No todo lo que duele es físico. No todo lo que quieres es material. No todo lo que ahoga, rodea el cuello. No todo lo que estudias sirve para el futuro. No todo lo que escuchas, es lo que piensan los demás. No todo es dulce, hay cosas agrías. No todo lo bueno dura. No todo lo doloroso perdura en el tiempo. No todo lo que deja marca, se ve.
Hay cicatrices que duran demasiado tiempo que llegan a pasar desapercibidas a los ojos del resto. Hay ilusiones que son falsas y esperanzas que se pierden. No damos valor alguno a los sentimientos hoy en día. Suena triste, pero en realidad es peor de lo que parece. Hemos llegado a un punto en el que tener sentimientos es un problema que hay que resolver. Desde que está mejor visto ser un insensible, las personas evitamos demasiado los sentimientos. Es más fácil callar a tu corazón que a escucharle detenidamente y eso significa construir un muro que nos separa de los demás. No obstante, él sigue hablándonos continuamente y avisándonos de cuando algo puede hacerse fuerte, cuando tu mente empieza a perder el control en la situación y es ahí cuando nos cerramos en banda ante él. Porque es más fácil ser un cabrón de manual que ha enamorar a la misma persona todos los días.
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