando deambulaba por la calle de noche sola hasta casa y se le acercaron unos tíos con muy malas pintas y cómo te encaraste a uno por ella. ¿Qué te pasa? Piensas en el momento que ella tenía el labio partido y no podías evitar mirarlo cuando la separaste de aquella imbécil. No sabes que la pudo decir pero no te crees que ella reaccione así por nada. Analizas cada uno de los recuerdos poco a poco. Te topas con uno que te llama la atención y te detienes en él. La primera vez que la viste durmiendo. Estaban acampando ella y sus amigas pero sólo ella se había ido a dormir. Entraste en la tienda de campaña y te costó despertarla. Sólo querías verla enfadada. Que guapa está cuando se enfada. Además su voz se vuelve aguda y te grita mucho. Te ríes al recordar como te quería matar cuando la tiraste una botella de agua. Más recuerdos. Otro beso. Esta vez se lo diste tú. Estaba de espaldas con el móvil en la mano. Le apartaste el pelo desde atrás y se quedó inmóvil. Ahí todavía eras tú. Recuerdas sus manos delicadas intentando tocar una canción con la guitarra y sonriendo. Ese día estaba deslumbrante.La viste pequeña y siendo toda una chica dura. Ahí fue cuando te diste cuenta que te volvía loco y todo porqué ella no te prestaba atención. Recuerdas ese tío que la pidió el número de teléfono delante de ti y lo celoso que te sentiste. ¿Qué te había hecho?
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