En ese mismo instante, él está tumbado en su cama mirando el techo recordando todos y cada uno de los besos que ella le regalaba.
Se podría decir que los dos se mueren por verse, por hablarse, por mirarse, por sentir el calor del cuerpo del otro...
En este mismo momento, ella suspira y una sonrisa se le dibuja en la cara.
En ese mismo instante, él sueña con volver a besar su sonrisa.
Lo que no saben ninguno de los dos es que con una simple muestra de interés pueden hacerse las dos personas más felices de este mundo.
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